7 mar. 2013

¡Se murió Chavez! Carta al Embajador de Venezuela en Uruguay

Señor Embajador
y demás funcionarios de la Embajada y Consulado de Venezuela en Uruguay:


Quiero manifestar a Uds. mi gran solidaridad en ocasión del acontecimiento  de la muerte del Presidente Chávez.
Cuando en el lejano 1955 yo llegué a Venezuela, a mis 26 años,  traía conmigo las esperanzas de todos los jóvenes. Pero traía también el tristísimo recuerdo de los tremendos años de guerra. Años en los cuales se cree en algo, y se cree con entusiasmo, y en la fogosidad juvenil se es capaz de dar la vida por ciertos ideales.
El adolescente de esa época, en toda Europa, tuvo la influencia inmensa de las realidades políticas que fueron Mussolini, Hitler, Stalin, Franco, Pio XII. Según los países europeos, eran personajes idolatrados u odiados. Y como casi siempre sucede, cada cual estaba convencido de encontrarse en lo correcto. 
Vino el final de la guerra.  Y con el final de la guerra se cayeron todos los antiguos ídolos. Es tremendo, señor embajador cuando en la adolescencia te dicen que las personas a las cuales creías como superiores intachables y casi geniales, eran nada más que delincuentes.   Como si alguien te espetara en la cara que tu madre es una asquerosísima prostituta. Se cae el mundo. Pero el joven es joven y al fin trata de sustituir ídolos destrozados por otros nuevos, que supone ciertos, verdaderos, justos, y en los cuales creer y adorar.  Y las mayorías de los jóvenes como yo, mismo ambiente y misma preparación de liceo,  nos enamoramos de  la estupenda nueva experiencia socialista en la Unión Soviética.
Quizás el hombre necesite creer en algo, enamorarse de algo.
 Hasta que, al poco tiempo, intervino otra decepción: los tanques soviéticos en Hungría,  la primavera de Praga. 
Y uno dice: ¡Basta!
 Y desde entonces no quise en absoluto ocuparme de política, ni en escala nacional ni internacional.    He tratado  de mirar los hechos políticos con la mirada fría del espectador, o quizás del estudioso,  pero nunca más con el calor del participante. 

 He apreciado mucho al Presidente Chávez. Vi por primera vez  a ese joven militar aquel día del fallido golpe, cuando ordenó a sus partidarios  que “POR AHORA”, se quedaran tranquilos. Debo confesar que en aquella ocasión sentí cierta intranquilidad. Pero al mismo tiempo, y es de verdad muy cierto, sentí que  algo había que cambiar  en Venezuela. Y quizás ese joven militar podría hacerlo.
Obviamente no se puede estar de acuerdo con nadie al 100 %,  pero si reconozco en él un personaje  de peso y el  más importante de América latina de estos últimos 15 años. Y yo, cómo ciudadano de Venezuela,  espero  en los próximos tiempos se mantengan y mejoren los aciertos, y que se corrijan los desaciertos.

Aldo Macor

2 comentarios:

Equinox Fin de Semana dijo...

Felicito tu sinceridad, un abrazo

Carmen Palmieri dijo...

Me gustó. Lo decís todo -antes, ahora y después- sin rasgar vestiduras.
Besitos para ti.