1 jun. 2015

2º EDIC.ESP- 11/100 SALOMON Y LA REINA DE SABA


   11/100                     SALOMÓN



Salomón fue el tercer y último rey de Israel. Hijo del gran David,  y de su esposa, la adúltera, hermosa Betsabé.
Heredará de su padre un imperio enorme, desde el Nilo hasta el Éufrates. Pero como pretendientes a la herencia  había un montón de hermanos y medios hermanos,  que se “idolatraban” entre sí,  producto de la virilidad de David y las costumbres de los tiempos.
 ¿Qué  sucede a menudo entre hermanitos? Que se pelean.
 Así que cuando el  ex lindo y gentil   pastorcillo de cabellos dorados  también se habrá convertido en un viejo encorvado arrastrando pies  y palabras y casi  a punto de morirse, a fin de no contradecir la tradición en su próxima muerte, se formarán dos partes. Por un lado Afonías, apoyado por Joab y Abiatarre;  y por el  otro  lado Salomón quien era el favorito para suceder y ya  elegido por  David  y su amada esposa Betsabé. Ganó Salomón quien  eliminó a los hermanos pretenciosos.
 Pero, por curiosidad, vamos a ver con más detalles lo que sucedió entre  hermanos en la dulce tierra de Israel en el año 1000 antes de Cristo. Eran hermanos, ciertamente, pero hermanastros,  de madres  diferentes;  a pesar del gran  amor de David por Betsabé.
El hijo mayor, el  teóricamente destinado al trono por la  primogenitura era Amón.  Pero él quería, o lo quiso la mala suerte o la diosa Afrodita o el mismo Señor, que  Amón  se volviera deseoso de  su media hermana, la bella y voluptuosa Tamara. Èl la quería poseer y satisfacer sus deseos. A toda costa. Y la obtuvo violándola.  Después de satisfechas sus bramas, ya exhausto,  llamó  a sus sirvientes para que la  echaran de su habitación.  Todo como un  perfecto caballero.
La pobre Tamara, violada y tratada tan vergonzosamente, corre llorando su desgracia donde  su hermano Absalón. Este,  ofendido y dolorido, en plan de vengador decide mandar a matar de inmediato al medio hermano violador.  Tal vez fue también una buena  excusa para deshacerse de un fuerte aspirante al trono de David. Pero al fin de cuentas, aun que por el honor de la hermanita violada  o por  frío calculo político, siempre se trataba de fratricidio. Así que, siguiendo  escrupulosos la tradición del ojo por ojo, los hermanos del hermano muerto decidieron  matarlo a èl también.   Amón  trató de fugarse. Se dio a la fuga...pero,   cansadísimo por la dulce y terrible empresa con la hermana,  al correr  en la huida desordenada  fue traicionado  por su hermoso cabello largo que se le enredó en unas ramas. Allí mismo,  alcanzado por los hermanos vengadores,  cuchillos en la mano,  se cayó en un baño de sangre.    Dos muertes para violar a  una bella hermanita recalcitrante.
Y así, de paso, se mantuvo camino libre para la sucesión  otro hermano, Adonías.     David, enterado de eso, y de las  aspiraciones al trono de  èl, sigue  prefiriendo a  Salomón. No se sabe si porque él era hijo de su amada  Betsabé o porque lo considerara  el más apto para gobernar. Así que el viejo, pero todavía lucido  David  lo nombró rey, a toda prisa, sin esperar a ponerle el título después de  muerto.
 Se formará un gran lío.  Y como detalle para complicar las cosas  habrá también la historia  una muchacha  linda para calentar  las frías noches del viejo rey David; pero, como dicho, eso es un  detallito y no importa mucho.
 El hecho importante es que para  restablecer  el orden, necesario en cualquier estado, el sabio Salomón mandó a matar al  hermanastro Adonías y  se terminaron peleas e discusiones. Vino el orden.
 Y Salomón, sabiamente, llegó a consolidarse como  único indiscutido heredero de la corona. Y, por supuesto, todo ello con la aprobación de Jehová.  Comenzó  así la era en que todo le estaba permitido.
Hubo muchas novedades con este famoso Salomón.  Poco a poco, siempre más sabiamente,  fue capaz de aumentar las características de esplendor de corte de su padre que  ya había ampliado bastante  los límites del reino; no quería ser de meno, y no  lo fue.  Inclusive  fue más allá. Y siguió  en la tentativa de modernizar  las tribus de Israel.
La corte de Salomón se parecía siempre más a las  refinadas  cortes orientales  y hasta las superaba. Él mismo era una persona culta y educada y su reputación nos lo presenta  como el autor de la mayoría de los Proverbios y del bellísimo y sensual Cantar de los Cantares. 
Este hermoso poema dio muchos dolores de cabeza a  rabinos y a  sacerdotes católicos.  Primero a los unos y  luego a los otros,  y todos trataron con penosos esfuerzos  de interpretar y hacer interpretar  los lindos  versos del amor erótico como si fueran simples alegorías y alabanzas a Dios.  Los amantes hermosas  muchachas descritas en detalle por la pluma exuberante Salomón no eran mujeres jóvenes con bellas formas, sino  claras alusiones a la Sinagoga.  Y lo mismo ocurrió después, para los cristianos, que vieron la obvia alusión a la  Iglesia Católica Apostólica y Romana.  En el comentario de una edición de la Biblia católica que tengo en mi casa, se puede leer: "Pero los Sabios Judíos y los Santos Padres de la Iglesia consideraron  con buena razón el Cantar de los Cantares  como un poema claramente alegórico y no como una obra profana... "
Así que deberían  ser considerado como obra alegórica los pocas versos que reproduzco aquí, como ejemplo: "" Oh, princesa hermosa, con que gracia  andan  esos  piececitos en tus  sandalias  delicadas y hermosas.... las articulaciones de tus rodillas  son sublime  trabajo de maestro artesano ... y esos pechos son como tazas hechas en un torno y saben a preciosos licores dulces  ... tu vientre es como un montón de tierno musco rodeado de delicadas flores ... como dos cervatillos gemelos se  parecen estos  hermosos pechos saltarines ... tu cuerpo es flexuoso  como la palmera ... el pecho son hermosos racimos ... y yo digo que voy a subirme a esa palmera  para tomar los frutos en mi mano, como si fueran  uvas... ... y el sabor  de tu boca es como una manzana ... ""
Se necesita mucho valor,  casi diría descaro,  una muy parcializada  imaginación   y diría también insulto a la inteligencia de un lector hasta mediocre,  para querer dar  entender que   Salomón al  describir a una de sus amantes la equiparara  seriamente a la Sinagoga o incluso la Iglesia de Roma. La Iglesia de Roma... nada menos, como si Salomón fuera un vidente del futuro.
Pero seamos claros a propósito de Salomón: èl no  fue solamente la cruel persona   que envía a matar a su hermano Adonías, ni  solamente el poeta amante de los placeres.  Fue realmente un gobernante, un estadista de los más valiosos y de gran capacidad. Introdujo cambios muy útiles en el servicio militar.  Resolvió problemas con las tribus del Norte que siempre le tuvieron cierta antipatía a Jerusalén y a Judá.  Utilizó algo  de mano dura,  es cierto, pero  a veces es necesaria  para llevar las riendas de una nación.  
Él utilizó también una gran cantidad de lo que hoy se llamarían trabajos forzados, pero para emplearlos  con éxito a los grandes edificios que quería. Construyó caminos, utilísimos, buenos y seguros  para el comercio. Utilizó   80.000,  70.000 y 30.000  entre albañiles, trabajadores varios y  artesanos de bronce y carpinteros para construir la Casa o Templo, que fue la antigua  perenne aspiración del pueblo de Israel durante siglos.
 Y así fue que pudo nacer  el famoso Templo de Salomón, hermoso, que los Judíos de todos los tiempos  tendrán como un símbolo, como  recuerdo, con cariño y tristeza por haberlo perdido. Es bueno escuchar la opinión de los demás...pero si se le da demasiada importancia a muchos  funcionarios del bla bla bla cotidiano, ciertas cosas no se hacen nunca. Gobernar bien es muy difícil. Hay que saber hacerlo. Y Salomón  supo hacerlo. Quiso  el Tempo, el pueblo de Israel quiso el Templo  y el Templo se construyó.
 Él también construyó su casa de  familia, pero en ese momento la riqueza personal del jefe  coincidía con la del Estado.  Era costumbre. Era ley.  Hoy seria corrupción, abuso de poder, cárcel.   Gobernar y gobernar bien ha sido difícil siempre. Acabo de remarcarlo. El gobernante debe tener poder y decisión. Lo difícil es lograr el justo equilibrio.  Sinceramente creo que Salomón haya sido unos de los muy pocos  óptimos gobernantes de todos los tiempos.

Seguimos.
 Salomón  también construyó la fortaleza de Milo, las murallas de Jerusalén, de Jatsor de Meghido y Gezwer. Pero su espíritu culto y refinado no le impidió saber preparar su gente para la guerra. Así que hubo cambios  y modernización del sistema militar.  Quería y formó la primera Panzer Divisionen de Israel, con 1.500 tanques (carros) y 4.000 caballos. No era cosa de poco.
Era obvio que a todos estos proyectos y realizaciones  se opusieran  los viejos conservadores,  la   superada tecnocracia israelita.
Para hacer todas estas cosas,  construcciones,  carreteras, suministros para el ejército, etcétera,  se necesita siempre  una gran cantidad de dinero, por supuesto.  Èl puso impuestos a todas las tribus que constituyeron  12 distritos fiscales.  Y con todo eso supo  ampliar enormemente el  comercio y los intercambios. Los muchos caminos, como dijimos,  eran hermosos y seguros.   Todo eso produce riqueza.  El reino de Salomón fue un reino rico.   
Y hasta empresario fue  Salomón. Así  debe ser, si se quiere ser  jefe de estado. Se debe saber hacer de todo.
 Hasta se puso  comerciante,  a vendedor de armas  con el fin de aumentar la disponibilidad de fondos, diríamos hoy. Comprar aquí y vender allá  El pagaba  una moneda de oro por cien armas  y vendía las mismas cien armas  por dos  monedas de oro. Y con este modesto 2 por ciento ganó  un montón de dinero!
Ah se me olvidó. También hizo la primera fundición en Israel.
Y con todo esto, en los pocos momentos de ocio,  se dedicaba  a la poesía  y tenia para esparcimiento  la belleza de 700 esposas y 200 concubinas. Muchas más que el Padre Abraham,  que también  era  hombre de apetitos sanos pero  que de esposa verdadera  tuvo solamente a una, y con Sarah tuvo suficiente. Las varias otras eran episodios sin trascendencia, para Abraham.
 Sin embargo, el cada vez  más sabio Salomón, decía  que siguiendo el ejemplo de su gran padre, el rey David, èl  tenía    muchas esposas y concubinas extranjeras, es cierto; pero que  ese exceso de trabajo, prácticamente heroico,  era con miras a múltiples alianzas y  políticas militares, y que por  lo tanto èl se sacrificaba para  mayor éxito  de Israel. Un sacrificado, de hecho. Aun que nadie se lo crea. 
Mantuvo   siempre una buena alianza con Egipto, el país que desde los tiempos de Abraham era  la más grande nación al occidente de Israel.  Y se casó con una  hermosa hija del Faraón, otro sacrificio por su país. Pero para esta reina, la más importante y hermosa  de su harén, construyó una casa  especial porque ella quería permanecer fiel a sus dioses egipcios ; y por otro lado Salomón no podía atreverse a profanar su casa oficial admitiendo   dioses ajenos. Así que esta  egipcia, esposa-reina de Israel, fue la primera en la historia del mundo a tener su Trianón.
Ah, otra cosa que se me olvidaba: el gran Salomón fue también un maestro de la Cábala. Sólo le faltaba eso.  
En pocas palabras, un hombre interesante, casi completo. Con los  que nosotros ahora llamaríamos vicios  de la época, pero también con muchísimas  virtudes y méritos. Casi un  homo universalis, diría.  
Pero también es claro que con todos estos cambios e innovaciones, con esa tentativa de transformar un pueblo de beduinos  en reino mas modernizado, quedaba poco de la antigua austeridad,  de las  patriarcales originarias  tribus malolientes de pastores errantes por el desierto con su Arca Móvil, y cantando  en procesiones  sus letanías-lamentos para su Dios.
 Todo eso ineluctable transformarse era muy mal visto, máxime  por  las tribus del norte, porque los signos del poder habían estado concentrándose  gradualmente en Jerusalén: el Arca, el Templo y el Gobierno. De hecho, Salomón había degradado la antigua ciudad de Siquem   donde había llegado  siglos antes el   Padre Abraham. Según ellos, los viejos tradicionalistas, la capital real era Siquem.  Jerusalén era  una  capital  ficticia, la ciudad de David. Y seguían con las murmuraciones. Siempre debe haber alguien que no esté contento.  
... El tiempo pasa....
... Y un hermoso día,  en  la última distante punta de la Península Arábiga, a una tal Makeda - Reina de Saba,  una hermosa mujer con  iniciativa, etiópica, la Venus Negra de la época, le vino el antojo  de  conocer a ese gran rey del cual  todo el mundo hablaba como un hombre sabio, rico, poderoso, justo y… atractivo. Así  decidió  verlo  y  con su caravana de camellos, sirvientes, soldados y demás   fue a visitarlo.
Por supuesto Salomón, que era todo un caballero, la recibió. No se sabe si en  audiencia pública o privada o muy privada. Conociendo al tipo  yo no  dudaría,  por lo menos en sus intenciones  y más después de haberla vista.  Pero también la Reina de Saba quedó  bien  impresionada por  las virtudes de Salomón, la sabiduría, la riqueza, y quien sabe que más…Y casi de inmediato, dicen las Sagradas Escrituras,  se convirtió al monoteísmo aceptando a Iahvé como único Dios.  Por cierto, dicen siempre las Sagradas Escrituras, que  a titulo de regalo ofreció a Salomón, para su dios Yahvé,  naturalmente, y como dadiva,   la  modesta  cantidad de  4 toneladas de oro.   Salomón,  interpretando la  voluntad de Yahvé,  le dio las gracias doblando la rodilla  con  un bonito arco,  como perfecto gentleman.
Uno podría preguntarse ¿cómo es posible  y porque  una mujer en  una caravana de camellos desde el Yemen hasta Palestina quisiese  y pudiese  llevarse 4 toneladas de oro?  Es mejor no preguntárselo.  Es que las Sagradas Escrituras, por  más sagradas que sean a veces son un poquitín fantasiosas. No importa. Seguimos.  Les tenemos cariño.

Al mismo tiempo la mujer hermosa de  facciones exóticas comenzó ella también  a ejercer una enorme fascinación sobre el hombre que de encantos femeninos sí, sabía.  
Sin embargo, a pesar de los encantos  y de su experta capacidad de seducción, Salomón  no pudo seducir como hombre a la bella mujer. Después de varias semanas, llegó el tiempo  del regreso de la Reina a Saba. En el último momento el astuto Salomón pudo carpirle una promesa: si la Reina Makeda pudriese  llevar consigo del Reino de Israel algo muy apreciado,  ella, la reina, estaría de acuerdo en pasar la última noche con él, con Salomón, en su cama.
La reina aparentó pensarlo un poco…  y estuvo de acuerdo. Trato  hecho.
 El día antes del viaje de regreso Salomón ofreció una magnifica cena de despedida a la bella dama. Platos muy especiales y que el rey había ordenado a sus cocineros que sazonaran  con abundante sal y con especies de los más picantes.
Después de las últimas golosinas  la reina tuvo que beber una gran cantidad de agua para saciar su sed.
¿Qué cosa es más apreciada que el agua? ¿Y  no era si acaso el agua lo que la reina llevaba en gran  cantidad de Israel y abundante, para el viaje? Salomón, astuto y sabio como siempre, ganó la apuesta.   Obviamente.
Y la reina cumplió su promesa de pagar el premio mayor. Obviamente.
Se decía que la reina estaba feliz de haber perdido la apuesta. Obviamente.
Y a consecuencia de esta larga noche de amor, nació un niño. Obviamente.
Será Menelick, el futuro rey de Etiopía.
 Parece que años más tarde el  joven Menelick fue  enviado  a Jerusalén para conocer a su padre y recibir una educación adecuada.
Después de eso,  a pesar de que Salomón insistiese  para que Menelick  se quedara con él, el joven  partió para regresar a su casa, y cumplir con los deberes de heredero al trono.
 Ciertos tipos, los hincha pelotas de siempre,  dijeron  que el joven  había llevado consigo nada menos que  el Arca de la Alianza. ¿Robada? ¿Donada? ¿Una copia?
Según algunos escritos, parece que la famosa Arca permaneció durante un tiempo en la isla  Elefantina, cerca del Nilo. La busqué pero no la encontré: a la Isla, entiendo, no al Arca.  Parece que después  el Arca fue colocada en una especie de santuario en una pequeña isla, pero esta vez  en el lago Tana,  centro de Etiopía. Lago lleno de cocodrilos, donde permanecerá  por cerca de 800 años. Después de estos largos 800 años, parece que cierto rey Ezana de Etiopía decidió transferirla a la ciudad santa de Axum, siempre Etiopia.  
Como comentario romántico  diré que  el famosísimo obelisco sagrado de la ciudad sagrada de Axum, fue  botín de guerra de Mussolini  -   por allá en los  años de la guerra Italia vs. Etiopia, los tiempos de  Faccetta Nera  --  y colocado en la Roma Imperial  de las fantasías mussolinianas, con gran orgullo de los romanos que lo apodaron  el supositorio de Mussolini. Después de la guerra 39-45, naturalmente perdida por Italia, el obelisco fue devuelto a Etiopía,  espontáneamente de parte de la Italia  ya democrática. Pero los etíopes nunca reembolsaron  el gasto de transporte del obelisco, como se había acordado.  Me dijeron  esto: cosas que suceden a no usar más el látigo.   
Y, retomando el hilo, en Axum, la famosa Arca descansa, ahora, venerada en la Iglesia copta de Nuestra Señora de Sión. Lugar en  donde se encuentra todavía, supervisada y vigilada por un sacerdote que, según la tradición, debe ser de la tribu de Levi.
¿Quiere saber si esto es cierto?  Haz como yo. Hace años, cuando estaba en Oriente Medio, turisteando, quise  dar un viajecito fuera de programa hasta Axum. He estado allí y ya  no tengo ninguna duda. Haz como yo, y una agradable visita a la Iglesia de Nuestra Señora de Sión  te quitará cualquier duda.
Después de la buena temporada con Makeda, por razones de estado  ¿qué pasó con nuestro Salomón, el sabio?  Casi al final de su vida cometió pecados siempre más graves y siempre por culpa de las mujeres, la perdición eterna del hombre. Con todas esas esposas y concubinas  extranjeras, no podía no haber habido en èl alguna  influencia de parte de ellas y e sus  religiones. Con todo aquel Harem-panteón de deidades, es muy probable que el gran sabio redimensionara  las cosas de la religión... que, para los tradicionalistas religiosos de todos los tiempos, es sinónimo de caída en la idolatría: sólo hay un Dios, y que es el nuestro. Stop.  No hay discusiones.  Si admites a otro dios, no eres un liberal sino  un  vulgar idólatra. Maldición sobre ti.
Tal vez lo más  probable fue que nuestro Salomón como todos los grandes también fue un gran histriónico interesado casi solamente en sí mismo y sus acciones. Y Dios lo dejaba a los  sacerdotes.
Muchos sacerdotes fanáticos, y no solamente sacerdotes,  nunca podrán entender realmente las razones del hombre de Estado que gobierna y debe gobernar absolutamente para todo tipo de ciudadanos.  Así que para los sacerdotes de su tiempo la  aceptación de dioses extranjeros  era síntoma de idolatría.  Salomón estaba en pecado.  Y murió en el pecado, en el 931 a.C.

Pero  si es  verdad que el Señor es justo, también es cierto que  a veces es algo rencoroso.  Y como en la época de los Jueces,  los perdedores  son siempre las personas sencillas que por lo general pagan los platos rotos de los líderes.  
Por los pecados de Salomón vendrá el castigo de Yahvé a todo el pueblo de Israel que  se dividió en dos partes.  El Reino de Israel en el Norte y el Reino de Judas, en el Sur.
 El Reino del Norte, Israel,  con la cuestión de las diez tribus perdidas desaparecerá de la historia  a mano del Asirio,  y se mantendrá vivo únicamente en la leyenda.
 Y el Reino del Sur, Judá,  con las  dos pequeñas tribus de Levi y Benjamín, y por supuesto la grande y más importante tribu  de Judá, se vio obligado a seguir  casi esclavo a  Nabucodonosor en Babilonia. Y  de la cual Babilonia, Mesopotamia, regresarán, los que querrán  volver, cuando Ciro, rey de Persia, les dejará libres para decidir. Y con la libertad recibida en regalo de Ciro, muy alabado por Isaías, por cierto,  seguirá existiendo el antiguo Reino de Judá en Jerusalén, se  reconstruirá el Templo con Herodes, otra vez.  Hasta que llegará el Caterpillar de Roma  con su Tabula Rasa  para sofocar con sangre   el momento heroico e inútil de Bar Kojba.

Y a partir de ahí comienza la verdadera diáspora, en el 135.
Todo por voluntad de Yahvé.


O el FIAT VOLUNTAS DEI,  que es lo mismo.

1 abr. 2015

2ª EDIC. ESPAÑOL- 9/100 LOS JUECES ( SANSON)

9/100                         
                                     Los Jueces
                             (Sansón, A. C. 1100) 



Cuando se murió Josué, el Guerrero, la sagrada guerra de reconquista  aún no se había completado ni todavía los viejos-nuevos hijos de Israel se habían bien re-establecidos en la nueva-vieja tierra de antaño. Tomará siglos para que el Reino de Israel finalmente pueda unificarse.  Y cuando eso sucederá  tampoco durará mucho tiempo: solamente el periodo de tres reyes Saúl, David y Salomón.    
Este período, anterior a la monarquía y que será cerca de tres siglos, se llamará de los Jueces o Libertadores.
Las diferentes tribus tenían cierta independencia, inclusive a veces luchaban entre sí, pero tenían casi todos los mismos enemigos: cananeos que sobrevivieron a las masacres, los beduinos vagantes entre las dunas, maestros en ocultarse  y los filisteos en la costa. Pero se dio solamente con  Josué la despiadada terrible guerra a muerte  contra los cananeos y los demás habitantes de Palestina. Solamente con él se vieron pueblos enteros  en fuego y llamas: aldeas completamente destruidas y  la matanza y sacrificio de los habitantes, todos y cualquier cosa que se respiraba. Todo, absolutamente todos, menos la prostituta de Jericó, amparada   y en las gracias de Yahvé.
Ya lo hemos dicho.
Pero después de ese inicial furor de sangre y destrucción,   con el consentimiento y la bendición de Yahvé, por fin el pueblo de Israel comenzó a aceptar la idea de vivir juntos, en santa paz,  con grupos de residentes.
Sin embargo, como es obvio, ¿qué sucede? Esta actitud de convivencia, comenzó a producir  ciertos  cambios en las costumbres de todos. Se empezó a ver lo que ahora podríamos llamar  una especie de globalización, de democracia, de modus vivendi, de tolerancia religiosa reciproca.  Se empezó a pensar que podrían ser aceptados otras personas con sus otros dioses.
Pero… ay ay ay Yahvé ¡no era un Dios cualquiera!
Él no podía aceptar esto. Él era autocrático, exclusivista, el absoluto. Por supuesto esa voluntad de Dios la manifestaba al pueblo el sacerdote, el rabino, amparados por el conservador en general, y que con ese cuentecito de la tolerancia hacia los demás veía  disminuir su propia importancia, su autoridad y su exclusividad como intérpretes infalibles de la voluntad divina.
Y a mi me sa’tanto, se dice en Roma, me sape(tengo la impresión que…) que los sacerdotes de hoy en día no son tolerantes porque sean realmente convencidos de su tolerancia, sino porque ahora es imposible no ser tolerantes.
 La grey se pone siempre  un poco más crítica.  Cambiar para no cambiar, entonces, como dijo el Príncipe de Salinas, con su  aparente paradoja.  Así que  los hijos preferidos de Yahvé comenzaron a entender y convivir con los otros, y naturalmente concediendo donde se debía y podía conceder en aras de un convivir más o menos aceptable.
Pero los benditos sacerdotes,  que siempre se consideran a ellos mismos  los únicos interpretes de la voluntad divina decían que  por esa constante  mayor tolerancia  hacia los otros y sus ritos, se producía  la ira de Yahvé. Y que de eso provenía  el consecuente justo divino castigo  al pueblo elegido. Y para castigarlo le enviaba  otro grupo étnico, otro enemigo,  otro extranjero,  que los dominaba.  La ira de Dios es la voluntad de Dios. El dominio del enemigo es voluntad  de Dios.   Es un fatalismo  que existirá también con la sumisión  a la  voluntad de Allah, en el Islamismo y che se revela en el dicho italiano, muy antiguo, de que non si muove foglia che Dio non voglia. (No se mueve ni una hoja si Dios no quiere). Así que, como ejemplo, el enemigo,  Nabucodonosor, lo será por voluntad de Dios. Y con ese razonamiento todavía mucho mas tarde,  inclusive  Roma y después  Hitler  en sus respetivos momentos serán considerados por algunos como instrumentos  de la voluntad de Yahvé.
Bueno. A continuar.
¿Qué pasó entonces, en aquella época? El pueblo elegido llora su pecado, pide disculpas y perdón. Yahvé, reafirmada con satisfacción su autoridad exclusiva, envía un Juez Libertador para liberar al pueblo elegido del yugo extranjero. Pero, los hombres son débiles, y al rato la gente va a volver a la tolerancia  de ritos de otros, con el consecuente pecado y ofensa a Dios. Y a continuación, se reinicia  el ciclo de la pena, del llanto, del perdón por la benevolencia divina  y la posterior llegada de otro Libertador.
Y esto se produce a repetición  durante todo el período de  300 años, con  los jueces, como dije.
Durante este largo período de tres siglos aparecerán  interesantes figuras de héroes-libertadores.
Normalmente las personas serán de origen humilde y, hecho interesantísimo, incluso habrá mujeres que serán capaces y famosas; casi siempre  sin marido o con un tipo tranquilo de poca importancia.
Veamos algunos:   Entre esos Libertadores estará Ehud, un hombre muy pobre  pero de valor y determinación: él no posee ni un cuchillo,  se fabricará uno muy rudimentario y ese rudimento lo hundirá en el grasoso  vientre del Rey enemigo. Se liberó a la nación de la dominación extranjera.
Otro fue el caso de Débora, profeta y mística cantante de himnos sagrados. Estaba casada con un Lappidor, un tal cualquiera, insignificante. Ella se sentaba debajo de un árbol y la gente se le acercaba  para obtener justicia en diversos eventos. En una ocasión Débora fue capaz de organizar una revuelta contra un cierto Yabín, importante rey de Canaán, y lo vence. Con el ejército cananeo aplastado,  el general enemigo, Sisará, busca aterrorizado un refugio que considera  seguro en la tienda de Yael, una mujer judía de modales suaves. Esta mujer  interpretará de manera muy amplia la ley de la hospitalidad en vigor entre todos los pueblos del desierto. Le ofreció refugio en la tienda y hasta le dio refugio en su cama.  Pero cuando el general se durmió agotado por la huida desesperada, el terror de los enemigos y las dulces fatigas  del amor, esa Yael, mujer de modales suaves, como dicho, tomará un grueso clavo de metal de la tienda de campaña junto con un robusto martillo y le perforará  por completo  el cráneo al general. Clavándolo, literalmente, en el suelo.  Dulces maneras femeninas.
Cuando poco después llegó  Débora, la cantante profeta, allí mismo en la tienda, se pusieron a cantar  en un dúo macabro una canción para glorificar al acto heroico. Y algún tiempo después,  Deborah recibirá el título honorífico de "madre de Israel.”
Otro Juez Libertador fue Gedeón. Con sólo 300 de sus soldados (tal vez quiso imitar los trescientos espartanos en las Termopilas) ganó unos 10.000 enemigos y recibió como apreciado regalo las tres cabezas sangrantes de los tres principales líderes enemigos. Vivió contento y feliz y tuvo la belleza de setenta hijos varones. Si tuvo hijas no se sabe pero lo que se sabe es que las hijas no tenían mucha importancia. Abimeléc fue uno de los setenta hermanitos.  Así como70 serán los sabios de los Setenta de La Biblia, pero en común habrá sólo el número. Setenta debe haber sido un número indefinido, un decir para indicar muchas personas.  Abimeléc nunca fue Juez. Sin embargo mataba  a enemigos como moscas. Y mata y mata, con su Dieu le Volt,  (Dios lo quiere)  también mató a sus 69 hermanos. Nunca supe si también ese 69 era un número mágico… Por estos actos de amor fraternal nunca fue proclamado Juez. Y terminó mal. Una mujer, en no sé qué oportunidad,  con una gruesa piedra le  rompió el cráneo.  Ya moribundo y sabiéndose al final de su vida, él mismo ordenó al soldado que estaba tratando de ayudarlo, para que terminara de matarlo a él, con su misma  espada,  para evitar que, horror de los horrores, ¡se dijera que había sido asesinado por una mujer! Fue un ejemplo claro y valeroso de dignidad masculina.
Al número 11 dell’hit  parade de los Jueces apareció el famoso hombre Jefté: el hombre de palabra.  Palabra de él y vida de otra persona. Durante una de las guerras de liberación nacional hizo un juramento solemne al Señor: que si regresaba victorioso iba a sacrificar la primera persona de su familia que vendría a saludarle, al momento  del regreso a su casa.  Simpática manera de sacrificar a los dioses no a uno mismo, si acaso,  sino a otra persona. Pero así se usaba, evidentemente. Tal vez él pensó que sería uno de los muchos servidores que lo recibirían  alegres.  Pero no fue así. La primera persona que salió de la casa alegre para abrazarlo, era su hija, su única hija y que él  quería muchísimo.  Y se acercaba al papá, saltando feliz y alegre, en su juventud floreciente,  y tocando los tamborcillos  de la victoria.
Jefté se quedó horrorizado al verla,  pero sabía que debía respetar el juramento de Dios. Lo supo también la pobre chica que aceptará  resignada su horrible destino. Y le pedirá al  querido y desdichado papá  dos meses, sólo dos meses de tiempo, para ir con sus amigas a llorar su ya inútil virginidad y, quién sabe, las oportunidades perdidas.
 No sabemos lo que pasó después de eso.

Y ahora llegamos a Sansón. Personaje famoso, atrevido, lleno de defectos y virtudes. Mezcla de  virtud y de vicio, de bien y de mal, héroe, ladrón, asaltante y asesino. Amante desafortunado e ingenuo.
Y, por supuesto, fuerte como un Sansón.
Yahvé lo usará para ayudar como siempre a su  amado pueblo. Fue uno de los últimos jueces, el 13º (otro número mágico). Sansón debe de haber nacido alrededor del 1100 a.C., siempre en el supuesto caso de que realmente haya existido. Y tendría que haber nacido unas pocas décadas después de que los "Invasores" habían ya llegado a las costas de  Canaán, En judío "plishtim" significa Invadir y de ahí viene el nombre de Palestina. Estos filisteos estaban invadiendo, para los Judíos, pero en realidad eran también refugiados, muy probablemente viniendo  a buscar otra patria  del Egeo. Casi con toda seguridad una de la antigua población pelásgica  o entre los primeros antiguos habitantes de Creta y sus alrededores, quienes se habían visto obligados a abandonar sus tierras por  gentes más fuerte, Dóricos  o Aqueos, en este caso: los aqueos rubios de Homero, los pueblos rubios del norte de Europa, los germánicos, y en cumplimiento de la ley no moralista  sino natural, del "quítate tú porque ahora he llegado yo”.
  Derecho de conquista, invasión, ley de la supervivencia, del más apto. Inevitable ley que a nosotros -- que decimos aplicar  ahora valores más éticos, -- en la actualidad nos parece cruel, pero que es sólo la ley natural. Los débiles, los ancianos, los defectuosos, lo inútil, lo imperfecto, debe perecer. Recordemos el jardinero con la maleza.
¿Fue una parábola?

No sabría decir si eso me recuerda más a Cristo o a Nietzsche.

El nacimiento de Sansón será anunciado.  Una Anunciación hermosa como la que se dará para María de Nazaret. Un ángel, mensajero de Yahvé, no con alas en los pies como Mercurio, pero con alas en los hombros, se presentará frente a un tal Manoa, de la tribu de Dan, y a su mujer,  estéril.  Les dirá que su hijo va a nacer por voluntad de Yahvé, un hijo macho, y que liberará  al país de la dominación filistea.  Con esas condiciones: Nunca deberá beber alcohol ni comer nada impuro, y nunca deberá cortarse el cabello.   ¿Caprichos de los ángeles?

La pareja jura feliz.

De acuerdo con esta descripción, Sansón debería haber sido, ya de adulto, un  miembro de los nazaríes, una especie de sacerdotes seculares.

 La primera hazaña que sabemos de él será la de un Sansón joven cuando por   curiosidad fue a visitar a un pequeño pueblo filisteo, allí cerca.  Los jóvenes, por supuesto, miran a las chicas. Nuestro héroe miró tanto a una de ellas que  terminó enamorándose. Sucede, a veces. Pero los padres de Sansón se opusieron firmemente a un posible matrimonio con una no elegida entre el pueblo de Israel. Al muchacho, sin embargo, eso le importa un comino.

 Deja la casa para ir a pedir la mano de la hermosa filistea. En la calle se encontró con un poderoso león. Pero un serio y verdadero León, un Félix Leo, (es el nombre científico) con todo el aspecto de fuerza   del rey de la foresta: León  con su  pelo largo, la hermosa melena ondulada. Pero el Félix-Leo no estará tan feliz porque en la lucha que siguió entre ambos, Sansón mostró por primera vez tener una fuerza  muy pero muy excepcional. Con sus propias manos mató  al in-Felix-Leo. Tanto le abrió la boca que le rompió la quijada.

Luego, más tarde,  al regresar del pueblo filisteo, se da cuenta  que entre los huesos del león, aparentemente muerto, se ha  formado un nido de abejas.

Si el fuerte Sansón no le tuvo miedo al león y lo mató, ¿cómo podría suponerse que tuviera miedo a unas pequeñísimas abejas? Así que robará la miel de los animalitos  y la llevará a la casa de la chica.

Cuando por fin llega el día fijado para la boda, a nuestro querido  Sansón se le ocurrirá proponer un acertijo  a treinta jóvenes filisteos. . "Del que come viene la comida y del fuerte la dulzura.” Es un acertijo penosamente idiota. Pero lo aceptaron como acertijo. ¿Las apuestas? El perdedor pagará a la otra parte con 30 vestidos para hombres. El rompecabezas es, en la mente de Sansón, una clara referencia al león que mató y a la miel que luego salió de su cuerpo. Desde el encuentro de Sansón con el león y las abejas, Sansón había estado solo, así que nadie podía adivinar todo ese intríngulis.  Los 30 jóvenes filisteos hacen entonces  presión sobre la chica que se había enamorada de Sansón para que Sansón le revele el secreto de su fuerza. Y ella que se lo revele a ellos. Así sucedió: Sansón  enamorado, confiado e ingenuo revelará la  respuesta  y la enamorada  se la va a decir a sus compatriotas.

Y así Sansón perderá.  

Perdió,  se enfurece... pero sabe que tiene que pagar la apuesta. Irá a la ciudad de Ascalón, para tratar de conseguir la ropa. ¿Para conseguirla en una tienda? Ni pensarlo.

Con cierta complicidad de  Yahvé  mata a 30 tranquilos  filisteos que estaban paseando por allí y les roba la   ropa y con  eso paga la apuesta perdida.

Se va a la casa de la chica. Pero en la casa de la chica, mira y mira, la chica se ha ido. Se la dieron a otro hombre, le dicen. El suegro, requerido,  se niega a devolvérsela. Ofrece a Sansón un cambio con su hermana. Que se contente  con su hermana. Sansón, con una visión profética,  dice que no es Totó y no estará contento con su hermana. Se enoja y se convierte en incendiario furioso. Encontrará (no sé cómo) trescientas zorras. Las amarrará  de dos en dos por la cola, entonces ata una antorcha encendida a la cola de cada pareja y suelta a los  animales que, aterrorizados, se fugarán en pánico  en forma de zig zag entre los hermosos campos de maíz maduro de los filisteos. Todos los campos maduros se incendiarán, claro.  Y los filisteos muy enojado ellos también, deciden ahora matar a la chica de Sansón; y no  sabiendo  cuál de las  dos hermanas  fuera su chica porque se parecían mucho, no importa, matan a la dos.  Luego llega  el supuesto  futuro suegro que todavía no era suegro pero no importa tampoco y le pegan y pegan como locos también a él. Por fin  al rato aparece por allí también Sansón que mas furioso todavía le pegará golpes y golpes a todos los que estaban de pie. Y a muchos  además les mató.

Pero luego, claro, hay que escaparse y esconderse.

Los filisteos le piden a la tribu   de Judas que se lo entreguen. No está claro por qué a la tribu de Judá si  Sansón era de la tribu de Dan, pero ni siquiera importa. Lo que sea.

Los buenos tipos de la tribu de Judá  -- quien  sabe si para hacer honor al nombre -- lo entregan atados de pies y manos a los filisteos. Pero nuestro héroe es siempre un Sansón, muy fuerte y romperá las cadenas. Fue aquí que se dio  otro evento divertido y famoso; Sansón toma un hueso de un asno. La mandíbula, para ser precisos, que es bastante grande y fuerte. Y con la quijada de ese asno muerto usándola como una clava,  matara a  otros miles  de filisteos. ¡Miles, dicen los textos sagrados! Fue por ese acto de guerra    que será nombrado juez libertador. Después de esta extraordinaria acción heroica, nuestro Sansón permanecerá en silencio durante veinte años. Después de este largo período de la vida tranquila, burguesa, Sansón un día va a Gaza. Permanecerá en la casa de una prostituta. Nada heroico en eso. Para hacer quien sabe que. Tal vez sólo para estar lejos de alguna fechoría hecha a quién sabe quién.

Pero una buena noche se escapa de la casa. Las puertas de la ciudad estaban cerrados. ¿Que hace que Sansón? ¡Otro acontecimiento histórico!

Con sus propias manos puede desquiciar la puerta de entrada-salida a la ciudad, y se  la lleva, la puerta, por alguna misteriosa razón, en la cima de una montaña, cerca de Hebrón.  

En Hebrón conoce y se enamora de una hermosa filistea: la famosa Dalila, muy conocida en Hollywood. Esta Dalila, enamorada o no de Sansón,  pero sin duda enamorada de las monedas de plata que le darían  los filisteos,  se las arregla para robar el secreto de la fuerza de Sansón. Y, traidora, lo revelará a los filisteos. Ejemplo de cómo uno puede  trabajar para la patria y ganar dinero. Y también  lo que puede significar tenerle  confianza a  las mujeres hermosas.

Unos filisteos, bien armados con tijeras bien  afiladas, se acercarán  silenciosamente   a Sansón dormido y agotado después de una noche de amor salvaje con la falsa Dalila, y  ¡le cortaran el cabello!   ¡Pobre Sansón! Amante, pero  con mucha  mala suerte con las mujeres.  Y sinceramente, un poco tonto. Había tenido  mala suerte en la costa con la  filistea que había revelado  el secreto del enigma. Y con  Dalila, la falsa,  quien  había  revelado el secreto de su fuerza sobrehumana. Los filisteos lo agarraron entonces   fácilmente,  lo cegaron y lo ataron a una rueda de piedra de un molino en Gaza. Y dale que dale  para empujar la piedra como un esclavo. Es que era ya un esclavo.

Sin embargo, con el tiempo, el pelo crece; los filisteos, cortos de memoria, al parecer, se habían olvidado de la historia del cabello. Y Sansón iba recuperando  poco a poco sus energías. Pero Sansón quería un sacrificio supremo con heroico final dramático. Y lo consiguió.

 Un día lo habían llevado con otros prisioneros  en el templo de Dagón, dios de los filisteos. Aunque nuestro Sansón era ciego, empezó a buscar al tanteo dos columnas portantes.  Y tantea y tantea, por casualidad o intención  empezó a tantear también a dos  florecientes chicas  que pasaban por allí.  Pero de repente se acordó de su destino, dejo a las filisteas con sus tetas, consiguió las columnas  portantes y abriendo los brazos,  con sus fuerzas ya recuperadas,  las empujó hasta  que  se  cayeron al suelo. Perdida la estabilidad,  el templo  se derrumbó todo al suelo con gran estruendo. Y matando con los escombros a todos  los filisteos.  Fue entonces cuando él gritó, ciego y heroico, la famosa frase:

 

 Que se muera Sansón con todos los filisteos.

 

Y con eso Sansón fue ejemplo para los futuros Kamikaze, musulmanes  ¿o no?

 

 

30 mar. 2015

2ª EDIC ESP. 8/100 JOSUÉ EL RE-CONQUISTADOR DE CANAAN

8/100        JOSUÈ El Re–CONQUISTADOR DE CANAAN


En los tiempos actuales las acciones como las de Josué, el guerrero conquistador, le llevaría entre los acusados en Núremberg.  En caso de derrota, por supuesto; porque los vencedores siempre tienen la razón y nunca son llevados frente a un tribunal.  VAE VICTIS… como dijo Brenno. Muchos soldados en diferentes épocas han tratado de encontrar excusas  refugiándose en  la  "obediencia debida", para salvarse de una casi segura sentencia de muerte en caso de derrota. ¿Qué podía hacer el pobre Josué si las órdenes de exterminio o solución definitiva le venían del mismo Dios?
 
 Josué  (o Yehoshúa  o Jesús) había nacido como  esclavo en Egipto, de la tribu de Efraín, hijo, con su hermano Manases, del favorito  José – él vendido por los hermanos malos  y que más tarde se convirtió en vice Faraón -  y que se  había casado  con la hermosa egipcia aristocrática Asenat. De modo que ni Efraín ni Manasés ni Josué mismo eran de pura raza israelita a pesar de la bendición del viejísimo Isaac, poco antes de morir. Después de muerto se duda que lo hubiera podido hacer.  Aparte  la consideración obvia de que, fieles a Yahvé o no,  no se puede pensar que durante 600 años en Egipto, ya sea como hombres libres o como esclavos,  los hombres  --  siempre hombres y con sus  viejas costumbres  arraigadas por la naturaleza  --   no hayan tenido  relaciones amorosas con las hermosas, voluptuosas y perfumadas egipcias. En cualquier caso, de pura raza israelita o no, una vez pasado el Mar Rojo y haberle echado trompetillas al atónito y rabioso  Ramsés II,  nuestro Moisés,  jefe casi máximo,   comandante casi supremo, nombró  su lugarteniente a Josué, muchacho lindo y lleno de energía, para proceder a la re-conquista de la Tierra Prometida de Palestina, la siempre  fértil. Lo envió por delante con 11 compañeros para ver si su valle seguía  siempre verde. Porque en realidad en 600 años ninguno de ellos la  había  nunca visto  y se hablaba entre los pobres hebreos esclavos en Egipto como de un  cuento de hadas  y  los rabinos  como de una   tierra mítica con connotaciones religiosas.  Como sabemos, era la famosa antigua   y épica tierra prometida por Yahvé a Abraham, que después pagó a los hititas las famosas 400 monedas para comprar allí el primer pedacito o de tierra  para  convertirla en  tumba de los patriarcas.
  Recordaremos entonces que cuando  seis siglos antes  había llegado en la zona el período de feroz carestía y hambruna,  casi todos habían huido de esa tierra,  la abandonaron  aun que había sido ofrecida por Yahvé, para emigrar en busca de fortuna.  Y emigraran a Egipto.  Los pocos hebreos que se habían quedado se mezclaron con los pocos que se habían quedado y otras gentes nuevas que llegaron al pasar de los años.  Todos se establecían  allí  y todos consideraban esa tierra como su patria.  Y en fondo lo era, como lo será  para los pilgrims del Mayflouer.   Nihil novi sub soli.
Así que la orden perentoria de Yahvé era de volver a la tierra prometida y re-apropiarse  de ella  para sede del Pueblo Elegido. 
Joshua,  hábil guerrero, obediente a Moisés y Yahvé, tratará de emular a su sub-Jefe. No pudo atravesar  el Mar Rojo porque ya estaba  atravesado,  sino más modestamente atravesó un rio, el Rio Jordán, también importante. Y el río Jordán, consciente de su deber,  frenó  sus aguas para permitir el paso de las tropas de Israel y comenzar así la primera guerra del Resurgimiento Israelítico. En memoria y honor del evento, Josué ordenó la circuncisión de todos los Judíos de Israel que por una razón u otra  no hubiese sido  todavía circuncidados. Quizás por  los  600 años en Egipto, se habían casi olvidado de eso. Liberados entonces de la vergüenza del prepucio y ciertamente más ligeros, los israelitas iniciaron le épica reconquista con Jericó.  Conquistaron la ciudad en una manera extraordinaria. No fue  necesaria ninguna batalla.  Los muros cayeron solos,  al oír  el "soplo" de los Levitas.  ¿Quiénes eran? Unos sacerdotes.  Y esta vez unos  sacerdotes hicieron algo.  Los levitas eran los israelitas de la tribu de Levi. Pero  era  una tribu muy sui generis.  No tenían ninguna propiedad,  no tenían  tierra,  no tenían bienes raíces. Casi como el Vaticano hoy. Y vivían de limosnas. Casi como el Vaticano, siempre.  ¿Qué hicieron  esos levitas? Con el Tabernáculo-Móvil,  de su competencia, y con el soplo de sus trompetas a todo aliento, entonando himnos religiosos, dieron  vueltas y vueltas alrededor de los muros de Jericó. Durante horas.   Y al fin las paredes,  pobres paredes ya enloquecidas por los  las desafinadas trompetas a todo volumen,  en el ese ensordecedor estrépito y decibeles desatados, se cayeron por sí solas.

Las tropas de Israel entonces entraron felices  y victoriosas; se quitaron los tapones de los oídos y destrozaron a todos los habitantes, hombres, mujeres, ancianos y niños. Peor que los romanos en Cartago, peor que las SS en Auschwitz. Todos destripados menos una persona. Una mujer. Una puta conocida, de nombre  Rajab, que había estado ayudando a dos espías de Josué.
Los soldados, con la orden de no se sabe quién, la respetaron. No la destriparon. Ni a ella ni a su familia.  Todos a salvo: padre, madre, hermanos y hermanas y su pequeño perro. Ella era una traidora a su patria, es cierto.  Pero lo de ella no  era  traición: ella  se había arrepentido de no haber tenido una buena mamá quien le dijera quien era Yahvé;  y allí mismo,  perdonada y fulgurada por la gracia, se convirtió en  devota del verdadero Dios.  Como curiosidad, pero sin querer faltar al respeto absolutamente  a  un personaje importante que de respeto merece mucho,  diré que esa prostituta arrepentida  era  nada menos que un antepasado de Jesús de Nazaret.
¿Quién me lo dijo? Nadie. Lo leí en Mateo.
 Y aquí, sí, pongo  la referencia: Mat 1: 5.  
 Nunca se sabe.


Después de Jericó la mala suerte cayó sobre la ciudad de Ay.
Josué la conquistó con un hermoso truquito  y sin  la ayuda de putas. Y también fueron exterminados todos sus habitantes.
Josué era de verdad un tipillo muy especial. Dada su capacidad, su éxito y su ferocidad, todos los remanentes pueblos de Palestina se aliaron juntos para luchar contra estos "intrusos" israelitas que venían de Egipto. Pero a pesar de la alianza fueron exterminados.  Josué seguía pareciéndose siempre mas a un Héroe de la Ilíada, teniendo a su lado  al dios de la guerra.   Y así destruyó también a otra alianza, de cinco reyes de los amorreos.
Y... ¡poder de la fe!... 
…para que pudiera  terminar de matar incluso esos famosos cinco reyes amorreos, los únicos sobrevivientes de la matanza, el sol y la luna se detuvieron en el cielo. Y de esa manera  Josué tuvo tiempo de matarlos uno tras otro, porque no pudieron tener la oportunidad de recurrir a la oscuridad de la noche.  Un poco más tarde, después de un descanso para sus tropas, conquistará también a las ciudades de Maqueda, Libna, Eglón, Hebrón, Debir y en todas estas ciudades, los habitantes fueron simplemente exterminados. Todos, absolutamente todos, porque la orden era ¡matar a todos los hombres, mujeres, ancianos, niños, vacas, ovejas, caballos y camellos y todo lo que respirara!
 ¿Qué puede hacer un generalísimo, aun el más humano y generoso de los militares,  si el Comandante en Jefe da una orden de exterminio de este tipo?

Como último acto de guerra también ganó el rey de Jasor.
Y con eso  se habrá completado  la re-conquista de la Tierra Prometida - Canaán - Palestina - el Creciente Fértil.

Según las últimas órdenes de Yahvé, distribuirá las tierras recuperadas y murió de 110 años de edad, satisfecho  por  haber actuado de acuerdo a la voluntad de Yahvé, el Único, él Solo.


Pero nunca se le erigirá ninguna estatua,  porque no estaba  todavía  admitido  el culto a la personalidad.

27 mar. 2015

2ª EDIC. ESP. 7/100 MOISÈS

7/100                               MOISES



 Moisés es uno de los personajes más conocidos en el mundo. Si realmente existió o no, podemos decir que es casi un detalle de poca importancia. Lo que  interesa de él,  o de su imagen proyectada, ha sido y es la personificación de la fuerza y la implementación de una idea.  Idea de libertad, en primer lugar, pero también de  justicia, tenacidad,  fuerza moral, capacidad para dirigir a un pueblo. Y también con esa forma particular de ascetismo típica de los que nunca han mirado el interés personal. Muy pocos, en realidad.
Su figura es de libertador, líder y  legislador. Un héroe, casi un semidiós para los judíos, cristianos, musulmanes; pero no solamente para los fieles del Libro,  sino para todos y para siempre. Un símbolo del hombre. Y el Hombre,  como tal, solamente  tiene méritos; no tiene defectos. Hay fallas, por supuesto.  No importa. Son detalles.  El Hombre es hombre sólo por los grandes méritos. Los defectos se dejan para el hombre normal; casi diría, con algo de ironía, para el hombre normal, repito, para que  pueda tener algo, él también.  Probablemente ha sido también una de las personas  más retratada comenzando con la escultura del escultor por antonomasia, Michelangelo Buonarroti.
 ¿Por qué no hablas? le preguntó.  Pero Moisés se quedó inmóvil, en silencio, estatuario.
 Vamos a hablar un poco acerca de Moisés, de lo que sabemos, porque nos han referido mucho de él   algunos válidos historiadores y montones de  cuenta historias.  Nació en Egipto, en el último período de la denominada cautividad judía en Egipto.  Más o menos alrededor del  1200-1300  a.C.   Y vivió, según la tradición, la belleza de 120 años.
Incluso hoy en día, y nadie lo sabe, sólo unos  pocos eruditos judíos: el actual auspicio  hebreo de que alguien pueda vivir hasta los 120 años, se remonta  a una antigua fórmula hebrea de felicitaciones,  que nace de  la edad de Moisés, cuando murió  al regresar  a Palestina, en sus 120 añitos bellos.   Por  eso el número mágico de 120 permanece desde entonces aun  que hoy  se cante el feliz cumpleaños, tal vez en inglés y con muchas candelitas. Pero es una vieja autóctona tradición judía. 
En los días  de su nacimiento un reciente decreto del Faraón,  para tratar de  contener el  excesivo reproducirse de tantos judíos en su reino, había ordenado  que  todos los hijos varones de esclavos judíos fueron arrojados al río.  Pero la hermana de un bebé  recién nacido, Marian,  para tratar de salvar al hermanito  de la muerte por el decreto del Faraón,  lo depositó en un hermoso cesto de mimbres   en las aguas del misterioso  Nilo, envuelto en una  típica cubierta judía, levítica si no recuerdo mal,  para defenderlo del frío. Y la cesta de mimbre, según el deseo de Yahvé y  con el nené llorando adentro, fue llevada por las olitas  hasta la playa  donde estaba jugueteando una chica que no era otra que la hija o la esposa del faraón, y esperaba con ansiedad la llegada de un niño, un hijo, que nunca había podido tener antes.
 Así que  el niño, obviamente  el futuro famoso Moisés  -  el Salvado de las Aguas, eso significa - fue considerado regalo del cielo. Las manos alegres y temblorosas de la joven mujer  lo recogieron. Y el niño creció en la familia del Faraón y educado como un príncipe.  Egipto en ese momento era el país mas civilizado del mundo,  con la excepción, quizás, de la dinastía china Chan con  sus bellísimas porcelanas.  Pero en ese momento los chinitos  estaban todavía muy tímidos,  por allá lejos  arrinconados, y nadie sabía dónde ni  lo que estaban haciendo. Ni le importaba a nadie saberlo. Habrá que esperar a Odorico da Pordenone y a Marco Polo  de Venezia,  italianos mete-narices, para  saber algo de ellos y de sus maravillas. 
Regresamos: en el tiempo de Moisés, los Judíos de Egipto habían perdido desde hace tres largos siglos las  muchas prerrogativas adquiridos con José,  el hijo de Isaac y Raquel porque entonces los Faraones eran los Hycsos (o ETEI), amigos, indoeuropeos, quién sabe, de origen semita o asiática  al igual que los Judíos y que habían  ocupado Egipto, como ya hemos descrito.  Y tenían armas de hierro y la primera división en la historia de las Panzerdivisionen: Coches-Carros-Armados. Pero, después de algún tiempo, unos tres siglos más tarde de los días del José  casi Vice Faraón,  los Hycsos desaparecen de Egipto y de la historia. Los antes  favoritos judíos se convertirán en esclavos; como también hemos dicho antes.
 Nunca se supo si Moisés sabía de su origen judío desde  niño o si lo supo solo en edad adulta.  No importa. La tradición nos dice que él mató a un guardia cruel egipcio por un acto de intimidación en contra de un judío esclavo.  Y  tuvo que huir. Pero aquí hay algo que chirría.  Si Moisés era  príncipe, que matara  a uno o a diez  soldados no importaba.  Si  tuvo que escaparse...algo no cuadra.  Un Príncipe podía matar tranquilamente y no tenía que escaparse de nadie. 
 Bueno.  Como fuera, se escapó  al Sinaí, donde trabajó como pastor ¡por la belleza de 40 años! De príncipe a pastor, el cambio es fuerte.  Y entre una oveja y otra tuvo tiempo de casarse con una tal  Sófora y tener un hijo. Sófora era descendiente de Esaú,  el de las lentejas. Por lo tanto era Semita-Idumea pero no Semita-Israelita.  Por eso  ni  Marián ni Aarón, hermanos de Moisés,  nunca la aceptarán como esposa de Moisés y menos al hijo de ambos.
Pero un fatídico día un evento sobrenatural  va a cambiar la vida de Moisés y el pueblo de Israel.
Una zarza,   un arbusto de moras grande con terribles lenguas de fuego apareció de repente  frente de los ojos atónitos del pastor y ex­-príncipe Moisés. Y desde la zarza salió  una dulce voz de ángel que le dijo que ahora era el momento de regresar a Egipto para obedecer a Yahvé  y liberar el pueblo elegido de la esclavitud.   Moisés regresó, claro. No sé si solo o si dejó la esposa y el hijo, idumeos, y no israelitas y se llevó las cabras.  Pero regresó a Egipto. Allí se unirá con Aarón, su hermano. Se  reconocerán  a pesar de los 40 años sin verse. Convencidos de su función divina, piden audiencia al  Faraón para pedirle la liberación del pueblo de Israel. El Faraón les recibe en la corte, presentes los peces gordos de su gobierno y los inmancables sacerdotes sabios. Y aquí  se asistirá  a los sucesos mágicos de la lucha  entre serpientes, evocados por la magia.  La serpiente de Moisés, por supuesto, es la victoriosa en este duelo con las serpientes de los sacerdotes egipcios. Pero si es cierto que gran parte de lo que estamos refiriendo es opacado por las brumas inciertas  del pasado y la leyenda, lo cierto es que en aquellos tiempos de supuesta presencia de Moisés,  la persona históricamente cierta  en Egipto era el Faraón.  Nada  menos que Ramsés II, personaje real, el más grande de los Faraones de Egipto después de la caída de los Hycsos. Fuerte, valiente, capaz, cruel.  Hueso duro de roer, incluso para Moisés. Y, de hecho, de acuerdo con la historia, la fábula o lo que sea, debido  a la comilona que hizo la serpiente de Moisés, los famosos Magos - Sacerdotes de Ramsés II, se vieron  obligado a admitir que el Dios Judío es más fuerte que el Dios Egipcio.  Lo cual desencadena  la ira del Faraón furioso contra sus magos de  pacotillas, gritándoles que  dejen de decir pendejadas  y  que si no se retractan de inmediato, los enviará a desollar vivos  colgando de una ramaEde un árbol.  Así era Ramsés II, el Grande.  Un hueso para roer, decíamos, inclusive para Moisés.
Aquí, a este respecto, quiero recordar  como un manjar cultural, que el monoteísmo es la creencia en un solo Dios, uno solo  para todo el mundo.  Después de Moisés existirá un solo Dios, Yahvé,  para  Judíos y Sucesores; sucesores son los judíos-romanos-cristianos  dentro de 1200 años aprox. y  600  años después de ellos  lo serán  también los judíos-árabes - musulmanes. Antes de Moisés, sin embargo, entre los Judíos se observaba una vaga idea de henoteísmo, la posibilidad de la coexistencia pacífica entre  diferentes dioses, aunque con cierta jerarquía. Pero de una misma región o nación. En resumen, un poco como en Atenas y Roma  con el supremo Zeus- Júpiter y los otros dioses  de menor categoría pero con funciones diferentes.
 Volvamos al Faraón.
 Moisés pudo  convertir su bastón  de pastor en serpiente voraz capaz de comerse las serpientes de los magos. Pero eso no fue razón suficiente para que el Gran Ramsés II  renunciara fácilmente a aquellos trabajadores  que eran  los esclavos hebreos. Probablemente él no creía en ningún Dios, sino sólo en sí mismo, como casi siempre ocurre con los grandes hombres,  siempre muy pretenciosos, aun que se vistan de aparente humildad.  Así que a pesar de la comilona serpentina el Faraón  mantuvo su negativa inflexible de dejarlos  salir de Egipto: no hay libertad para los judíos. Y fue así que entonces  que Moisés “fue claro que te espero….obligado” a recurrir a las famosas diez plagas.  Bien crueles en sí, según los criterios de hoy día,.  Y la última de las cuales, la muerte de todos los varones primogénitos egipcios, otra matanza de inocentes, con su feroz y sombrío  dramatismo,  logró  la libertad de los judíos. Y así fue que Moisés, finalmente autorizado  por orden judicial,  con sello  lacrado y toda la parafernalia legal, pudo  comenzar  a tomar el camino de regreso a casa,  después de 600 años en Egipto.  Muy  lejos de allí, hacia la tierra de Canaán y Palestina.  La tierra de Abraham.
Camina y camina...  y la caravana de los judíos salmodiando, con o sin sus impasibles camellos   rumiando,  con una caterva de mujeres, niños, jóvenes y viejos,  y perros y gallinas  y ovejas quizás robadas en alguna parte,  con Moisés y Aarón a la cabeza, en sus funciones de líderes, con ocasionales caídas de maná del cielo como  paquetes de la Cruz Roja, esa caravana, decíamos,  llega por fin hasta orillas del Mar Rojo. Una vez llegados a las orillas sagradas, a los libres fugitivos no les dio  tiempo comerse ni un sándwich Kosher… se miran alrededor  y de lejos entrevén las tropas del Faraón que se acercan.  ¿Qué había pasado?
 El Faraón, sumamente dolorido por la muerte de su hijo, sí, les había concedido el permiso de irse de Egipto “¡Que se vayan!  ¡Que se vayan!... no quiero verlos más…”  Pero después de pensarlo un poco, más tranquilizado, había cambiado de opinión. Se había sentido  burlado como un idiota  por lo que él consideraba una superstición ridícula.   Y quería llevar otra vez  a los judíos como esclavos en su reino. Y tratarlos peor que antes.
   Y en la orilla del mar Rojo,  se dio el evento más fantasmagórico de toda la historia de nuestro mundo.  Se abrieron las aguas del mar, y los fugitivos pero ya libres  judíos pudieron   cruzar por tierra aquella  la mar que se cerró después de ellos, terrible y apocalíptica, para ahogar las fuerzas del implacable Faraón.  
Pero Ramsés  no murió ahogado. Sobrevivió. Algunos dicen que observó atónito y rabioso  desde tierra firme  la escena apocalíptica... Pero hay una corriente más moderna que sostiene la tesis del Surf.  O sea que Ramsés sabía como cabalgar las olas con la tabla y se salvó.  En alguna parte debo de haber leído también de eso.  O ¿me lo habré inventado?
Y admitiendo a regañadientes  el desastre como  voluntad del dios de los Judíos, Ramsés II, se regresó al palacio faraonil, donde lo esperaba Nefertari, la esposa de Ramsés, la eternamente enamorada de Moisés, para dar sepultura al hijito de ambos, muerto con la decima de las llagas. 

Ya los Judíos habían llegado al otro lado del Mar Rojo. Fue en esta ocasión que,  ya libres y felices, construyeron  su  Tabernáculo.  Era un gabinete, como un  santuario, que contenía el Arca de la Alianza entre Yahvé  y el pueblo de Israel. Los Judíos siempre llevaràn consigo  el Tabernáculo hasta que se construirá  el Templo de Salomón en Jerusalén. Y el Arca, que estaba dentro, será  de preciosa madera negra de acacia, chapada en oro, con dos querubines colocados encima; y  tendrá  las famosas Tablas de la Ley, un frasco con el maná, el siempre recordado maná,  regalo del cielo para alimentar a los hambrientos Judíos errantes en el desierto. Y también habrá el bastón florido de Aarón.

 Pero  un cierto día, dentro de siglos, el Arca desaparecerá.
¿Dónde  estará?
¿Quien se la llevó?
 Un sin fin de suposiciones  donde en un fantasmagórico  cocktail se unirán  involucrados   el Reino de Etiopía, los cruzados y una iglesia copta.

 Pero seguimos con Moisés, ahora. Sabemos de sus andanzas por el desierto durante 40 años. Evidentemente era adicto a las cuarentenas: 40 años como pastor y 40 años a caballo de un camello.  Y finalmente pudo ver  de lejos  el verdor de la Tierra Prometida de Abraham,  abandonada hace 600 años.
Moisés había llegado a la bella edad de 120 años. Y  al ver la Tierra de los Padres,   de lejos, bella, fértil, verde  y peligrosa, allí mismo le dio un infarto y se murió. Posiblemente por una visión profética de toda la sangre que se derramará  en esa dulce tierra  y que demasiada gente dice, y cada uno con sus razones, que es de ellos, que es su tierra madre.   
¿Por qué tantos años para llegar de Egipto a Canaán-Palestina? Se dice para purificar el cambio generacional antes de volver a abrazar a los antiguos hermanos dejados hace seis siglos, cuando la gran emigración de muchos  Judíos a Egipto en los días de José, hijo de Isaac  y ministro del Faraón, en los tiempo de carestía de vacas flacas.  Se dijo también que los 40 años eran porque estaban perdidos en el desierto por falta de una brújula o piedras miliares. Otros, como Martin Lutero, afirmaron que Moisés no cruzó el Mar Rojo, sino el mar de juncos. Algo mucho menos trascendental. Pero Martin Lutero era alemán y sabemos  que no simpatiza en absoluto con los Judíos.

 De  Moisés se habló en todas partes. Tanto la Biblia y el Corán. Llegaron también algunos minimalistas bíblicos para argumentar que ni Moisés ni el éxodo nunca habían existido. En el siglo III antes de Cristo, un  Monetane  juró que Moisés era un sacerdote egipcio resentido por algo y que  ese éxodo no era más que la expulsión de Egipto de algunos leprosos. En resumen, un revoltijo de suposiciones. Y francamente muchas cosas no son muy claras.
 Pero, gracias a Dios que existen los   estadounidenses  quienes  resolvieron  el problema con Hollywood y sus Diez Mandamientos, reviviendo Charlton  Heston , Moisés, Nefertari, Ramsés II,  Yul Brynner, Ivonne de Carlo y Edward G. Robinson.
 Y gracias a ellos  hemos entendido perfectamente.