28 jul. 2012

Post Nº 3/4 NADYA la esposa de Lenin


Nadezhda  Krùskaya (Nadya)   



¿Porque Lenin se casó con Nadya?  Nadia era feúcha, pobrecita. Una hermana de Lenin dijo una vez  que se vestía como si lo hiciera  su peor enemiga.  Tenía los ojos saltones, era flaca como un arenque.  No era atractiva, como la linda Apollinaria o como lo será la sensualísima Inessa  Armand que aparecerá más tarde, “cruz y delicia” para el enamorado pero ascético y despiadado Lenin, como lo definió una vez Angélica Balabanoba.
NADYA   LA  ESPOSA   DE   LENIN
Nadya pertenecía a una familia noble de San Petersburgo: noble pero empobrecida. Su padre, Oficial del Zar, había participado a la represión de la insurrección polaca.  Pero Nadya era anti zarista. Daba  clases  en una escuela de obreros. Allá se hizo amiga de Apollinaria. A los 22 años  conoció y se enamoró del Marxismo.  Y a los 25 años conoció y se enamoró de Lenin.  Y serán su credo y su ídolo, respectivamente, por toda la vida.
¿Porque se casó Lenin con ella?
Posiblemente  lo halagó su dedicación a la causa y a él personalmente.  Porque poco a poco ella  se trasformaría  en consejera, compañera, amante,  ama de casa, cocinera, esposa, secretaria.  Lo había conocido, joven, en una fiesta de Carnaval, lo  había visitado  en la Cárcel de San Petersburgo. Había pasado horas para poder verlo cinco minutos de lejos. Aunque  a Lenin le gustara la bonita Apollinaria, Nadya era la compañera camarada, con ella conversaba, era la esposa fiel, la tranquilidad, no era la pasión.
Lenin nunca estuvo enamorado de ella; la quería, pero estar enamorado es otra cosa. Era un hombre de hierro, en cierta forma un kamikaze. Dispuesto a sacrificarse para la causa como otros Kamikazes se sacrificaban para el Tenno, el Emperador hijo el Cielo; o como otros más adelante lo harán para conseguir el Paraíso de Allah. Temía quizás que el amor lo debilitara en sus actividades y deberes revolucionarios.  Es obvio que eso puede suceder y sucede: que el amor distraiga.  
El sabía que podría sucederle. Era un lujo que no podía permitirse.  No él.   Enamorarse  es fuente de dicha suprema    pero también  de trastornos.  Un lujo que no  quería permitirse  así como cuando, mas adelante en la vida, se impuso a si mismo renunciar  al  verdadero amor  y pasión para una mujer. En  alguna ocasión hasta  llegó a comentar  inclusive que había que suprimir ciertas condescendencias hacia la música, porque reblandecía el carácter. Solamente en Europa, durante su largo exilio, se permitirá a sí mismo, escuchar alguna vez  la Serenata al claro de Luna de Beethoven cuando Inessa, su amor trágico, la tocaba al piano,  solamente para él. Pero será en Paris.  En los tiempos del Café du Lyon. Y Paris y Capri y Europa  no eran el destierro a Siberia sino el exilio voluntario, en espera de tiempos mejores.
Allá Lenin conspiraba y confabulaba y  daba sus instrucciones y se veía con personajes claves  para producir esos tiempos mejores. Y la magia de Paris y de Capri consiguieron que se concediese algunos paréntesis voluptuosos que después la Iconografía tratará de eliminar para mantener pura la imagen ascética del Ícono.  
Total, la Nadya era el tipo de mujer que Lenin, racionalmente, había preferido como esposa. Y Nadya le aguantaba todo.  Las pocas pero fuertes simpatías amorosas que él tuvo, antes o durante el matrimonio,  fueron  momentos de debilidad que se concedió casi involuntariamente, que   trató y tratará de enmendar y  que ella aguantó.

Regresamos ahora al 2º año de destierro de Lenin en Siberia. Nadya, acompañada de su mamá, se le presentó allá, en el  fin del mundo: cerca del lago Baikal, en cuya gelidas aguas, siglos antes, se templaba el cuerpo vigoroso del joven  Temusín, mas tarde Gengis Kan.  Lenin  acepta a Nadya.  Claro que la aceptó. Quizás, a lo mejor quiso que viniera. Eso no se sabe.  Sabemos que la pareja  Ilich - Nadya vivirá tranquila  en ese oasis que fue el exilio siberiano. Ella lo ayudará  en traducciones,  en escribir artículos políticos, económicos, se prepararán para escribir  futuros libros. Y las autoridades Zaristas les darán permisos de varios días para que puedan  ser tratados por un dentista en la ciudad de Kranojark. Los trataron bien.   
En el pueblito de Shushénskoie, hasta de imposible pronunciación para nosotros,   están  otros dos exilados políticos: un profesional  polaco y un obrero ruso. Con ellos se acompañarán.  Jugarán al ajedrez donde parece que Lenin era muy bueno.  Nadya  y Lenin saldrán de compras en las tiendecitas regresando cargados de paquetitos.  ¿Te lo imaginas Lenin, el futuro grande Lenin,  con la bolsita del Mercado? En alguna parte comprará unos patines. Quizás no eran pareja para las Olimpiadas y Nadya no era Sonja Heine, pero se defendía. 
  

¿QUIEN RECUERDA A SONJA HEINE?

SONJA  HEINE
 Todos los rusos saben esquiar y patinar sobre hielo.  Se aprende de niños como nosotros ir en bicicleta. Bueno.  En  el oasis siberiano siguen escribiendo mucho  y para relax Lenin se divertirá a tallar figuras de ajedrez con la corteza de los arboles. El  editor seguirá pagándoles buenos honorarios y la tremenda Policía Zarista ni se dará cuenta del contenido fuertemente marxistas de sus artículos o libros. Por más que parezca increíble, la policía local ni le censuraba el correo a Lenin.  Quizás para ellos eran una pareja de burgueses, el  nada más que un abogado retirado que se divertía en cacerías, a patinar, en  excursiones, visitas; buen hombre y nada de malo, con la sola manía de escribir libros tediosos  que nadie nunca leería.
A principio del 1899 Nadya e Ilich  irán de paseo a otro pueblo, Minusinsk, para visitar a otra pareja de desterrados.  Allí se la pasarán jugando ajedrez  y patinando sobre hielo.
Y seguían  escribiendo y traduciendo.  Total, la estadía en Siberia fue muy proficua a los efectos del ejercicio físico y de la actividad  intelectual  político económica.
Lenin era abogado, como hemos dicho. Pero como deportado no tenía derecho a ejercitar dicha profesión. Sin embargo  nada le impedía que un buen día diese asistencia  “amistosa” a un campesino-obrero en una disputa con una mina de oro.  El campesino ganó el litigio, se esparció la voz y una buena cantidad de campesinos comenzaron a "pedir día y hora", como se dice en Uruguay,  para pedir consejos a Lenin.   Y como los campesinos así asesorados comenzaban a ganar pleitos,  la autoridad  "inteligentemente" empezó a sospechar algo de misterioso y  ¡condenó  al campesino que tenía una muy  buena defensa  escrita, porque  demasiado bien redactada! ¡Gato encerrado!   Y  así  terminó la asistencia del Abogado Vladimir Ilich  Uliánov  para sus clientes gratuitos.
 En otra ocasión, en  una carta de Nadya a su suegra, ella comentó que para el carnaval habían llegado a sus casa unos seis desterrados para pasar los  días de fiestas juntos.  Aun que con olor  a chismes, si es  verdad  que esas noticias son ciertas, como parece que sean, eso demuestra que el tan cacareado exilio en Siberia, por lo menos      en los tiempos del Zar, no era tan despiadado como se decía.                                           
Al fin se acercará el final del destierro. Nadya comentará que su Ilich se ponía más y más nervioso, hasta en estado de febril excitación; que dormía mal, casi no comía  y comenzaba a adelgazar violentamente. El  fatídico día 10 de febrero de 1900  Nadya con su mamá y con Lenin  abandonarán  la aldea que los había  acogido por tres años.  Entre viaje en rio, carretas y ferrocarriles llegaran a la ciudad de  Ufà, la originaria destinación  de la  Krùskaya  donde ella deberá terminar de pasar  unos meses para  completar los tres años de su condena. 
 Pero Lenin no era Nadya. 
 Lenin no se quedará con su esposa para acompañarla en el destierro.   ¿Será porque le era prohibido quedarse en ciudades relativamente importantes como era Ufà?  ¿O será  porque Lenin sentía la fiebre de la revolución y dejó sola a la esposa en el destierro para  seguir su llamado de predestinado,  el gran llamado  de la Causa?
¿Se sentía como Eneas en búsqueda de su Destino Fatal?



16 jul. 2012

Post nº 2/4 APOLLINARIA YACUBOVA

Apollinaria Yacubova.  


Hay que aclarar que  los amores de Lenin, aun que no eran una caterva  tan numerosa como los de ese atleta del sexo que será  su ex  colega, el ex   socialista  Mussolini, han sido censurados y estudiados y vistos a través de la lupa de la policía soviética que   cuidaba al máximo todo lo  relativo al supremo  ícono del Socialismo Soviético. Nada debía manchar su reputación como Santo del Comunismo. Una infinidad de fotos han sido retocadas, máxime las de los dos periodos que Lenin pasó en aquella  isla de ensueño que siempre ha sido Capri, cerca de Napoli, donde llegaban los VIP de la época. Fueron retocadas más de una vez para evitar que se reconocieran personajes,  hombre o mujeres o políticos o industriales y militares  prusianos   que aparecían comprometedores en las fotos originales. Así que las noticias  y fotos de la Apollinaria  Yacuboba, intestataria de èste blog, también son dudosas. Al punto que yo no he conseguido ni una.   Parece que la muy linda y joven   activista del movimiento  revolucionario fue  su primer amor. Se dijo también, en alguna parte,  que el relativamente joven Ilich (cariñosamente Volodia) le propuso nada menos que matrimonio; una institución  que dentro de poco será considerada reminiscencia burguesa para dejar espacio al amor libre socialista. Y parece también que Lenin recibió un franco NIET, porque “las cosas del corazón no tenían nada a que ver con la política”.  Pero seguían viéndose, aparentemente. Y un buen  día la linda Apollinaria invitó a una amiga, menos bonita que ella, inclusive feúcha,   según algunos, para que fueran las dos a  una fiesta revolucionaria secreta.



VOLODIA 
La amiga era Nadezhda Krùskaya,   (Nadya) también ella maestra de escuela,  nocturna, para los trabajadores y   obviamente revolucionaria, que  se enamoró “de ese joven muy interesante de la región del Volga”.  Participaron juntos a una fiesta de Carnaval y a  otras reuniones con varios marxistas de San Petersburgo. Aparentemente Lenin  aún  siendo enamorado de la Apollinaria no desdeñaba tampoco la compañía de la Krùskaya halagado y complacido por  su lealtad y  apoyo. Sin embargo seguía viéndose con la Apollinaria a pesar del NIET.  Con la Krùskaya   disfrutaba de conversaciones revolucionarias  con contornos de comiditas caseras en la cuales la socialista   enamorada demostraba especial habilidad culinaria.
Pero llega el 1895.  Como ya dicho Lenin había ido brevemente a Suiza, a Berlín y Paris para estudiar  el movimiento obrero de Europa. Regresa a  Rusia. Y tan pronto regresa, siempre en 1895,  la policía lo recluye en la cárcel  de San Petersburgo, en prisión preventiva.  En este sito pasará 14 meses, en espera de juicio, sentencia y  casi segura condena.  Pero Lenin con el tiempo se había transformado en experto de reclusiones. Conocía perfectamente cómo se desarrollaba la situación de los presos políticos.  Cómo hacer para mantener comunicación con los compañeros, sea presos o en libertad y hasta con los compañeros del exterior.     Se había especializado  en fabricar tinteros de pan para  escribir “invisible”, usando leche en lugar de tinta negra.    Y el papel, colocado   por el destinatario al lado de una llama de vela, se calentaba y el escrito aparecía, milagrosamente!    En mi época, en Italia, usábamos jugo de limón. Mismos procedimientos, aun que no con los mismo fines.  Nosotros, yo especialmente,  escribíamos cartas normales, con  noticias de ningún carácter trascendental a las chicas  compañeras de liceo que nos gustaban. Ellas recibían las cartas con sentido de complicidad. Iban a sus casas y  encerradas en sus habitaciones o en el famoso baño testigo mudo de tantas intimidades, prendían la velita y leían las  frases de amor tan fogoso,  excitante  y atrevido  que casi el papel se prendía solo.  Sin vela. Pero eso sucedía a nosotros, hijos de una sociedad degenerada. Lenin usaba esas artimañas para la victoria de la Dictadura del Proletariado.   
Bueno. Pido perdón por la variante.Y las que seguiràn.
 Desde esta prisión de San Petersburgo Lenin comentará  a su hermana Anna “¡ Cuántos tinteros he tenido que comerme !”.
“Menos mal que estaban hecho de pan y leche…” le contestó ella, alarmada.  
De alguna manera Lenin lograba comunicarse también con su mamá y le pedía que les mandase a la cárcel ropa y cosas de primera necesidad. Llegó por fin el día del interrogatorio.   Lenin  con la cara más inocente del mundo supo contestar que no sabía nada de nada, que los papeles antigubernamentales que la policía encontró  en su casa  estaban allí por casualidad  ya que se los  había entregado en la calle un  desconocido  cuyo nombre ignoraba, obviamente. Y con esa carita de "yo no fuí", los terribles inquisidores le creyeron, en parte.      
 En la cárcel se le permitía recibir visitas dos veces por semana y  alimentos de afuera, varios días a la semana. Pudo recibir los libros que quería al punto que su habitación estaba repleta de ellos,  algunos de los cuales   prohibidísimos por la censura Zarista.   En uno de sus mensajes “a la leche”, Lenin pidió a  Apollinaria y a Nadya ( Nadezhda) que pasaran por cierta calle de San Petersburgo donde él pudieras verlas  aun que por poco tiempo, durante los paseos que daban los presos en los corredores de la Prisión.      Nadya acudió a la  cita  y confiesa que “por algún motivo Apollinaria no pudo ir”.  Así que fue ella sola  y  varias veces, para hacer saluditos  cariñosos con la mano al peligroso preso político. Las cosas son dos: o Apollinaria se cansó de un amor entre rejas, o la Nadya feúcha le tenía miedo a la bonita Apollinaria y por más camarada y compañera que fuera prevaleció la mujer y alejó  una posible rival peligrosa. 
A nuestro preso seguían llegándole alimentos y bebidas de la familia: “con todo el té que me ha llegado podría abrir una tienda”, confesó una vez riendo a un compañero de prisión menos abastecido.  Dormía nueve horas diarias y leía y escribía mucho.  Hacia traducciones. Con la hermana María confesaba que lo bueno era alternar lecturas serias con otras más livianas y jugar ajedrez.   En fin, la prisión la de San Petersburgo, de època zarista,  no tenía nada a que ver a lo que serán las prisiones de la época de Lenin y de Stalin.

Por fin llega el 10 de febrero de 1897. El Ministerio de Justicia  decide y ordena para Lenin  destierro por tres años en Siberia.  La noticia llena de alegría a la familia que temía una pena más larga.
Y el 28 de febrero, aun que por pocos días, Lenin fue  puesto en libertad!  Si, una vacación antes destierro. Antes de irse a Siberia.
Pasará el primer día viéndose con la mamá, las dos hermanas y la Apollinaria.  La Nadya, pobrecita no pudo participar a la fiesta de reunión familiar porque estaba presa no sé donde por sus actividades revolucionarias.  Fue una revancha  en el match Apollinaria  vs  Nadya? 
¿Qué había sucedido  además de eso?
 Había sucedido que  la mamá de  Volodia había conseguido algo increíble: que su hijito  pudiese ir a su destinación en Siberia usando sus propios medios y no obligado a las normas del tren reglamentario de los desterrados. Y no solamente eso le fue concedido  por la inhumanas autoridades zaristas sino que la mamá, pensándolo mejor,  opinó  que “debido a  la salud no muy férrea de Volodia, ¿no sería mejor que el destierro en Siberia… pero  como Siberia era tan grande …”   y se atrevió por fin a preguntar  “ ¿Se le podría mandar  a una localidad con un clima un poco mejor y no donde se moría de frio?”.
  Y las  Autoridades zaristas, siempre despiadadas, aceptaron cambiar un poco el destino originario y que Lenin fuera a la ciudad de Kranojark, en la Siberia del sur  y que  las Autoridades  locales decidieran  ellas   el sitio definitivo.  
 Y le conceden,  increíble a creerse,  el  permiso  de pasar una semana en Moscú   para despedirse de sus amistades.

 Así que Lenin  partirà por su cuenta,  llegará a Kranojark  y allí esperará el convoy reglamentario con los demás desterrados.  Las distancias eran y son inmensas  en Siberia. Viaje por tren, después por barco en un rio larguísimo, el Yanisei  y después viaje por tierra con carretas de campesinos.
Llegado a Kranojark conocerá un rico comerciante propietario de una estupenda  biblioteca. Se harán amigos, pasará muchísimas horas con él, en su mansión y allí recibirá revistas y periódicos de San Petersburgo y de Moscú que le manda su mamá.  A los dos meses llegará por fin el lentísimo convoy carcelario,  con sus compañeros, futuros bolcheviques.  Y por fin le comunicarán el sitio de destierro, que será  Shushénskoie, una aldea  bien alejada  de todo, donde  llegará acompañado   por dos  guardias  y entregado al único policía del pueblo. Para tener una idea, esa aldea está  mas o menos cerca al Lago Baikal y no es facil conseguirla en los mapas.  De verano 30 grados y de invierno 30 tambien. Pero esos 30  de invierno serán bajo cero.
30 grados bajo cero son una enormidad, para nosotros gente normal. Pero para esos casi esquimales, los "menos" treinta comparados con los "menos" 50 de otras zonas de Siberia eran un clima casi tropical.
Y en ese casi trópico pasará los tres años previstos del destierro. 
Debido a que había declarado de no tener medios  para vivir ( sic ), la oficina de gobierno le creyó y asignó siete rublos  mensuales para mantenimientos. Y eso servía para alojamiento, comidas y lavado de ropa. Pero económicamente nuestro preso político se defendía bastante bien ya que no se cual editor  marxista  de San Petersburgo le ofrecía de 100 a 200 rublos por cada artículo que él escribiera, lo cual  era una cifra muy alta para la época. Además le aseguran traducciones de obras extranjeras ya que Vladimir Ilich hablaba varios idiomas. Y  al fin de cuentas  estaba siempre dispuesta  la mamá, dulce mamá,  para cualquier cosa que él solicitara.
 Lenin  ha sido  un hombre sumamente inteligente, capaz,  gran luchador  y de enorme  voluntad,  serio, enteramente entregado a la causa del comunismo,   a la cual creía y para la cual sacrificará sus amores y mucha parte de sí mismo.  A pesar, quizás, de ciertas dudas expresadas en su lecho de muerte, siempre persiguió, inflexible consigo y los demás, lo que consideraba el  justo ideal político, costara lo que costara.  Que el destierro de tres años en ese pueblecito de Siberia haya sido en realidad un periodo de relax, para él, no le quita nada a su valor como  individuo de lucha. Para insistir sobre la aureola  de santo, no se puede mentir hablando de   destierro cruel. Fue todo lo contrario.  El concepto de castigo no existía en ese destierro. Lo que podía aterrar era la idea de estar metido en un rincón perdido del mundo, lejos de todo y de todos,  un pueblito entre Siberia y Mongolia.  Por lo demás era sumamente aceptable, mucho menos peligroso para Lenin que los años futuros, incluidos  los seis años que duró su gobierno en la Unión Soviética, del 1917 al 1924, cuando murió precozmente. Él mismo escribirá a su familia: “…Sushenshcoie no es un mal pueblo. Tiene buen clima, no es caro. Voy a caza de perdices y de patos…me siento bien,  hasta he engordado… me he puesto bien oscurito de piel que  parezco un campesino siberiano… Hay que ver lo que se consigue con la caza y el campo!  Y escribe y escribe, claro.
 Y al segundo año, en el 1898, Lenin se casará. ¡Con Pope y todo ¡ Se casará con  Nadya, con la Krùskaya.

NADEZHDA  KRÚSKAYA ( NADYA)
  Resulta que ella, la muchacha revolucionaria, la que le saludaba con la manita en su cárcel de San Petersburgo,  había sido condenada a tres años de exilio no recuerdo donde.
 Pero ella  también, como la mamá de Lenin, tuvo el valor de pedir al despiadado juez Zarista si podía pasar eso tres años de condena al destierro con su novio que estaba  exilado en Sushenshcoie.  El juez aceptó pero a condición que fuera su esposa. ¡Seguramente Nadia no esperaba tanto!  Yo apostaría a que Nadia le dio o quería darle  un sincero beso de agradecimiento a tan comprensivo juez: pero,  cuidado, eso lo digo yo, no lo he leído en ninguna parte. Total  que la autoproclamada novia aspirante a esposa por razones administrativas,  partió con su mamá y se presentó al pueblo donde Lenin cazaba patos   y se casaron.  No solamente matrimonio, sino matrimonio religioso; el único reconocido en Rusia. 
Y colorín colorado,  el amor de Apolinaria   se ha terminado...
y colorado colorin, Nadya se transforma en la señora de Lenin.

Que pasó con Apollinaria?
Parece que nunca más se vio con Lenin y que, creo en 1905, en la época del fallido conato de revolución que agarró Lenin en Suiza, la compañera Apollinaria  Yakupova se retiró de la política.  

                                          Fin de Post N 2/4

9 jul. 2012

post N1/4 Las Mujeres de Lenin INTRODUCCION

'8 JUNIO 1912

POSTO 1/ 4  
                                                      

                                                      INTRODUCCION


VLADIMIR ILICH ULIÁNOV  
Para entender mejor las historias de las tres mujeres (o cuatro, según otros) que han sido compañeras, camaradas, esposas o amante de Lenin hay que dar un vistazo  aun que rápido a la Rusia de aquellos tiempos, de fin del siglo XIX e inicios del XX.  En la Santa Madre Rusia,  así la  llamaban,  quien   mandaba con poder absoluto era el Zar Alejandro III Romanov, osco y autócrata, que había revertidos las tímidas   concesiones “democráticas”      de su padre. 
ZAR ALEJANDRO III  ROMANOV

 Se murió casi repentinamente  y joven, a los 49   años.  La Corona  pasó, según los cánones, al hijo Nicola II, en 1894: buenísimo muchacho;  después  muy buen  hombre,  excelente esposo y padre, pero que no tenía ninguna gana y posiblemente ninguna capacidad de estadista como confesó llorando a su primo, Alejandro Michajlovic Romanov: No estoy preparado para ser el Zar. Nunca he querido serlo. No sé nada de cómo se gobierna. No tengo la más mínima  idea de cómo se habla a los ministros”.  El padre, el zar Alejandro III,  agarrado de sorpresa  por  la enfermedad  que puso fin a su vida, evidentemente pensaba  ser eterno además que ungido de Dios y no había todavía considerado el momento  para  dar una educación de gobierno al hijo querido.
FAMILIA DE  NICOLA  II  ROMANOV

 Pobre Nicola II: no le interesaban las cosas del Estado. Amaba a su esposa  y en una ocasión hasta escribió en su diario: Con Alix, (Alejandra d´Assia) mi esposa, soy inmensamente feliz. Lástima que las cosas de gobierno me ocupen tanto. Todas esas horas preferirías pasarlas con ella…”.  Magnifica declaración de amor, que enorgullecería a cualquier mujer; pero inapropiada para quien debería prepararse para ser un verdadero jefe de Estado.
Al tener conocimiento de la verdadera personalidad del zar Nicola II Romanov, sin recurrir a las propagandas soviéticas de la época, aumentó mi estima y consideración hacia él.  Pero solamente  hacia el hombre privado no al hombre público cual era; aun que  sí, como estadista, se puede afirmar que  ha tenido  destellos  sorprendentemente apreciables. Por ejemplo: cuando recibió con la tradicional  pompa la corona de Zar y el titulo de Basileus de la Iglesia Rusa,  se derrumbó aparatosamente una construcción provisional para los festejos: murieron casi 1500 personas.  El primer impulso del joven monarca, muy afectado emotivamente por esas muertes repentinas, fue  de suspender todo  tipo de festejos. Los de la Corte y sus consejeros  se opusieron  firmemente: “al fin se trataba  de poco más que siervos de la gleba.”   El joven Zar       tuvo que seguir sus consejos, casi órdenes;  pero  a pesar de haber exigido  una fuerte  compensación económica para las familias de los afectados sin embargo fue objeto de  las primeras  y crueles críticas de parte del ambiente intelectual moscovita.  Otra decisión que él tomó y que  ésta vez le granjeó las simpatías de la Corte de Moscú y San Petersburgo,  fue la de  ir a vivir con su esposa e hijos en un “pequeño” Palacio,  en las periferias de San Petersburgo, donde prefería un ambiente sobrio  y lejos de las mundanidades de las Cortes.  Pero donde el nuevo Zar tuvo de verdad destellos de estadista fue  apenas dos años después de ser coronado. Propuso a la comunidad internacional  (en realidad a los países más importantes de Europa y del mundo) el desarme y la paz mundial, haciendo referencia a las consecuencias económicas y morales de la carrera a los armamentos.  Y escogerá la ciudad de la Haya, en Holanda, para la primera conferencia y poder  llegar después a la Primera Convención de la Haya.  Obviamente los únicos países que recibieron muy fríamente esa invitación, fueron las  potencias imperialistas de la época: Inglaterra y Alemania: no tenían ningún interés al desarme.  La propuesta del  desarme mundial presentada por el Zar fue rechazada.  Pero se pudieron prever normas bélicas que, aunque nunca fueron observadas al 100%, sin embargo han  sido  de alguna utilidad: no golpear a los civiles, no destruir construcciones civiles, no usar gases, dar cierto trato humano a los prisioneros de guerra e, importantísimo, recurrir al Tribunal de  la Haya para mediaciones en conflictos de varios géneros  entre Estados. Fue algo muy importante y en cierta forma trágica y cómica  que esta iniciativa vino del más “autocrático” monarca de la Época; y quien fue, al mismo tiempo, el más caballero de los gentleman y se transformó trágicamente  en  victima  de las contradicciones de ese periodo de fuertes transiciones.  Será por eso que Lenin, el  ”despiadado” Lenin, que sabía todo eso,  parece que lloró cuando les comunicaron que toda la familia del Zar, esposa, hijos, sirvientes y hasta perros, fueron aniquilados por una facción de los Soviet de los Urales. Primero   fusilados y después ultimados con bayonetazos. Sus cuerpos, despedazados,  en parte fueron disueltos en acido sulfúrico por temor que  fuesen descubiertos por los Rusos Blancos de la Contrarrevolución.  Pero Lenin no había ordenado eso.  Será también por ese motivo que, hace poco, con la caída de la Unión Soviética, lo que quedaba de los pobres restos de la familia Romanov fueron recogidos y sepultados en la Iglesia de San Pedro y Pablo en San Petersburgo. Y,  además,   canonizados en el año 2.000: San Nicola II, San Alexey Romanov, Santa Alejandra d`Assia, Santa Olga y Santa Tatiana y Santa María   y Santa Anastasia.
 
 Quien lo hubiera dicho, ¿Míster Lenin?
Faltó que hicieran santos también a los dos peritos mascotas de las hijas,  ya que los soviéticos fusilaron  también  ellos por ser  perros burgueses. 
En fin, los acontecimientos políticos se habían sucedido y se estaban sucediendo con una cierta velocidad. La Revolución Francesa había llevado  desde poco tiempo nuevos ideales en toda Europa y  también  de reflejo a aquella sucursal de Europa que era América.  Y también  en la Santísima Madre Rusia, aun que la mayoría de la población viviera con tradiciones  y creencia medioevales,  entre las nuevas generaciones de intelectuales se había puesto de moda ser anti zaristas y  fautores de libertades, hasta ser socialistas y  hasta con simpatías anárquicas. Había máxime en Europa, en Suiza en Francia, en Alemania, en Inglaterra nuevas corrientes de pensamientos, de  filósofos, de políticos. En las Universidades se olían tiempos nuevos, los jóvenes  que iban  estudiar en Europa regresaban a sus tierras más adormecidas con las nuevas ideas de libertad que se estaban imponiendo. Son ejemplo de eso una serie de damas heroicas e inteligentes rusas, como la Balabanoba, la Kulischef, de las cuales he comentado algo en este blog.
 Justamente ese era el ambiente de Rusia, quizás el más adormecido de Europa, el del Zar Alejandro III,  donde  había nacido Vladimir Ilich Uliánov. Era un coctel de razas: tenia mezclas de sangre alemana,  mongola, rusa y judía. A los 17 años  probablemente presenció un acto que lo marcó para toda su vida: el ahorcamiento o fusilamiento  de su hermano mayor, por un fallido atentado al Zar Alejandro III. De allí nació un odio visceral de Lenin  a los Romanov; y  sin embargo es interesante observar la contradicción emotiva que sintió al aprender la noticia del exterminio de la inocente familia de Nicola II. Pero eso sucederá 30 años después. Contradicciones que se verán más de una vez en Lenin, entre su emotividad  “burguesa” y la idea revolucionaria: emotividad que a toda costa  y con sufrimientos quiso suprimir para no quitarle espacio a la racionalidad e inflexibilidad de la Causa.   En tres ocasiones se supo que Lenin había llorado y sinceramente. Mussolini una sola vez. Y Stalin, nunca. Pero de eso hablaremos más adelante.
 El mismo año, 1887, fue arrestado por primera vez, por una protesta estudiantil que le costó la expulsión de la Universidad donde cursaba  derecho. Gracias a cierta intervención de su mamá, quien lo ayudará en  otras tantas varias ocasiones, logrará graduarse en 1892. Se dedicará a dar asistencia legal a obreros y campesinos pobres. Después, para estudiar el movimiento obrero europeo, saldrá  de Rusia,  irá a Suiza, Berlín y Paris.  A su regreso  lo acogerá  su primera prisión, en San Presburgo.  Y se quedará  allí por 14 meses, en espera de condena definitiva y decisión sobre la destinación.
 Y ahora aquí hay que hacer una consideración: las prisiones de la Rusia Zarista no eran ciertamente hoteles de cinco estrellas. Ninguna prisión en cualquiera otra parte del mundo tampoco lo era ni sería justo que lo hubiera sido o que lo fuera hoy en día.  Había un sistema policial y de represión bien comentado en la Carta que  León Tolstoi  escribió al Zar Nicolás II en  1902. Pero lo que  salta a la vista  a la gente de hoy en día,  ya un poco alejada emotivamente  de esos acontecimientos, es la enorme diferencia entre las prisiones, relativamente malas de la época zarista  y las prisiones despiadadamente peores  de la futura Unión  Soviética : los tristemente famosos  Gulag.   Pero Tolstoi a esos  no los vio y pudo morir, quizás, sin decepcionarse y con  el sueño de un futuro mejor.  

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1 jul. 2012

Post Nº 10/10 Claretta Petacci

Claretta Petacci Federici                                                            
  
Roma 1912..Milano(Como) 1945
                                                                                                             





Bella muchacha romana, nacida en 1921.  Tenía 30 años menos que Benito Mussolini. Fue su  última  amante. La que quiso morir con él.
Esa chica, aun adolescente, se reveló fanática admiradora del Duce. Su cuarto no estaba tapizado de fotos de las estrellas de cine como suelen hacer las jovencitas. Estaba tapizado con fotos del Duce, su ídolo. Ídolo también, en esa época, de muchas otras mujeres italianas y extranjeras. Infatuaciones juveniles, pensaron los padres y no le dieron importancia. Inclusive, esa chica se casó con un Aviador Militar. El cual casamiento no impidió el seguir de la admiración de la muchacha, ya señora Federici, para el hombre de los destinos de Italia. Y tanto hizo, rogando a su papá, el médico Petacci, persona importante por ser el Médico Arquiatra personal del Papa, que el papá y el Papa le consiguieron nada menos que un entrevista personal con Mussolini. Era el año 1932. Ella tenía 20 años y Mussolini 49.




CLARETTA PETACCI
Ella lo miró, hipnotizada por sus ojos profundos y él con la misma mirada profunda pero fija un poco más abajo de los ojos de ella, allí donde la juventud prorrumpía floreciente. Ella estaba casada. Pero fue un detalle de poca importancia que legalmente se eliminó con una separación en 1936 pero que ni mínimamente impidió el nacer de una relación amorosa. Ella fue siempre devota a su Ben, como llamaba a Mussolini. Por años ella salía de su casa, a las 3 o 4 de la tarde, iba a Palazzo Venezia, donde estaba la Oficina de Gobierno del Duce. Y allí, tranquila, se sentaba en un salón de espera y esperaba por horas leyendo revistas. Hasta que por fin Mussolini la recibía. Pero eran encuentros breves, que escasamente pasaban de la media hora. Todas las altas esferas del poder estaban al tanto de esa pasión “duradera” de Mussolini. Estaba al tanto la pobre esposa Doña Raquele y la familia de Claretta. Pero parece cierto que esta última, especialmente su hermano, comenzaron a aprovecharse siempre mas y mas del poder que conscientemente o inconscientemente ella tenía. Pero que tenía.
 Parece que de eso se aprovechó el hermano Marcello, siempre despreciado  por el grupo de los fieles de Mussolini. Más o menos en el 1939 la familia de Claretta, ella incluida, se transfirió en una mansión de lujo, la Villa Camilluccia. 

Años después, cuando la estrella de Mussolini había ya dejado de resplandecer, el nuevo gobierno antifascista confiscó esos bienes, suponiendo que habían sido adquiridos con dinero del estado. La familia Petacci se opuso y el tribunal  le dió razón y declaró infundada la denuncia. Le devolvieron la Villa Camilluccia a los Petacci. De muchísimas cosas malas se puede acusar a Mussolini. Pero el fue siempre muy correcto en eso. "Por lo menos en esto", dijeron sus enemigos a regañadientes.  A Mussolini el dinero no le interesó nunca. El quería algo más que el dinero. El dinero es de mercaderes. El poder es de los conquistadores. Y él quería nada más que el poder. Y lo tuvo, sin duda.


Pero también el poder tiene su ocaso. El Rey Vittorio Emanuele III de Saboya le había otorgado  sua sponte a su primer ministro Mussolini  una Orden que lo hacia nada menos que Primo del Rey;  había recibido con beneplácito de Mussolini la corona de Rey de Albania y la  de Emperador de Etiopía.  Pero los sacrificios, las tensiones y malhumores en Italia aumentaban día a día por una guerra que no se había querido a nivel popular y que se veía ya inexorablemente perdida por el enorme poderío Norteamericano.
El Rey comenzó a preocuparse por su Dinastia Saboya y por Italia: en ese órden de prioridades.
Y  manda a arrestar a Mussolini. 
Scorzeny, el 007 Nazi, lo liberará en una rocambolesca operación peligrosísima.

Liberado por las SS

 Pero Mussolini era ya hombre cansado y acabado. Lo recibió con calor el Canciller Hitler. Parece que Mussolini quería ya retirarse quizás en Suiza, quizás en España. Pero le dijo que sí a Hitler. Que seguiría con él. Italia y Alemania juntas. El Pacto de Acero. ¿Con entusiasmo o sin entusiasmo?
Y fundó la República Social Italiana en el Norte de Italia. Los italianos se dividieron en dos bandos en una  guerra fratricida violenta, absurda  e inútil.

Claretta siempre estuvo a su lado, aun que parece que más de una vez en los últimos tiempo él haya tratado de alejarla de sí mismo. Quizás empezaba a sentirse  solamente cansado;  de todo y de todos. Total que un buen día la señora Petacci se presenta para ser recibida y Mussolini no la quiso recibir. Quizás ¿el mismo trato que años atrás le había dado a la Margarita Scarfatti? Pero Margarita Scarfatti era una Dama. Claretta no, era una mujer todavía joven e irreverente y no era una Dama. Se abrió camino a codazos y groserías entre los estupefactos canes cerberos de guardia, subió a su despacho; lo afrontó y lo retó. Mussolini ya no era el joven vigoroso de antaño. Quizás era solamente un hombre decepcionado que ya sabía que había perdido la guerra y sus sueños de gloria. Posiblemente también algo la quería a esa muchacha romana. A su manera. Pero  la quería. Terminó por aceptarla. Desde entonces la Claretta Petacci se quedó siempre a su lado. Poco después vino el fin, con Mussolini ya destrozado moralmente, apoyado a una pared en la espera de que un partisano le fusilara: “Dispárenme al pecho!” fueron sus ultimísimas palabras, fuertes como una orden. Su última orden.

Mussolini, la Petacci y otros  Jerarcas
 Ella, la Claretta Petacci, de 33 años, con ímpetu de mujer enamorada, se tiró encima de Mussolini, para cubrirlo  a él,  al hombre que ella siempre amó y veneró, gritando: ”No.., No…¡Mussolini no debe morir!...” y con su cuerpo lo defendió de la primera ráfaga de metralleta.

 Ya no pudo escuchar la segunda.                                                                                                               


 Los cuerpos de Claretta Petacci y de Benito Mussolini, junto a otros varios Jerarcas Fascistas, fueron colgados por los pies con ganchos de carnicería en una Estación de Servicio en la Plaza Loreto de Milán. Los bomberos lavaron con sus mangueras de agua esos cuerpos sobre los cuales se había ensañado el público exultante sediento de venganza. Solamente un sacerdote presente tuvo un acto de piedad. Cuando iban a colgar al gancho la Claretta Petacci, por los pies, el sacerdote se dio cuenta que la mujer no tenía nada de ropa íntima.


Mussolini y la Petacci desfigurados, en la Morgue




El bruto deseo de venganza se había enseñado contra el cadáver de la mujer, desnudándola y  ultrajándola salvajemente con un mango de  escoba en sus genitales. Entonces el cura trató y consiguió que el vestido pudiera parcialmente cubrir, amarrándolo con una cuerda de los bomberos, las piernas desnudas y otras partes del cuerpo martirizado y sangrante.

Y así terminó, trágicamente, la vida del Dictador de Italia y de su amante. 
Varios pueden ser los juicios sobre Benito Mussolini y contradictorios.

Pero la actuación de la última mujer que lo amó, merece la mayor estima y respeto.
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Así saben amar las mujeres.

Saben llegar a unas cimas que nosotros los hombres ni soñamos.
Y que probablemente no merecemos.

                                            F I N