1 abr. 2015

2ª EDIC. ESPAÑOL- 9/100 LOS JUECES ( SANSON)

9/100                         
                                     Los Jueces
                             (Sansón, A. C. 1100) 



Cuando se murió Josué, el Guerrero, la sagrada guerra de reconquista  aún no se había completado ni todavía los viejos-nuevos hijos de Israel se habían bien re-establecidos en la nueva-vieja tierra de antaño. Tomará siglos para que el Reino de Israel finalmente pueda unificarse.  Y cuando eso sucederá  tampoco durará mucho tiempo: solamente el periodo de tres reyes Saúl, David y Salomón.    
Este período, anterior a la monarquía y que será cerca de tres siglos, se llamará de los Jueces o Libertadores.
Las diferentes tribus tenían cierta independencia, inclusive a veces luchaban entre sí, pero tenían casi todos los mismos enemigos: cananeos que sobrevivieron a las masacres, los beduinos vagantes entre las dunas, maestros en ocultarse  y los filisteos en la costa. Pero se dio solamente con  Josué la despiadada terrible guerra a muerte  contra los cananeos y los demás habitantes de Palestina. Solamente con él se vieron pueblos enteros  en fuego y llamas: aldeas completamente destruidas y  la matanza y sacrificio de los habitantes, todos y cualquier cosa que se respiraba. Todo, absolutamente todos, menos la prostituta de Jericó, amparada   y en las gracias de Yahvé.
Ya lo hemos dicho.
Pero después de ese inicial furor de sangre y destrucción,   con el consentimiento y la bendición de Yahvé, por fin el pueblo de Israel comenzó a aceptar la idea de vivir juntos, en santa paz,  con grupos de residentes.
Sin embargo, como es obvio, ¿qué sucede? Esta actitud de convivencia, comenzó a producir  ciertos  cambios en las costumbres de todos. Se empezó a ver lo que ahora podríamos llamar  una especie de globalización, de democracia, de modus vivendi, de tolerancia religiosa reciproca.  Se empezó a pensar que podrían ser aceptados otras personas con sus otros dioses.
Pero… ay ay ay Yahvé ¡no era un Dios cualquiera!
Él no podía aceptar esto. Él era autocrático, exclusivista, el absoluto. Por supuesto esa voluntad de Dios la manifestaba al pueblo el sacerdote, el rabino, amparados por el conservador en general, y que con ese cuentecito de la tolerancia hacia los demás veía  disminuir su propia importancia, su autoridad y su exclusividad como intérpretes infalibles de la voluntad divina.
Y a mi me sa’tanto, se dice en Roma, me sape(tengo la impresión que…) que los sacerdotes de hoy en día no son tolerantes porque sean realmente convencidos de su tolerancia, sino porque ahora es imposible no ser tolerantes.
 La grey se pone siempre  un poco más crítica.  Cambiar para no cambiar, entonces, como dijo el Príncipe de Salinas, con su  aparente paradoja.  Así que  los hijos preferidos de Yahvé comenzaron a entender y convivir con los otros, y naturalmente concediendo donde se debía y podía conceder en aras de un convivir más o menos aceptable.
Pero los benditos sacerdotes,  que siempre se consideran a ellos mismos  los únicos interpretes de la voluntad divina decían que  por esa constante  mayor tolerancia  hacia los otros y sus ritos, se producía  la ira de Yahvé. Y que de eso provenía  el consecuente justo divino castigo  al pueblo elegido. Y para castigarlo le enviaba  otro grupo étnico, otro enemigo,  otro extranjero,  que los dominaba.  La ira de Dios es la voluntad de Dios. El dominio del enemigo es voluntad  de Dios.   Es un fatalismo  que existirá también con la sumisión  a la  voluntad de Allah, en el Islamismo y che se revela en el dicho italiano, muy antiguo, de que non si muove foglia che Dio non voglia. (No se mueve ni una hoja si Dios no quiere). Así que, como ejemplo, el enemigo,  Nabucodonosor, lo será por voluntad de Dios. Y con ese razonamiento todavía mucho mas tarde,  inclusive  Roma y después  Hitler  en sus respetivos momentos serán considerados por algunos como instrumentos  de la voluntad de Yahvé.
Bueno. A continuar.
¿Qué pasó entonces, en aquella época? El pueblo elegido llora su pecado, pide disculpas y perdón. Yahvé, reafirmada con satisfacción su autoridad exclusiva, envía un Juez Libertador para liberar al pueblo elegido del yugo extranjero. Pero, los hombres son débiles, y al rato la gente va a volver a la tolerancia  de ritos de otros, con el consecuente pecado y ofensa a Dios. Y a continuación, se reinicia  el ciclo de la pena, del llanto, del perdón por la benevolencia divina  y la posterior llegada de otro Libertador.
Y esto se produce a repetición  durante todo el período de  300 años, con  los jueces, como dije.
Durante este largo período de tres siglos aparecerán  interesantes figuras de héroes-libertadores.
Normalmente las personas serán de origen humilde y, hecho interesantísimo, incluso habrá mujeres que serán capaces y famosas; casi siempre  sin marido o con un tipo tranquilo de poca importancia.
Veamos algunos:   Entre esos Libertadores estará Ehud, un hombre muy pobre  pero de valor y determinación: él no posee ni un cuchillo,  se fabricará uno muy rudimentario y ese rudimento lo hundirá en el grasoso  vientre del Rey enemigo. Se liberó a la nación de la dominación extranjera.
Otro fue el caso de Débora, profeta y mística cantante de himnos sagrados. Estaba casada con un Lappidor, un tal cualquiera, insignificante. Ella se sentaba debajo de un árbol y la gente se le acercaba  para obtener justicia en diversos eventos. En una ocasión Débora fue capaz de organizar una revuelta contra un cierto Yabín, importante rey de Canaán, y lo vence. Con el ejército cananeo aplastado,  el general enemigo, Sisará, busca aterrorizado un refugio que considera  seguro en la tienda de Yael, una mujer judía de modales suaves. Esta mujer  interpretará de manera muy amplia la ley de la hospitalidad en vigor entre todos los pueblos del desierto. Le ofreció refugio en la tienda y hasta le dio refugio en su cama.  Pero cuando el general se durmió agotado por la huida desesperada, el terror de los enemigos y las dulces fatigas  del amor, esa Yael, mujer de modales suaves, como dicho, tomará un grueso clavo de metal de la tienda de campaña junto con un robusto martillo y le perforará  por completo  el cráneo al general. Clavándolo, literalmente, en el suelo.  Dulces maneras femeninas.
Cuando poco después llegó  Débora, la cantante profeta, allí mismo en la tienda, se pusieron a cantar  en un dúo macabro una canción para glorificar al acto heroico. Y algún tiempo después,  Deborah recibirá el título honorífico de "madre de Israel.”
Otro Juez Libertador fue Gedeón. Con sólo 300 de sus soldados (tal vez quiso imitar los trescientos espartanos en las Termopilas) ganó unos 10.000 enemigos y recibió como apreciado regalo las tres cabezas sangrantes de los tres principales líderes enemigos. Vivió contento y feliz y tuvo la belleza de setenta hijos varones. Si tuvo hijas no se sabe pero lo que se sabe es que las hijas no tenían mucha importancia. Abimeléc fue uno de los setenta hermanitos.  Así como70 serán los sabios de los Setenta de La Biblia, pero en común habrá sólo el número. Setenta debe haber sido un número indefinido, un decir para indicar muchas personas.  Abimeléc nunca fue Juez. Sin embargo mataba  a enemigos como moscas. Y mata y mata, con su Dieu le Volt,  (Dios lo quiere)  también mató a sus 69 hermanos. Nunca supe si también ese 69 era un número mágico… Por estos actos de amor fraternal nunca fue proclamado Juez. Y terminó mal. Una mujer, en no sé qué oportunidad,  con una gruesa piedra le  rompió el cráneo.  Ya moribundo y sabiéndose al final de su vida, él mismo ordenó al soldado que estaba tratando de ayudarlo, para que terminara de matarlo a él, con su misma  espada,  para evitar que, horror de los horrores, ¡se dijera que había sido asesinado por una mujer! Fue un ejemplo claro y valeroso de dignidad masculina.
Al número 11 dell’hit  parade de los Jueces apareció el famoso hombre Jefté: el hombre de palabra.  Palabra de él y vida de otra persona. Durante una de las guerras de liberación nacional hizo un juramento solemne al Señor: que si regresaba victorioso iba a sacrificar la primera persona de su familia que vendría a saludarle, al momento  del regreso a su casa.  Simpática manera de sacrificar a los dioses no a uno mismo, si acaso,  sino a otra persona. Pero así se usaba, evidentemente. Tal vez él pensó que sería uno de los muchos servidores que lo recibirían  alegres.  Pero no fue así. La primera persona que salió de la casa alegre para abrazarlo, era su hija, su única hija y que él  quería muchísimo.  Y se acercaba al papá, saltando feliz y alegre, en su juventud floreciente,  y tocando los tamborcillos  de la victoria.
Jefté se quedó horrorizado al verla,  pero sabía que debía respetar el juramento de Dios. Lo supo también la pobre chica que aceptará  resignada su horrible destino. Y le pedirá al  querido y desdichado papá  dos meses, sólo dos meses de tiempo, para ir con sus amigas a llorar su ya inútil virginidad y, quién sabe, las oportunidades perdidas.
 No sabemos lo que pasó después de eso.

Y ahora llegamos a Sansón. Personaje famoso, atrevido, lleno de defectos y virtudes. Mezcla de  virtud y de vicio, de bien y de mal, héroe, ladrón, asaltante y asesino. Amante desafortunado e ingenuo.
Y, por supuesto, fuerte como un Sansón.
Yahvé lo usará para ayudar como siempre a su  amado pueblo. Fue uno de los últimos jueces, el 13º (otro número mágico). Sansón debe de haber nacido alrededor del 1100 a.C., siempre en el supuesto caso de que realmente haya existido. Y tendría que haber nacido unas pocas décadas después de que los "Invasores" habían ya llegado a las costas de  Canaán, En judío "plishtim" significa Invadir y de ahí viene el nombre de Palestina. Estos filisteos estaban invadiendo, para los Judíos, pero en realidad eran también refugiados, muy probablemente viniendo  a buscar otra patria  del Egeo. Casi con toda seguridad una de la antigua población pelásgica  o entre los primeros antiguos habitantes de Creta y sus alrededores, quienes se habían visto obligados a abandonar sus tierras por  gentes más fuerte, Dóricos  o Aqueos, en este caso: los aqueos rubios de Homero, los pueblos rubios del norte de Europa, los germánicos, y en cumplimiento de la ley no moralista  sino natural, del "quítate tú porque ahora he llegado yo”.
  Derecho de conquista, invasión, ley de la supervivencia, del más apto. Inevitable ley que a nosotros -- que decimos aplicar  ahora valores más éticos, -- en la actualidad nos parece cruel, pero que es sólo la ley natural. Los débiles, los ancianos, los defectuosos, lo inútil, lo imperfecto, debe perecer. Recordemos el jardinero con la maleza.
¿Fue una parábola?

No sabría decir si eso me recuerda más a Cristo o a Nietzsche.

El nacimiento de Sansón será anunciado.  Una Anunciación hermosa como la que se dará para María de Nazaret. Un ángel, mensajero de Yahvé, no con alas en los pies como Mercurio, pero con alas en los hombros, se presentará frente a un tal Manoa, de la tribu de Dan, y a su mujer,  estéril.  Les dirá que su hijo va a nacer por voluntad de Yahvé, un hijo macho, y que liberará  al país de la dominación filistea.  Con esas condiciones: Nunca deberá beber alcohol ni comer nada impuro, y nunca deberá cortarse el cabello.   ¿Caprichos de los ángeles?

La pareja jura feliz.

De acuerdo con esta descripción, Sansón debería haber sido, ya de adulto, un  miembro de los nazaríes, una especie de sacerdotes seculares.

 La primera hazaña que sabemos de él será la de un Sansón joven cuando por   curiosidad fue a visitar a un pequeño pueblo filisteo, allí cerca.  Los jóvenes, por supuesto, miran a las chicas. Nuestro héroe miró tanto a una de ellas que  terminó enamorándose. Sucede, a veces. Pero los padres de Sansón se opusieron firmemente a un posible matrimonio con una no elegida entre el pueblo de Israel. Al muchacho, sin embargo, eso le importa un comino.

 Deja la casa para ir a pedir la mano de la hermosa filistea. En la calle se encontró con un poderoso león. Pero un serio y verdadero León, un Félix Leo, (es el nombre científico) con todo el aspecto de fuerza   del rey de la foresta: León  con su  pelo largo, la hermosa melena ondulada. Pero el Félix-Leo no estará tan feliz porque en la lucha que siguió entre ambos, Sansón mostró por primera vez tener una fuerza  muy pero muy excepcional. Con sus propias manos mató  al in-Felix-Leo. Tanto le abrió la boca que le rompió la quijada.

Luego, más tarde,  al regresar del pueblo filisteo, se da cuenta  que entre los huesos del león, aparentemente muerto, se ha  formado un nido de abejas.

Si el fuerte Sansón no le tuvo miedo al león y lo mató, ¿cómo podría suponerse que tuviera miedo a unas pequeñísimas abejas? Así que robará la miel de los animalitos  y la llevará a la casa de la chica.

Cuando por fin llega el día fijado para la boda, a nuestro querido  Sansón se le ocurrirá proponer un acertijo  a treinta jóvenes filisteos. . "Del que come viene la comida y del fuerte la dulzura.” Es un acertijo penosamente idiota. Pero lo aceptaron como acertijo. ¿Las apuestas? El perdedor pagará a la otra parte con 30 vestidos para hombres. El rompecabezas es, en la mente de Sansón, una clara referencia al león que mató y a la miel que luego salió de su cuerpo. Desde el encuentro de Sansón con el león y las abejas, Sansón había estado solo, así que nadie podía adivinar todo ese intríngulis.  Los 30 jóvenes filisteos hacen entonces  presión sobre la chica que se había enamorada de Sansón para que Sansón le revele el secreto de su fuerza. Y ella que se lo revele a ellos. Así sucedió: Sansón  enamorado, confiado e ingenuo revelará la  respuesta  y la enamorada  se la va a decir a sus compatriotas.

Y así Sansón perderá.  

Perdió,  se enfurece... pero sabe que tiene que pagar la apuesta. Irá a la ciudad de Ascalón, para tratar de conseguir la ropa. ¿Para conseguirla en una tienda? Ni pensarlo.

Con cierta complicidad de  Yahvé  mata a 30 tranquilos  filisteos que estaban paseando por allí y les roba la   ropa y con  eso paga la apuesta perdida.

Se va a la casa de la chica. Pero en la casa de la chica, mira y mira, la chica se ha ido. Se la dieron a otro hombre, le dicen. El suegro, requerido,  se niega a devolvérsela. Ofrece a Sansón un cambio con su hermana. Que se contente  con su hermana. Sansón, con una visión profética,  dice que no es Totó y no estará contento con su hermana. Se enoja y se convierte en incendiario furioso. Encontrará (no sé cómo) trescientas zorras. Las amarrará  de dos en dos por la cola, entonces ata una antorcha encendida a la cola de cada pareja y suelta a los  animales que, aterrorizados, se fugarán en pánico  en forma de zig zag entre los hermosos campos de maíz maduro de los filisteos. Todos los campos maduros se incendiarán, claro.  Y los filisteos muy enojado ellos también, deciden ahora matar a la chica de Sansón; y no  sabiendo  cuál de las  dos hermanas  fuera su chica porque se parecían mucho, no importa, matan a la dos.  Luego llega  el supuesto  futuro suegro que todavía no era suegro pero no importa tampoco y le pegan y pegan como locos también a él. Por fin  al rato aparece por allí también Sansón que mas furioso todavía le pegará golpes y golpes a todos los que estaban de pie. Y a muchos  además les mató.

Pero luego, claro, hay que escaparse y esconderse.

Los filisteos le piden a la tribu   de Judas que se lo entreguen. No está claro por qué a la tribu de Judá si  Sansón era de la tribu de Dan, pero ni siquiera importa. Lo que sea.

Los buenos tipos de la tribu de Judá  -- quien  sabe si para hacer honor al nombre -- lo entregan atados de pies y manos a los filisteos. Pero nuestro héroe es siempre un Sansón, muy fuerte y romperá las cadenas. Fue aquí que se dio  otro evento divertido y famoso; Sansón toma un hueso de un asno. La mandíbula, para ser precisos, que es bastante grande y fuerte. Y con la quijada de ese asno muerto usándola como una clava,  matara a  otros miles  de filisteos. ¡Miles, dicen los textos sagrados! Fue por ese acto de guerra    que será nombrado juez libertador. Después de esta extraordinaria acción heroica, nuestro Sansón permanecerá en silencio durante veinte años. Después de este largo período de la vida tranquila, burguesa, Sansón un día va a Gaza. Permanecerá en la casa de una prostituta. Nada heroico en eso. Para hacer quien sabe que. Tal vez sólo para estar lejos de alguna fechoría hecha a quién sabe quién.

Pero una buena noche se escapa de la casa. Las puertas de la ciudad estaban cerrados. ¿Que hace que Sansón? ¡Otro acontecimiento histórico!

Con sus propias manos puede desquiciar la puerta de entrada-salida a la ciudad, y se  la lleva, la puerta, por alguna misteriosa razón, en la cima de una montaña, cerca de Hebrón.  

En Hebrón conoce y se enamora de una hermosa filistea: la famosa Dalila, muy conocida en Hollywood. Esta Dalila, enamorada o no de Sansón,  pero sin duda enamorada de las monedas de plata que le darían  los filisteos,  se las arregla para robar el secreto de la fuerza de Sansón. Y, traidora, lo revelará a los filisteos. Ejemplo de cómo uno puede  trabajar para la patria y ganar dinero. Y también  lo que puede significar tenerle  confianza a  las mujeres hermosas.

Unos filisteos, bien armados con tijeras bien  afiladas, se acercarán  silenciosamente   a Sansón dormido y agotado después de una noche de amor salvaje con la falsa Dalila, y  ¡le cortaran el cabello!   ¡Pobre Sansón! Amante, pero  con mucha  mala suerte con las mujeres.  Y sinceramente, un poco tonto. Había tenido  mala suerte en la costa con la  filistea que había revelado  el secreto del enigma. Y con  Dalila, la falsa,  quien  había  revelado el secreto de su fuerza sobrehumana. Los filisteos lo agarraron entonces   fácilmente,  lo cegaron y lo ataron a una rueda de piedra de un molino en Gaza. Y dale que dale  para empujar la piedra como un esclavo. Es que era ya un esclavo.

Sin embargo, con el tiempo, el pelo crece; los filisteos, cortos de memoria, al parecer, se habían olvidado de la historia del cabello. Y Sansón iba recuperando  poco a poco sus energías. Pero Sansón quería un sacrificio supremo con heroico final dramático. Y lo consiguió.

 Un día lo habían llevado con otros prisioneros  en el templo de Dagón, dios de los filisteos. Aunque nuestro Sansón era ciego, empezó a buscar al tanteo dos columnas portantes.  Y tantea y tantea, por casualidad o intención  empezó a tantear también a dos  florecientes chicas  que pasaban por allí.  Pero de repente se acordó de su destino, dejo a las filisteas con sus tetas, consiguió las columnas  portantes y abriendo los brazos,  con sus fuerzas ya recuperadas,  las empujó hasta  que  se  cayeron al suelo. Perdida la estabilidad,  el templo  se derrumbó todo al suelo con gran estruendo. Y matando con los escombros a todos  los filisteos.  Fue entonces cuando él gritó, ciego y heroico, la famosa frase:

 

 Que se muera Sansón con todos los filisteos.

 

Y con eso Sansón fue ejemplo para los futuros Kamikaze, musulmanes  ¿o no?