28 jul. 2012

Post Nº 3/4 NADYA la esposa de Lenin


Nadezhda  Krùskaya (Nadya)   



¿Porque Lenin se casó con Nadya?  Nadia era feúcha, pobrecita. Una hermana de Lenin dijo una vez  que se vestía como si lo hiciera  su peor enemiga.  Tenía los ojos saltones, era flaca como un arenque.  No era atractiva, como la linda Apollinaria o como lo será la sensualísima Inessa  Armand que aparecerá más tarde, “cruz y delicia” para el enamorado pero ascético y despiadado Lenin, como lo definió una vez Angélica Balabanoba.
NADYA   LA  ESPOSA   DE   LENIN
Nadya pertenecía a una familia noble de San Petersburgo: noble pero empobrecida. Su padre, Oficial del Zar, había participado a la represión de la insurrección polaca.  Pero Nadya era anti zarista. Daba  clases  en una escuela de obreros. Allá se hizo amiga de Apollinaria. A los 22 años  conoció y se enamoró del Marxismo.  Y a los 25 años conoció y se enamoró de Lenin.  Y serán su credo y su ídolo, respectivamente, por toda la vida.
¿Porque se casó Lenin con ella?
Posiblemente  lo halagó su dedicación a la causa y a él personalmente.  Porque poco a poco ella  se trasformaría  en consejera, compañera, amante,  ama de casa, cocinera, esposa, secretaria.  Lo había conocido, joven, en una fiesta de Carnaval, lo  había visitado  en la Cárcel de San Petersburgo. Había pasado horas para poder verlo cinco minutos de lejos. Aunque  a Lenin le gustara la bonita Apollinaria, Nadya era la compañera camarada, con ella conversaba, era la esposa fiel, la tranquilidad, no era la pasión.
Lenin nunca estuvo enamorado de ella; la quería, pero estar enamorado es otra cosa. Era un hombre de hierro, en cierta forma un kamikaze. Dispuesto a sacrificarse para la causa como otros Kamikazes se sacrificaban para el Tenno, el Emperador hijo el Cielo; o como otros más adelante lo harán para conseguir el Paraíso de Allah. Temía quizás que el amor lo debilitara en sus actividades y deberes revolucionarios.  Es obvio que eso puede suceder y sucede: que el amor distraiga.  
El sabía que podría sucederle. Era un lujo que no podía permitirse.  No él.   Enamorarse  es fuente de dicha suprema    pero también  de trastornos.  Un lujo que no  quería permitirse  así como cuando, mas adelante en la vida, se impuso a si mismo renunciar  al  verdadero amor  y pasión para una mujer. En  alguna ocasión hasta  llegó a comentar  inclusive que había que suprimir ciertas condescendencias hacia la música, porque reblandecía el carácter. Solamente en Europa, durante su largo exilio, se permitirá a sí mismo, escuchar alguna vez  la Serenata al claro de Luna de Beethoven cuando Inessa, su amor trágico, la tocaba al piano,  solamente para él. Pero será en Paris.  En los tiempos del Café du Lyon. Y Paris y Capri y Europa  no eran el destierro a Siberia sino el exilio voluntario, en espera de tiempos mejores.
Allá Lenin conspiraba y confabulaba y  daba sus instrucciones y se veía con personajes claves  para producir esos tiempos mejores. Y la magia de Paris y de Capri consiguieron que se concediese algunos paréntesis voluptuosos que después la Iconografía tratará de eliminar para mantener pura la imagen ascética del Ícono.  
Total, la Nadya era el tipo de mujer que Lenin, racionalmente, había preferido como esposa. Y Nadya le aguantaba todo.  Las pocas pero fuertes simpatías amorosas que él tuvo, antes o durante el matrimonio,  fueron  momentos de debilidad que se concedió casi involuntariamente, que   trató y tratará de enmendar y  que ella aguantó.

Regresamos ahora al 2º año de destierro de Lenin en Siberia. Nadya, acompañada de su mamá, se le presentó allá, en el  fin del mundo: cerca del lago Baikal, en cuya gelidas aguas, siglos antes, se templaba el cuerpo vigoroso del joven  Temusín, mas tarde Gengis Kan.  Lenin  acepta a Nadya.  Claro que la aceptó. Quizás, a lo mejor quiso que viniera. Eso no se sabe.  Sabemos que la pareja  Ilich - Nadya vivirá tranquila  en ese oasis que fue el exilio siberiano. Ella lo ayudará  en traducciones,  en escribir artículos políticos, económicos, se prepararán para escribir  futuros libros. Y las autoridades Zaristas les darán permisos de varios días para que puedan  ser tratados por un dentista en la ciudad de Kranojark. Los trataron bien.   
En el pueblito de Shushénskoie, hasta de imposible pronunciación para nosotros,   están  otros dos exilados políticos: un profesional  polaco y un obrero ruso. Con ellos se acompañarán.  Jugarán al ajedrez donde parece que Lenin era muy bueno.  Nadya  y Lenin saldrán de compras en las tiendecitas regresando cargados de paquetitos.  ¿Te lo imaginas Lenin, el futuro grande Lenin,  con la bolsita del Mercado? En alguna parte comprará unos patines. Quizás no eran pareja para las Olimpiadas y Nadya no era Sonja Heine, pero se defendía. 
  

¿QUIEN RECUERDA A SONJA HEINE?

SONJA  HEINE
 Todos los rusos saben esquiar y patinar sobre hielo.  Se aprende de niños como nosotros ir en bicicleta. Bueno.  En  el oasis siberiano siguen escribiendo mucho  y para relax Lenin se divertirá a tallar figuras de ajedrez con la corteza de los arboles. El  editor seguirá pagándoles buenos honorarios y la tremenda Policía Zarista ni se dará cuenta del contenido fuertemente marxistas de sus artículos o libros. Por más que parezca increíble, la policía local ni le censuraba el correo a Lenin.  Quizás para ellos eran una pareja de burgueses, el  nada más que un abogado retirado que se divertía en cacerías, a patinar, en  excursiones, visitas; buen hombre y nada de malo, con la sola manía de escribir libros tediosos  que nadie nunca leería.
A principio del 1899 Nadya e Ilich  irán de paseo a otro pueblo, Minusinsk, para visitar a otra pareja de desterrados.  Allí se la pasarán jugando ajedrez  y patinando sobre hielo.
Y seguían  escribiendo y traduciendo.  Total, la estadía en Siberia fue muy proficua a los efectos del ejercicio físico y de la actividad  intelectual  político económica.
Lenin era abogado, como hemos dicho. Pero como deportado no tenía derecho a ejercitar dicha profesión. Sin embargo  nada le impedía que un buen día diese asistencia  “amistosa” a un campesino-obrero en una disputa con una mina de oro.  El campesino ganó el litigio, se esparció la voz y una buena cantidad de campesinos comenzaron a "pedir día y hora", como se dice en Uruguay,  para pedir consejos a Lenin.   Y como los campesinos así asesorados comenzaban a ganar pleitos,  la autoridad  "inteligentemente" empezó a sospechar algo de misterioso y  ¡condenó  al campesino que tenía una muy  buena defensa  escrita, porque  demasiado bien redactada! ¡Gato encerrado!   Y  así  terminó la asistencia del Abogado Vladimir Ilich  Uliánov  para sus clientes gratuitos.
 En otra ocasión, en  una carta de Nadya a su suegra, ella comentó que para el carnaval habían llegado a sus casa unos seis desterrados para pasar los  días de fiestas juntos.  Aun que con olor  a chismes, si es  verdad  que esas noticias son ciertas, como parece que sean, eso demuestra que el tan cacareado exilio en Siberia, por lo menos      en los tiempos del Zar, no era tan despiadado como se decía.                                           
Al fin se acercará el final del destierro. Nadya comentará que su Ilich se ponía más y más nervioso, hasta en estado de febril excitación; que dormía mal, casi no comía  y comenzaba a adelgazar violentamente. El  fatídico día 10 de febrero de 1900  Nadya con su mamá y con Lenin  abandonarán  la aldea que los había  acogido por tres años.  Entre viaje en rio, carretas y ferrocarriles llegaran a la ciudad de  Ufà, la originaria destinación  de la  Krùskaya  donde ella deberá terminar de pasar  unos meses para  completar los tres años de su condena. 
 Pero Lenin no era Nadya. 
 Lenin no se quedará con su esposa para acompañarla en el destierro.   ¿Será porque le era prohibido quedarse en ciudades relativamente importantes como era Ufà?  ¿O será  porque Lenin sentía la fiebre de la revolución y dejó sola a la esposa en el destierro para  seguir su llamado de predestinado,  el gran llamado  de la Causa?
¿Se sentía como Eneas en búsqueda de su Destino Fatal?



2 comentarios:

Aldo Macor dijo...

Mi Amiga ALFA me ecribio
No sabía que patinaban tanto en Rusia. Me siguen gustando tus comentarios sobre las mujeres de estos personajones. Parece ser que Lenin no se dejó vencer por la avasallante pasión amorosa, sino por la otra-también terrible- la pasión política.

Anónimo dijo...

Prefiero a Sonja Heine que a lenin y Nadya patinando.
Saludos, maestro.
Angel.