11 mar. 2015

2ª EDIC.ESP, 4/100 ABRAHAM Y SAHRA

4 / 100    ABRAHAM Y SARAH  (2100 A.C.?)


 Y así llegamos a la época de Abraham. ¿Cuánto tiempo? Los tiempos bíblicos son muy vagos y contradictorios. La gente vive, de acuerdo con las tradiciones,  hasta cientos de años. Los años se medían  de una manera diferente. Imposible que Noé haya vivido  más de 900 años, aunque él haya bebido  del mejor y genuino vino, sin pisar los callos a  nadie.  Se decía  que Noé murió cuando nació Abraham. Y ¿quién  lo sabe? Hay varios ejemplos de extraña longevidad... El Faraón debía de ser  un gran degenerado sexual si le gustaban las mujeres como Sarah, la hermana-esposa de Abraham... Cuando Abraham fue a Egipto por primera vez,  para su negocio, viajó con su lindo  camello de cara inteligente,  y su esposa lo acompañó.  Sabemos que en ese momento Sara ya era una mujer de sesenta años. A los  sesenta y tal vez un poco más,  la Sophia Loren sigue siendo una mujer hermosa,  más o menos; pero con todos los truquitos  de la cirugía plástica. Seamos francos, ¿cómo podría ser una campesina - nómada, de sesenta  años en aquellos tiempos? Seguramente desdentada, arrugada, como si fuera de cien años hoy en día. Sin embargo, se dice que Abraham tuvo que ocultarla por temor a que lo mataran a él, y a su esposa se la llevaran para enriquecer el harén del faraón. Así que, o el faraón era un degenerado y es posible; o nuestra pura y bella Sara no tenía más de veinte años, para ser aceptable para un faraón que tenía a su disposición  jóvenes de ambos sexos para sus necesidades libidinosas. Y esto es aún más probable.
 Inclusive  nació después  otra  historia,  probablemente fantasía,  diciendo que en la  ocasión del viaje a Egipto, la matriarca Sara, aun que pura y casta como se suponía  debía de ser,  había tenido, tal vez obligada, un lindo  ju ju  con el Faraón. ( Ju ju es un lindo venezolanismo, por affaire ) Y que  debido a esa relación misteriosa y quizás política,  haya nacido   el famoso Isaac-Israel, fundador de gentes,  el padre de José. Sí, por supuesto, José, el hijo predilecto de Rebecca, vendido por sus hermanos malvados a beduinos del desierto, quienes a su vez lo vendieron  a Putifar, el ministro egipcio; ese mismo José  que después llegará  a ser importantísimo ministro  de otro  Faraón, al tiempo  de los siete años de vacas flacas. Y por eso se dijo que pudo convertirse  en ministro de Egipto: porque tenía  sangre faraónica  en sus venas. Estamos en arenas movedizas. Seguimos.
 Otro caso de cómo los años se calculaban de una manera  "bíblica" es que Agar, la bella esclava etíope amante concubina  de Abraham,  autorizada por Sara,  una vez desterrada del clan  tendrá en su regazo al  "nene" Ismael, el futuro fundador de las doce tribus de Arabia; y que el  “nene”  acurrucado en su regazo, tenía  la  tierna edad de 16 años.
Bueno, en fin, hay  un montón de historias y chistes uno  más exagerado  que el otro.
¿Qué sabemos ahora? Si no podemos  todavía dar  un juicio histórico objetivo sobre los graves acontecimientos ocurridos solamente hace  50 o 100 años, ¿cómo podríamos estar seguros de la realidad histórica de  tradiciones  con  cientos de años?
Así son  y así eran los cuentos de hechos antiguos y  las tradiciones de todas las religiones. ¿Qué podemos saber? Veneremus cernui, se canta  en un himno religioso. Y nosotros adoraremos, remisivos,  sin pedir nada, ciegamente.
Bien.  Al  igual que nos ocurrió con Lenin, Stalin, Mussolini y Fidel, que creímos en ellos,  toda la vida. Y un buen día llegan otros y nos dicen que eran criminales.
En resumen, somos bien frágiles si creemos en todo lo que nos dicen. Y ahora, después de haber hecho este maravilloso descubrimiento, volvemos a hablar de nuestro Abraham.

 Nuestro Abraham y su gente  nacieron en Ur, Caldea - Sumeria, en el sur de Irak. Pero tal vez ni siquiera se originan en esa  región de Sumer, quizás  mucho más lejos, en la India, de las zonas el Rio Indo, donde una  antigua civilización había florecido  en  Mojenjo Darío.
Y  tal vez, al igual que sus casi parientes,  los gitanos, hayan sido  expulsados de sus regiones primitivas  por  una emigración indefinido de conquistadores Arios. Tal vez, quién sabe, los Aqueos rubios de Homero. O ¿los Dorios?  Conjeturas, claro, que sin embargo, entran  en   las posibilidades.
Lo menos fantasioso es que este Abraham, oriundo de Ur, Sumer, después de haber oído las sugerencias de su dios,  haya decidido  emigrar al norte, hacia una nueva indefinida tierra prometida, donde todo es verdor.   Prometida por Dios, por supuesto. De parte de su Dios. Estos grupos tribales antiguos tenían cada uno sus propios dioses especiales, así como los romanos tendrán sus dioses domésticos, los  Lares.. Y si viaja ban, se los llevaban  con ellos. Como los soldados y choferes del taxi  tienen las estampillas  de santos patronos.
Así que  Abraham salió de Ur, Mesopotamia .
 El trajo consigo a su anciano padre Tajor y ya que era "selectivo", por no decir racista, se casó con su hermanastra Sarah. Para evitar la contaminación de  sangre, por supuesto.
Y con sus camellos comienzan sus andanzas.
Quizás esta primera tentativa de emigración no fue la más apropiada y en la nueva tierra, en Harán, el anciano padre  murió a la tierna edad de 205 años.
Dios le habló a Abraham de nuevo y éste se volvió a marchar. Y pensaba  darle  en el camino un aventón al sobrino Lot, que vivía en Sodoma. Sí, Lot, el tipo aquel  que tuvo la suerte de que su mujer muy metiche  y curiosa se transformara  en sal.
 El asunto fue así: Los Textos Sagrados dicen que Dios, en  gran confianza, como en una confabulación secreta, había dicho a Abraham que destruiría Sodoma y Gomorra, dos ciudades llenas de vicios y pecados. Dios es Dios, pero  parece le guste a veces  tratar de prohibirnos las cosas sabrosas que más nos gustan a  nosotros pobres mortales.  Entonces fue cuando Abraham  se acordó  que su sobrino Lot vivía en Sodoma, y pidió el favor a su Dios que  lo salvara a él, a su familia y a su casa.   Dios estuvo de acuerdo en hacer el favor al sobrino de Abraham. Y así comenzó la serie de favoritismos,  el  nepotismo,  como variante aceptable de la conducta humana.
 Pero Dios puso  una condición a Abraham: la contraparte. El Do ut des, dirán  los romanos. Tú me ayudas a mí y yo te ayudo a ti. Típica formula mafiosa. Y eso sucede desde entonces  en todo el mundo. Como también  en  el Paraíso, evidentemente.   También para el Padre Eterno.
 La condición impuesta por Dios a Abraham era que ninguno  de su familia  volviera  la cabeza para ver el horror  del gran Castigo de Dios a las dos ciudades del pecado.
 Pero... ¡las mujeres!  La esposa  de Lot no pudo resistir la curiosidad femenina típica de curiosear lo que estaba pasando  con sus amigas. Volvió la cabeza. Y  quedó petrificada, allí mismo, en una estatua  de sal.
Aterrorizado nuestro valiente Lot, junto con sus dos hijas se escondió,  en una zona solitaria donde nadie podía encontrarlo.
 Pero después de algún tiempo, las dos hijas se cansaron de estar a solas con  el padre trabajando en remendar calcetines  y sin un novio para el fin de semana.
Las mujeres, en aquellos tiempos,  buscaban  desesperadamente un marido para tener  aquella  descendencia masculina que asegurara  la continuidad del clan-tribu y de paso, les dará alguito de autoridad a ellas.  Eso era prioridad para ellas y en resumen, la función femenina era producir hijos. Y quizás podía aspirar a valer algo si los tenía.
En la ausencia de  hombres, ¿que decidieron hacer estas  dos mozas? Emborracharán  por lo menos un poco al respetado padre que,  se da el caso, es también  hombre, y en abstinencia…
Y... "concibieron de  él" (Génesis 19-30 y 19-38).
 Así que las dos mozas, no para  satisfacer sus  deseos lujuriosos y  vergonzosos, sino sacrificándose por el bien de la tribu,  cometieron uno de los primeros incestos de la historia.
Mientras tanto el  valiente Abraham, siguiendo con su peregrinar,  siempre temeroso y respetuoso del  poder de Dios, con toda su tribu,  hombres, mujeres,  niños,  varios perros y gallinas,  camellos, y al son de canciones,  cantos y alabanzas,  llega por fin a  la tierra de Canaán,  la zona de la Tierra Fértil, más o menos la actual Palestina e Israel. ¡Que linda!¡Qué bella! Una tierra hermosa llena de verde. La famosa Tierra Prometida. Como era bello nuestro valle…
Nada tonto, nuestro Abraham.  Dejar el desierto y quedarse en esa fértil y bella tierra. Esta tierra es nuestra.  ¿Quién se va a oponer si nos la dio Dios mismo? Y allí, en Siquem,  fue poniendo sus tiendas de campaña. Y ¡puso la bandera!
Y de allí, con el tiempo, deambulando, a pie, con camellos, como sea, inició  la exploración y el  comercio en  toda la zona, incluyendo viajes a Egipto.
 Y todos en  su tribu eran ya  felices y contentos.
  Pero....resulta  que él personalmente  no estaba todavía  feliz y contento de verdad.    
¿Por qué? Debido a  que su querida y amada  y buena  esposa Sara, ahora de 75 años, aún no le había dado el hijo tan esperado.
Así que Sarah, no se sabe si de buena o de mala gana, accedió en fin a  seguir ciertas tradiciones antiguas y en cierto sentido  autorizó a su marido para tener relaciones maritales con su esclava etíope, la joven, bella y bonita negrita  Agar. De acuerdo a  la ley del tiempo, el niño que el hombre pudiera tener con la  esclava de su mujer era considerada como  hijo de su  misma mujer. A todos los efectos legales.  La madre biológica no importaba en absoluto: era  solamente una esclava  y nada más. Una simple portadora. Cómo alquilar su vientre, de hecho.
Así que la  complaciente y generosa Sara hizo todo esto de acuerdo a las tradiciones  y poder así obtener legalmente  el heredero varón tan deseado y asegurar la continuidad de la familia.
 Abraham entonces y siempre obediente, dio una miradita de soslayo a la hermosa negrita que su esposa le proponía y que le sonreía con ternura y algo de coquetería. Hombre de experiencia, fingió  que era la primera vez que él la miraba y aceptó con aparente indiferencia la propuesta de Sara. ¿Resignado? ¿Con alegría? No sabemos. Mejor no saberlo.
 Comenzó el merecumbè con la  negrita.  Y dale y dale, finalmente el niño nació y le pusieron por nombre Ismael.  ¡Aleluya!  ¡Aleluya!  Ha llegado el hijo varón.
Pero el  buen Abraham, que mientras tanto había alcanzado la  bella edad de 86 añitos,  inclusive  después del nacimiento de Ismael continuaba  impertérrito a obedecer a su esposa  y a solazarse con la esclava.  
Abraham era evidentemente  hombre  prudente. Sin duda pensó que lo mejor era buscar un segundo hijo, aun que fuera  un poco negrito,  para asegurarse  la continuidad de la tribu. Hombre sabio era Abraham.
Sin embargo, las mujeres son las mujeres, y  todas estas repetidas visitas  de Abraham a la tienda de  Agar comenzaron a molestar a Sara. Y también Sara recurrirá  a Dios.  Y Dios se moverá  a compasión  por las oraciones de la mujer y  le enviará al ángel office boy siempre disponible y  con la siempre hermosa parafernalia de una Anunciación con  todas las reglas.
 El Ángel de Dios le dijo a Sara asombrada que debería sentirse feliz,   porque ella, Sara, habrá de tener ella misma, de su vientre, el hijo tan deseado.  Sara  era una mujer. Las mujeres son a veces irreverentes. Miró el ángel de Dios y dejó escapar una  ruidosísima carcajada. ¿Cómo es posible que a  mis 75 años pueda  tener un hijo? Y reír  y reír...
Sara será la  la única persona que se ríe en la Biblia.   Nadie se ha reído nunca, inclusive ni un poco.    ¡Todos siempre muy serios!
 Todos, menos Cam, y sabemos como terminó.
 Pero los designios de Dios son inescrutables.
 Efectivamente Sara tendrá a su hermoso bebé, de una sola pieza, enterito, perfecto, que lloraba  y comía como un lobato.  ¡Y Sara será feliz!    Y Abraham también.
 Ella tenía 75 años, él 86.
 Incluso hoy en día,  los científicos de todo el mundo se preguntan  qué  tipo de hierbas milagrosas debe haber encontrado Abraham y Sara en aquellos desiertos, llenos de escorpiones.
Por eso hay una buena cantidad de visitas turísticas a Palestina. ¿Que van por arqueología? ¿Para visitar lugares interesantes?    ¡Ni  pensar en eso!  Van en busca  de aquellas hierbas milagrosas   y todavía no las han encontrado.   Para recogerlas, estudiarlas,   e  industrializarlas.
Y  ¡solamente  así   finalmente terminarán  todas las luchas en Palestina!

Cuando llegó a sus 99 años, Abraham recibió otra  noticia de parte de su Dios.  ¿Qué sería el líder y fundador de una gran nación, el pueblo elegido, pero que tenía que hacer un pequeño cambio en  la pronunciación de su nombre y el de su esposa.  De Abran a Abraham; y de Sara en Sarah. 
Y que para sellar y reconfirmar  la siempre valida alianza entre Yahvé  y su pueblo elegido, se recurriría a una especie de Pacto de Acero, para que  Dios  pudiera  reconocer a su amado pueblo: todos los varones deberían  de ahora ofrecer su prepucio a Dio.

 ¿Qué es un prepucio a cambio de tal honor?

Y, entre otras cosas, ¿poder así evitar el peligro de fimosis? Y el buen  Abraham, con una mano firme a pesar de los 99 años,  agarró un cuchillito afiladísimo,  su Victorinox  y...zassss se cortó el prepucio a  sí mismo, lo cortó a Ismael y a todos los hombres del pueblo elegido.

 Y…algo así como hacen los militares: un  Presenten armas, ¡arr!

Bien. Pasará otro poco de tiempo, y Sarah, ahora mamá,  será siempre menos tolerante con lo de las conversaciones intimas de  Abraham con  su bella Agar.
Eh... sí! Porque el conejito Abraham, aun que anciano, seguía impertérrito... Y un buen día la paciente Sara no pudo resistir más  y con el niño en los brazos, le dijo bruscamente a Abraham que  las conversaciones intimas con Agar se habían terminado. Y que no la quería ver más ni a ella ni a su hijo Ismael, el medio negro.
 Eso  y no más.
 Dio la vuelta y se fue a sus cosas.
 Eso fue todo.
Abraham como siempre obediente y temeroso y nunca se sabía si por más miedo a Dios o  a su esposa, le dio a Agar su indemnización por despido, a ella y a su hijo Ismael,  a pesar de que él fuera su primogénito y los echó de la tribu. Le dio pan y agua por un día. ¡Por un día!
 Dicho entre nosotros fue una enorme coño de madrada.
 Y Agar, con su Ismael en su regazo, se fue tristemente a una muerte segura entre los escorpiones  y  las dunas del desierto, llorando su suerte.
Y acá interviene el Corán para ilustrar ciertos detalles de la supervivencia.
El buen Dios, que es el mismo Dios-Yahvé de Abraham, o sea, el mismo Dios  aun que  en versión  musulmana,  el Misericordioso Dios-Allah,   interviene una vez más.
Yahvé, el Dios de Abraham, hablará siempre hebreo; y Allah,  el Dios de Abraham, hablará siempre árabe.
 Este Dios con doble ciudadanía, en algunos casos favoreció a los judíos y en otros a los musulmanes...
 Pero, ¿que pretendemos nosotros los hombres? Si fuimos creados a Su imagen y semejanza, también  Ellos, los Dioses, serán un poco como nosotros, ¿sí o no?
 Entonces, nos dice el Corán que Dios, en la versión musulmana, de Allah,  hizo que en medio del sediento e enfocado desierto   surgiera    una gran fuente de agua cristalina y fresca. Agar e Ismael se salvarán   y desde ese momento Ismael será el iniciador del pueblo árabe,  de las doce tribus de Arabia.
 Las doce tribus de Israel y los doce tribus de Ismael, Judíos y Musulmanes, descendientes ambas de los dos hijos de Abraham, Isaac e Ismael, bien podrán comenzar a destriparse  alegremente entre sí.
 Y todo eso por culpa de un ménage á trois mal digerido. Y una mujer. Y un hombre débil. Y también  culpa de un Dios  romano, Jano, Bifronte, de dos caras.  

Sigue  pasando  el tiempo. Y pasa también para Isaac, el hijo de Sara.  Recordamos  que él había quedado como  el único hijo de su padre Abraham, ya que  la esclava  etíope Agar y su hijo Ismael,  habían sido expulsados del clan para  placar los celos de Sara.
Se produce entonces un acontecimiento extraordinario, que marcará el final definitivo de la utilización de los sacrificios humanos, al menos en Asia Menor. Yahvé pide a Abraham como una prueba más de su  fe absoluta el sacrificio en el Sagrado  Altar del único hijo Isaac
 Abraham  es aterrado. Y aunque aterrado  de pensar lo que le gritará Sara, el debe  acceder a la voluntad divina. Lleva al hijo inocente en el Ara del Sacrificio.   Levanta el cuchillo asesino con el pulso que le tiembla, siente el corazón  explotarse en el pecho,  los ojos se salen de las orbitas...    y en ese preciso momento llega la caballería de John Waine y la mano del ángel se clavará en el pulso que ya caía  cruel e inexorable sobre el cuello del joven, y...evitará el sacrificio humano.
 Yahvé, satisfecho de la prueba de lealtad, se conformará con un delicioso cordero.
E desde entonces nos llegó el buen hábito de comer el cordero.
AGNVS DEI. 

Pasarán otros veinte años y Sarah morirá  en sus  127añitos. Abraham,  con su bella edad de 137 años, es todavía un peregrino, un vagabundo, un sin techo. En la tierra de Canaán seguirá siendo considerado un extranjero de paso. Por eso quiere dar una señal para indicar que quiere establecerse allí. 
 Él quiere  el derecho de residencia, manteniendo su ciudadanía.  Y desea comprar  una tierra en Hebrón, cerca de Jerusalén. Será poco más que una cueva, que se transformará en  cementerio. Pagará 400 monedas de plata en una especie de acto solemne, en presencia de todos los hititas ancianos. El primer pedazo de tierra en Palestina para Abraham  y sus descendientes.
 Generalmente la Patria se consigue con heroísmos, se conquista y se defiende con la espada, aun con asesinatos  y  se alimenta con fanfarrias  y fanatismos...
 Pero  Abraham,  es poco más que un beduino,  solamente un comerciante para no decir vendedor ambulante. Pero astuto. Sabía lo que hacía. Por eso la había comprado legalmente.
Después de esto  el buen  Padre Abraham comenzó a preocuparse por conseguir una esposa conveniente para su hijo Isaac,  que a fin de cuentas, debe de haber estado rozando ya  los cincuenta.
 No podía ser una filistea cualquiera, sino de buena estirpe. Y Rebecca fue la elegida,  sobrina de su tío Najor. La tradición dice que Rebecca, joven virgen, cuando vio de lejos al hombre con el que había sido prometida,  se quedó tan emocionada (no se sabe si porque era bello o feo) que se desplomó del camello. Rebecca será la novia que después de veinte años de matrimonio, finalmente  tuvo un parto. El primero y único.
 Pero de ese parto no nació un hijo.
 Fue un parto doble.  Nacieron dos nenes.
Y serán  Jacob y Esaú.
Jacobo el futuro Israel. Y Esaú el de las lentejas,

Mientras tanto  Abraham  habrá llegado a sus 160 años. ¿Vejestorio? ¡No! El todavía con ánimos y energías, viudo desde hace  tiempo, después de llorar Sarah de acuerdo con las tradiciones, en un cierto momento se había casado de nuevo y con una tal  Cetura. Pero seguía solazándose  también  con varias otras  concubinas,  ya que Cetura no era tan exclusivista como Sarah.   Y le nacieron hijos  aquí y allá.
 Pero aquel viejo  mandril de  Abraham también era  hombre cauto y envió a todos estos hijos de  última hora a vivir muy lejos, en Arabia, a fin de no distraer la atención de su destino fatal al súper- candidato  Jacob-Israel.
 Y finalmente también murió el  Padre Abraham, venerado por los Judíos, en un primer tiempo, y luego también por los Cristianos y por último, seis siglos más tarde, en  los tiempos de  Muhammad, Mahoma,  también por los Musulmanes.
 Así que  judíos, cristianos y musulmanes, en el nombre de Jehová, de la Cruz y  de  Allah seguirán  a despanzurrarse  los unos a los otros.  Y  todos  descendientes de Abraham.
Luego, con el tiempo, llegará un cierto San Agustín,  de Hipona, medio Romano y medio Berebere, gran filósofo de la Patrística,  para explicar al grey, con su sabiduría,  que los judíos son solamente descendientes carnales de Abraham, pero que los verdaderos hijos de Abraham son únicamente los cristianos. Y dijo que así lo quiso Dios.  Así dijo y así lo escribió.  Y los cristianos desde entonces comenzaron a mirar con más y justificada  antipatía a los  renegados judíos,  ya que no eran descendientes reales de Abraham. Y  trescientos años después de San Agustín, al llegar a la  escena    el Profeta Mahoma  y el triunfo del Islam, alrededor del año 600,  siglo y medio después de la caída de Roma,  todos estos antiguos personajes bíblicos personajes recibirán  la  ciudadanía islámica póstuma,  con efecto retroactivo. O sea aun bastante antes de que   apareciera  el  Islamismo.
Y el Islam  nos dice  que el hijo que Abraham estuvo a punto de sacrificar no era Isaac sino el buen musulmán de Ismael,  y el ángel  que llegó a tiempo para detener la mano del obediente Abraham fue enviado por Allah, el Misericordioso.
Pero esto es otra historia.
 Por lo tanto, en la cueva de Macpela, en Hebrón, y de acuerdo con la tradición judía, y luego también la cristiana,  y parece que también musulmana, puedan descansar más o menos en paz el padre Abraham, Sarah, Isaac, Rebeca y Jacob (Israel), con Raquel y Lea, una a cada lado.
 Y después de todo eso yo no entendí  bien si eran hebreos, cristianos o musulmanes.
Pero, en fin de cuentas, quizás ya eso no importe 

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