20 nov. 2011

Recuerdos de Venezuela: El Vigilante Tuerto

Recuerdos de Venezuela:

El vigilante tuerto
Por alli, en el año 1968, en Venezuela,  yo era, con mi compañía de construcciones,    un Contratista del Ministerio de Obras Públicas.  Tenía que construir un dique marginal   de varios kilómetros todo a lo largo de un rio,  para que en los periodos de fuertes lluvias no se inundaras hectáreas y hectáareas de terreno. Era un contrato mediano, ganado en licitación pública, de unos  dos y medio millones de dólares: dólares del año 68.  Este  relato se refiere a mi primera visita en la zona.   Recuerdo con ciertas nostalgias, ahora,  después de más de 40 años, algunos  folklores del interior de Venezuela.

Rafael Albornoz, el tuerto, había sido el primero de la zona en salir conmigo, por tierra o en lancha, a fin de conocer a los ribereños del rio Catatumbo y tratar de negociar los problemas con aquellos que no le daban paso a la maquinaria hasta que no recibieran las “expropiaciones.” Y como contaba con ciertos derechos de prelación por haber sido el primero en acompañarme a la zona, yo tenía que darle algún trabajito que le conviniera. De modo que lo enganché como vigilante nocturno.
–Usté sabe, dotol, que aquí hay mucha gente mala. Si usté deja su equipo al sereno se lo pueden dañar.
–¿Pero no me habías dicho, la primera vez que te vi, que la gente de acá era buena?
–Sí, claro, dotol, yo le dije eso. Hay gente buena, pero todo lo bueno puede volvése malo, ¿no? Como las frutas cuando se pudren. Todo en la vida cambia. Si no hay tentación, claro, todos serán buenos. Pero si usté le pone a esta gente un depósito de maquinarias al lado de sus casas, con gasoil y esas cosas de la compañía que tienen valor, pues viene la tentación y suácate, lo bueno se transforma en malo.
–Rafael–, le dije. –Déjate de inventos. O se es bueno o se es malo.
–No, dotol. Mire: yo le voy a explicar polque usté no entiende. Usté es un buen marido, ¿veldá? Usté se polta bien, yo nunca lo he visto por aquí con una hembra. Pero es polque no tiene tentaciones. Quisiera verlo si en lugar de estas indias malucas y arrugadas hubiera esas hembrotas que le quitan el aliento a uno.  
India del Catatumbo, no arrugada todavía.

¿Ve? ¿Ve que usté se ríe? Eso es polque está entendiendo, polque sabe que tengo razón. Entonces, le explico: yo soy como el ángel de la guarda de su equipo. Pa' prevení las tentaciones. Yo le trabajo como vigilante noctulno y usté no se preocupa polque nada le va a faltá.
Así que lo contraté como vigilante nocturno en el campamento por el solo hecho de que me había caído bien. Y me olvidé de él.
Una semana después el jefe de personal, Concetto, me dijo que el vigilante quería una escopeta. Cuando fui a la obra hablé con Rafael de nuevo.
–¿Y usted para qué quiere la escopeta? ¿Para espantar las tentaciones?–, le pregunté. Este condenado tuerto me era simpático.
–Guá, dotol, por dos razones. –Me mostró los dedos índice y medio por si me quedaba alguna duda del número de razones. Continuó con su tono pedagógico: –La primera, es que todo vigilante que se respete debe está armado, ¿veldá? Para casos de peligro, de emelgencia, como quien dice. La segunda es que, dotol, usté sabe que… ¿a usté le gusta la lapa?

Mamífero AGOUTI PACA ( Lapa )

–Claro, por supuesto–, me deben haber brillado los ojos.
–Polque aquí hay mucha lapa y es facilísimo cazarla con una escopeta. No necesito una de dos tiros. Pa' mí de un tiro sobra. Donde pongo el ojo pongo la bala. Y como tengo un solo ojo, no me puedo equivocá. Y yo le aseguro, dotol, que si cazo dos lapas, una es pa' usté.
Le mandé a comprar su escopeta de un solo tiro. Y a Gabriella le pedí que revisara su vieja receta de lapa al Alcañiz, pues a lo mejor llevaría una desde el Sur del Lago.
Otra vez me había olvidado de Rafael cuando, dos o tres semanas después, Concetto me dijo que el vigilante Albornoz quería una cama para dormir.
–¿Cómo una cama? ¿Una cama para un vigilante nocturno?–, le dije al jefe de personal. –Se volvió loco. Ni siquiera escuches una petición así.
Pero días después, cuando fui a la obra, Rafael me estaba esperando en el aeropuerto de La Fría.
–Caramba, Rafael, ¿qué te pasa ahora?–, yo estaba cansado del viaje, del vuelo a través de los relámpagos del Catatumbo, de los whiskys que le había pedido a la aeromoza para tranquilizarme, en fin, de lo de siempre.
–Mire, dotol, yo me apelsoné aquí pa'hablá en pelsona con usté polque tengo enemigos, ¿sabe? Como todos saben que usté es amigo mío, ahora me quieren fregar. Me tienen envidia polque soy amigo suyo de usté. Polque somos amigos, ¿no?
–Sí, claro que sí. –Ya empezaba a reírme otra vez con este tuerto del carrizo que, aunque me mentía cada vez más, seguía cayéndome bien. –Dime, pues, ¿cuál es el problema?
–Bueno, que me tienen envidia. Yo les pedí una cama pa'dolmí y no me la quieren dar.
–Pero Rafael–, ya estábamos saliendo del aeropuerto. –¿Cómo vas a dormir si eres vigilante nocturno? Es absurdo.
–Guá, pero yo duelmo de día pa' vigilá de noche. La gente tiene que verme dulmiendo de día y así todos saben que de noche estoy bien despielto. ¿Se acuelda? El ángel de la guarda…
–Sí, claro que me acuerdo. Pero ya me han dicho que también duermes de noche, cuando deberías estar vigilando. Imagínate: si te doy una cama, te autorizo a roncar a pierna suelta toda la noche.
Rafael se detuvo e hizo un histriónico gesto de horror, tapándose la cara con las manos.
–¿Ve, ve? Ahí está el error, dotol. Yo sabía que lo tenían engañado, yo sabía. ¡Le juro que lo sabía! –Se besó el pulgar y el índice para cerrar el juramento y siguió caminando–. Claro que me acuesto, pero sigo vigilando. ¿No dicen que un buen vigilante duelme con un solo ojo? ¿Y cuántos ojos tengo yo, ah? ¡Cuente, cuente! ¿Cómo voy a vigilá yo? Si tengo un solo ojo, quiere decir que siempre vigilo con un solo ojo, o sea que soy un buen vigilante.
El silogismo parecía lógico.
–Además, dotol–, continuó–, cuando duelmo de veldá veldá, polque a veces yo también duelmo de veldá; cuando duelmo de veldá, le decía, la gente no sabe si estoy dulmiendo o si estoy despielto. Porque yo siempre cierro un solo ojo. ¿Para que voy a cerrar el ojo malo que no ve? Entonces cierro el ojo bueno y el malo lo dejo abierto, pa'que la gente se crea que tengo abielto el ojo bueno y no me roben. ¿Le han robado algo, dotol, desde que soy vigilante?
–Que yo sepa, no.
–Bueno, entonces, si yo le sigo cumpliendo, usté me puede dar esa cama, ¿no?
–Pero Rafael, ¿y las lapas? ¿No conseguiste ni una hasta ahora?
–Verá, dotol, yo le explico: las lapas están ahí, pero están en celo, ¿sabe? Y eso hay que respetálo. No es correcto disparále a un animal mientras está… usté sabe, mientras uno está en sus cosas con una hembra hay que dejálo tranquilo. Eso es sagrado. A usté no le gustaría, ¿no? Bueno, los animales son como uno, hay que respetá eso…
Lo dejé hablando solo y me escapé con el ingeniero que hacía rato me estaba esperando con el carro en la entrada del aeropuerto.
¿Qué iba a hacer con este endemoniado Rafael  Albornoz?
                                                     ***

El famoso relampagueo del Catatumbo.

Cuando, a los dos años, terminamos por fin la obra con grandes pérdidas económicas y otro sinfín de problemas, Rafael Albornoz fue el único que se acordó de mí. Me envió a la oficina cuatro lapas con una nota donde confesaba que le había dicho al ingeniero que le habían robado la escopeta, pero que era mentira porque a él nunca nadie le robó nada. Decía que se había quedado con la escopeta después de los trabajos y la guardaba para mí, como un recuerdo de nuestra amistad, para ir a cazar juntos si alguna vez yo volvía a pasar por allí. 

4 comentarios:

Alfa Segovia de Stanley dijo...

¡Flor y nata de personaje tu Rafael Albornoz! ¡Muy parecido a ciertos políticos uruguayos! Al final te dio las lapas y todo. ¡Un caballero! ¡No puedes quejarte!

Carmen Palmieri dijo...

Me fascinó Rafael Albornoz! "Travieso" el hombre. Pero siempre gentil contigo. Beso.

Anónimo dijo...

Además de ser un cuento buenísimo, Rafael demuestra que los tuertos siempre tenemos razón.
Angel.

Anónimo dijo...

Aldo ese personaje de Rafael es auténtico y fiel, como la mayoría de nuestra gente de campo y bastante listo .

AL