10 nov. 2011

Personajes: Juan Calvino

JUAN CALVINO

Sólo la locura y el pecado hacen resaltar los  infinitos colores del amor."

¿Lo dijo Calvino?   ¡¡ No !! Lo dijo quien sabe amar: ¡ una mujer!





Puede ser cierto o no cierto que el embajador veneciano presente a la coronación de Papa León X haya dicho que el recién nombrado al Solio le había confiado: “Ahora que Dios nos  dio  el Papado,  vamos a disfrutarlo”; así como puede ser cierta o no cierta  o parcialmente cierta la famosa TAXA CAMARAE, siempre del mismo Papa;  pero lo que sí es cierto es que el ambiente excesivamente mundano de la corte Papal máxime en aquellos tiempos tenía poco a que ver con las enseñanzas de Cristo y San Francisco.
Sin embargo  la del señor Jean Cauvin, latinizado Calvino, fue una reacción quizás mas  extremista todavía, aun que en sentido contrario.

Jean Cauvin - Calvino

Debo confesar que escribir sobre ese Reformista, luterano en sus comienzos y obviamente calvinista después,   es tremendamente   difícil ya que es un personaje que cae mal, pero muy mal. Por lo menos a mí. Recuerda los fanatismos más  intolerantes  de todas las religiones con sus florilegios de locos y chiflados por las pretensiones de ser los únicos  depositarios de la sola verdad;  como si la verdad existiera y fuera una sola. Cae mal también por su absoluta falta de ironía e incapacidad de sonreír; como imaginar a una persona que no sonríe nunca?  Quizás toda su intransigencia y su cara siempre seria, arrugada y rabiosa ¿se debía a que tuviera  una pésima dentadura que no le permitía sonreír? Solamente teniendo una cara como la suya se podían reprimir algunas conductas que sí, es cierto, en si pueden ser consideradas pecaminosas o semi pecaminosas,  pero que forman parte de la naturaleza humana; y, admítamelo,  algunas son bastante agradables  y  de las pocas cosas que nos distinguen de las otros animales. Y sin duda  son las únicas  que de viejos   recordaremos con cierta condescendencia y picardía; nunca olvidaremos un desliz,  y añoraremos “aquellos”  tiempos.
 Cuando este reformador  tuvo poder prohibió y persiguió nada menos que el adulterio, la fornicación, el juego, la bebida, el baile, las canciones obscenas; hizo obligatoria e impuso la asistencia regular a los servicios religiosos. Quiso  simplificar los rituales de la Religión Cristiana, pero también en estos casos la simplificación la llevó a los extremos: prohibió la música y los bellos vitrales de colores en las iglesias; no quiso que se oyera más el sonido de las campanas; quiso que el arte religioso en general se suprimiera, nada de cuadros, nada de esculturas, nada de arte. En algunos templos se llegó a suprimir hasta los altares. Todo se redujo a la pura oración y recitación de salmos, en ambientes extremadamente austeros y grises y,estoy seguro yo, aburridísimos. Un poco exagerado todo eso,¿ verdad?
Opinaba que a los herejes  había que ajusticiarlos, sin dudas, pero sin imitar a los  juegos pirotécnicos de la aborrecida Inquisición Católica. Cuando por   varias circunstancias regresó a Ginebra, impuso su “dictadura teocrática” por la belleza  de 25 años. Y obviamente durante 25 años no aceptó críticas. Anticipó de siglos la que será la  tan criticada Infalibilidad Papal de Roma.

Pero se olvidó de la   negativa a imitar los juegos pirotécnico de la aborrecida Inquisición en el sonado  caso de Miguel Servet, científico y filósofo francés, él  que había descubierto la circulación de la sangre del corazón  a los pulmones y viceversa: este señor, que era también teólogo, habia escrito algo sobre la Santísima Trinidad discrepando de Calvino. Calvino lo mandó a prender  y por hereje fue quemado, vivo, en la hoguera. De esa manera el pobre Servet murió, sin la satisfacción de saber nada de su Record Guinnes , ya  que fue el único condenado a ser quemado vivo  sea por los  luteranos-reformistas-calvinistas,  como quemado en efigie  por la Iglesia Católica Apostólica Romana.
Sebastián Châtellon, otro reformador francés, a propósito de Servet  se permitió escribir que “Matar a un hombre nunca es defender una doctrina, sino matar a un hombre”. Naturalmente él también incurrió en las iras de Calvino y tuvo que escaparse a Francia para salvar el pellejo.
Sus teorías sobre la religión, enunciadas en Institutio religionis Christianae, no se limitaron como el  Luteranismo al norte de Alemania y a los países escandinavos, sino que se expandieron mucho más y se difundieron   en Suiza, Holanda, en Francia con los Hugonotes, en Escocia con los Presbiterianos, en Inglaterra  y en Estados Unidos con los Puritanos y también tuvo  influencias  en Hungría, en Polonia y en Alemania. Calvino nunca quiso  la unificación de las varias iglesias reformadas ya que  no quería renunciar o ni siquiera modificar  su teoría de la predestinación, inspirada, según él, en  San Pablo: Dios había decidido de antemano,  desde el inicio de los tiempos, quienes se salvarían y quienes no se salvarían,  por lo tanto el Paraíso lo  alcanzarían los elegidos por gracia divina y no los que pudieran merecerlo por buenas obras; y todo  según un calculo  de cierto numero de almas que Dios necesitaría. Los demás, los sobrantes, sobraban: y podrían irse tranquilamente al Infierno.
Otra característica de sus ideas  era aceptar el préstamo a intereses, prohibido, teóricamente, por los católicos,  por lo cual se vio en las prácticas calvinistas  un propedéutico  al desarrollo de la moderna economía del capital.  
Caricatura de Calvino por Archinboldo

Sin embargo, hay que admitirlo, Calvino no era como la mayoría de los predicadores, que predican una cosa y se portan de otra manera. El aceptó un sueldo muy modesto  durante toda su vida.  Nunca quiso cargos que le  significaran ingresos de dinero, ni nunca buscó puestos honoríficos para si mismo o para algún familiar.  Nada de nepotismo, de favoritismo, nunca ningún desliz. ¿Te  lo imaginas haciéndole el amor a su esposa Idelette de Burè, únicamente con fines de reproducción?  Lo único que reprodujo fueron tres hijos que murieron a los pocos meses de nacidos.
 Y ¿cómo fue que se “enamoró” y  se casó, Calvino? Eliminó esos dulcísimos episodios del cortejo, cuando un hombre y una mujer se encuentran, se miran, se enamoran y creen alcanzar el paraísos juntos. Había recurrido a unos amigos para que le ayudaran a conseguir una mujer que fuera ”gentil, pura, modesta, económica, paciente y  cuya mayor preocupación fuera  ocuparse del marido”  y un amigo le recomendó a Idette diciéndole  a Calvino que ella cumplía con los requisitos. Una mujer así no podía ser sino una mujer fea.

Otra cosa y digámoslo como otra curiosidad: en toda su vida el estimado señor Calvino nunca, nunca tomó unas vacaciones. ¡Nunca!

Ahora, seamos francos, ¿puede ser simpático un tipo así?


5 comentarios:

Alfa Segovia de Stanley dijo...

¡Mama mia! ¡Qué personaje!
Curiosidad: ¿ Por qué lo rescataste? ¿Por siniestro?

Anónimo dijo...

La cita con que empiezas tu investigación es inmensa, esperaba que nos dijeras quién fue esa brillante mujer. Lo que no te perdono es que con una orfandad en ciencias tan lastimosa como tenemos,le quites la nacionalidad española a Miguel Servet. Por lo menos dale el beneficio de la duda.
Angel

Aldo Macor dijo...

Coño, Angel... tienes razon...El tipo nació en Huesta, Aragon, verdad? Y porque usar ese nombre que termina en t, como Servet? para confundir a los inocentes??? Buen, esta aclarado... Pero, ves , leí en otra parte que se llamaba Serveto... por lo menos no dije que fuera italiano...jajajaja

Carmen Palmieri dijo...

Aldo, como siempre, una delicia leerte! Y sí, Calvino debe haber sido terriblemente aburrido... y feo!

Anónimo dijo...

De la misma manera que escribes Juan Calvino, escribimos Miguel Servet y no Serveto.
La comunidad oscense os agradecen la aclaración.
HOMOREM QUI AGNOSCUNT.
Angelus.