16 nov 2013

L.-Personajes.- 52/54 PAOLO IV CARAFFA


P A O L O       IV

                                      Giovanni Pietro Caraffa

                                  Papa desde    ( 1555 – 1559 )

Giovanni  Pietro Caraffa  pertenecía a una importante familia napolitana.   De joven, el Papa Leone X de Médicis lo envió como embajador en España e Inglaterra. Después del Saqueo de Roma, en el año 1527 el papa Clemente VII  le encargará, junto con otros funcionarios, la reforma de la Corte Papal. En 1536 el Papa Paulo III le encomendará también la  reorganización  de le Inquisición Italiana y Caraffa funda la Congregación del Santo Oficio. Poco después será nombrado Inquisidor General y lo será por muchos años, por casi toda la vida, hasta ser  por fin elegido Papa.
Cuando se murió el Papa anterior, nuestro Caraffa tenía ya ochenta años y  teóricamente con ninguna intención de competir por la  Sagrada Tiara. Pero el Emperador Carlos V (Carlos I de España) manifestó tanta aversión al Cardenal Caraffa, que este último se sintió ofendido; y no solamente eso, sino que el Cardenal, como todo buen napolitano, tenía un gran amor a su ciudad, a su gente:  y odiaba  desde siempre el dominio que España tenía sobre su tierra. Y sobre sus paisanos.  Así que vio  satisfecho  que el Espíritu Santo iluminara con su gracia a los Cardenales del Consistorio, apoyándolo a  él cómo napolitano. Y aceptó humildemente la nominación a Papa para que rabiaran los Españoles.
En aquellos años se encontraba  paralizado el Concilio de Trento que, como es notorio, debería haber sido una teórica tentativa de dirimir diferencias  entre   católicos y protestantes. Pero a Roma le fastidiaban las insolencias del borracho  curita alemán, como lo había ya definido Papa Médicis. Y el nuevo Papa no tenía ninguna intención de revivir la mesa de negociaciones, ya que la idea de aceptarlas era ofensivo  para su temperamento dominante y su mentalidad teocrática que colocaba a Roma, al Papa, o sea a sí mismo, por encima de Emperadores y de Reyes: él  era el Papa, el representante de Dios en la tierra y no tenia que negociar nada, sino que los demás le tenían que obedecer.
Utilizó eficazmente  y con gran competencia las funciones de le Inquisición Romana para combatir, reprimir y destruir las varias tentativas de infiltraciones de la diabólicas instituciones protestantes. Llegó hasta investigar a un Cardenal italiano muy importante y al cardenal ingles Reginaldo Pole. Ese Cardenal Ingles había   tratado de defender el retorno de Inglaterra a la Iglesia  católica durante el reinado de Maria Tudor,  o sea tenía sus grande méritos desde el punto de vista de Roma; pero, pobre de él, no secundaba las exigentes demandas del Papa para que devolvieran a la Iglesia los bienes anteriormente confiscados. Así que el inflexible Papa no dudó en someterlo a la  Inquisición !
Y este severísimo Papa también atacó a los judíos,  creó el Gueto de Roma, les quitó sus propiedades, los redujo a esclavos  y los obligó a usar ciertos sombreros amarillos, que revelaran su estatus. Culpas de los Judíos: haber  matado a otro judío, de nombre JOSHUA, alias Jesús, el Nazareno.
 Y, para poder controlar también la cultura, publicó el Primer Index Librorum Prohibitorum. Era Él,  el Papa, y solamente  él  quien podía decidir  cual libro se podía leer y cual no.
Ya se ha hablado de la fuertísima antipatía de Papa Caraffa contra España y los españoles, contra su Rey Carlos  1º de España (Carlos V de Habsburgo,  Emperador) y después contra su hijo Felipe II.   España en esos siglos estaba dominando buena parte del Sur de Italia.
 Caraffa trató de luchar contra ella así como el Papa Julio IIº había tratado de alejar los extranjeros del suelo italiano con el grito de “Fuera los Bárbaros”. Y con ese fin Papa Caraffa esperó  y confabuló para que Francia conquistara los dominios españoles en Italia, pero para él, para el Papa.   Y los Franceses se movieron realmente, y en este sentido.  Pero más se movió Álvarez de Toledo, Duque de Alba, español y virrey de Nápoles.
 Ruego se me permita acá una consideración personal. Ese virrey era el mismísimo Duque de Alba que, dicho incidentalmente  y como ya  contado anteriormente por mí,   mandó a ajusticiar por celos  un tátara tátaro  abuelo materno mío, Marco Berardi. Sí, porque mientras el valiente duque de Alba guerreaba contra los Franceses, mi tátaro tátaro abuelo, guerreaba las   guerras del amor en la cama de la dulce y linda y joven  esposa del cornudísimo Duque de Alba.  Pero un santísimo jesuita jesuiticamente insinuó algo al cornudísimo, quién  mando a cortar lo capo a tondo a mi ancestro, Marco Berardi. Y, ¡ oh misterios cabalísticos!, el anagrama del nombre de pila del glorioso antepasado, es el Macor de mi apellido paterno. Curioso, verdad? El Marco Berardi se transformará  en Macor Berardi.  ¡ Quizás lo que me preserva el destino!
 El  Duque de Alba, con cuernos o sin cuernos, seguia siempre guerreando; y guerreando llegó hasta Roma  y el pobre Papa, vencido y humillado, pidió la paz.
 Al poco rato, en  abril de 1959 llegó el famosísimo tratado de paz de Cateau-Cambrésis entre Felipe II  de España y Enrique II de Francia, y se concluyeron  finalmente las guerras entre Francia e España  que tanto  azotaron a Italia.
 De estos tiempos  es la  tristísima expresión de los pobres italianos: “Venga la Francia o venga la España, puarchè se magna”. 
 Al poco tiempo se murió el papa. Y el mismo pueblillo de Roma, como casi todos los pueblos  de todos los tiempos y de todos los lugares, ese mismo pueblillo que  lo había aplaudido  a la  coronación, cuando llegó su  muerte  lo desfiguró en efigie, destruyó sus estatuas,  quemó  la Inquisición,  y saqueó el rico convento de los Dominicos. 
Saqueos, en fin: la explosiva  y episòdica revancha del pobre.


6 nov 2013

L.- Personajes.- 51 /54 PAOLO III FARNESE


PAOLO III FARNESE
                                        Papa del  1534-1549

Otro modelo de Virtud Cristiana fue Alessandro  Farnese.    Fue Papa interesantísimo: la lectura de su vida y de sus hazañas dan la idea de cómo era, en Roma, la Sucursal del Cielo.
Era noble, de importante familia italiana. Se educó en Roma, su maestro fu el conocido Pomponio Leto, hijo ilegitimo del príncipe de Salerno, gran latinista, humanista, lector de Quintiliano, Plutarco y del Ars Amatoria de Ovidio.  Con un maestro así  el futuro Paolo III no podía no crecer como un príncipe del Humanismo. El joven Farnesio dominará  el latín,  la cultura clásica y no podía conseguir una Corte mejor para terminar su educación que la de Lorenzo de Médicis, en Florencia, que le permitió, de paso, conocer  a un cierto  Giovanni de Médicis, mas tarde Papa Leone X.  

La carrera eclesiástica de este joven prometedor fue de velocidad supersónica.  Sin ser siquiera sacerdote, a la edad de 25 años, en el 1493, cuando Colon daba sus celebres viajes al nuevo Mundo, él fue nombrado Cardenal por el virtuoso Papa Español Rodrigo   Borja, Alejandro VI.  El cual Papa virtuoso había puesto su mirada apasionada y lubrica en los senos de Julia Farnesio, hermanita de su homologo Alejandro  Farnesio. Y bien rindió  un  Capelo Cardenalicio. El Capelo fue   para  el Farnesio y la chica  para el Santo Padre.

 Pero el neo Cardenal Alejandro Farnesio consideró oportuno ordenarse sacerdote para que el Espíritu Santo pudiera más fácilmente indicarlo como favorito en el próximo Consistorio. Y así fue. Se ordenó sacerdote, fue elegido al Solio; lo cual no impidió, obviamente, que con el pasar del tiempo al amor al arte  de este Papa Humanista se agregara  el amor a las bellas damas. Se transformó  en amante de una noble romana, de la cual recibió cuatro hijos  bastardos;  los cuales, Paolo, Constanza, Ranuccio y Pier Luigi, a pesar de la bastardía, fueron legitimados para otro  gran Papa, Julio  II della Rovere.

Amante del arte y de las bellas mujeres este Papa no podía no llevar una vida lujosa en la Iglesia del Pescador. Él no inventó  pero sí, reforzó y practicó el nepotismo, esa  tierna, muy humana   y mafiosa costumbre  de favorecer a sus propios familiares y amigos: uno de sus primeros actos como representante de Dios en la tierra, fue de nombrar Cardenales a Guido Sforza y Alejandro Farnesio, nietos.  Y debía de tratarse de nietos  superdotados, porque el bendito Capelo Cardenalicio lo recibieron, respectivamente, a los 16 y a los 14 años.  Más  tarde trató de asegurar los dominios de la Santa Sede y estableció un lindo ducado para su  hijo Pier Luigi. Dos nietos Cardenales y un hijo Duque; nada mal.
Pero aparte estos suyos pequeños pecados veniales, trató de  eliminar o reducir ciertos pecados mortales  en la Corte Papal; reformó la Cámara Apostólica y el Tribunal de la Sagrada Rota. 
Le hace honor que a los tres años de Pontificado, con la Bula Sublimis Deus reconoció  que los indígenas del Nuevo Mundo eran personas, seres humanos, que poseían un alma, que tenían derecho a la libertad y por lo tanto podían practicar, si lo querían, la verdadera fe haciéndose cristianos; pero no había que obligarlo a ello con la fuerza ni tampoco tratarlos con crueldad. Los negros eran otra cosa: los negros habían sido maldecidos por Dios desde los tiempos de Noé y se confirmó que serian siervos de sus hermanos ad aeternum.  Que se jodan.  Lo dice la Biblia. Por lo tanto se podía traficar con ellos. Nihil obstat para que vayan a buscarlos en África.
Fu generoso con los artistas, los protegió; encargó a Miguelángel  frescos de la Capilla Sistina entre otras cosas. 
Aprobó a Ignacio de Loyola la fundación de la Compañía de Jesús y autorizó   otras Órdenes Religiosas. En su lucha prioritaria en contra de los protestantes fue este Papa que  estableció el Santo Oficio, inició la Inquisición Romana y elaboró el primer Índice de los Libros Prohibidos.
Muy estricto en  asuntos relativos al Sacramento del Matrimonio, perdió Inglaterra para la Iglesia Católica, negándole  a Henry VIII una anulación de matrimonio a la cual se podía recurrir con varios subterfugios ya utilizados en otras tantas ocasiones.
 En  aquellos tiempos la  arrogancia de la Iglesia Romana no concedía mucha importancia a los pueblos  del Norte. No se la dio a Martín Lutero,  así como no se la dio a los caprichos mujeriegos del  rey de Inglaterra. Con las consecuencias conocidas.
Se le llamó el Papa Enaguas porque ofreció su hermanita a los deseos concupiscentes del Papa Borja, Alessandro IV. Tuvo relaciones sexuales con su madre y con Constancia, su propia hija. Mandó a matar su propia hermana, cuando se puso celoso de uno de los amantes de ella. Aumentó los ingresos del Vaticano, creando un impuesto sobre  las entradas de 45.000 prostitutas.
Fue un personaje desconcertante.
¿Juicio sobre él?

26 oct 2013

L.-Personajes.- 50/54 JULIO ii


GIULIANO DELLA ROVERE
                                                                    JULIO II
                                   Papa del 1503—1513


Era un tipo simpático. Alto, de muy buen aspecto, noble, elegante, refinado, amante de las artes, de las buenas comidas y  de las bellas  mujeres; con grande personalidad y de carácter fuerte, a veces con explosiones de ira que lo llevaban  al turpiloquio y a la blasfemia como un carretero,  ayudó muchísimo a  artistas de la talla de Miguel Ángel y Rafael.

Giuliano estaba estudiando en un convento de Franciscanos, cuando un tío suyo fue nombrado Papa.  Suerte de uno al tener  a un tío Papa: el papa era  Sixto IV, quien   siguiendo las normas del nepotismo de la época, lo  nombró casi de inmediato  obispo y después Cardenal.  Y para el Joven Giuliano los obispados, con sus rentas, llegaran a ser nada menos que ocho,  incluyendo el de  Aviñón,  de gran importancia y bien suculento. Su tío lo enviará después a Francia como Legado Apostólico, y por su habilidad adquirirá gran influencia entre el Colegio Cardenalicio. Era de verdad un tipo muy hábil e inteligente. Su influencia durará  y aumentará aun después de la muerte de su tío, Sixto IV.
Giuliano, siguiendo las tradiciones romanas, tuvo varios hijos, que en aquellos tiempos se llamaban  eufemísticamente  nipoti, sobrinos del papa. Con una noble  romana  tuvo una hijita, pero Giuliano  generosamente,    le conseguirá un buen marido a su amante  y en la casa de otro Cardenal della Rovere, primo del Papa Sixto.
Gran enemigo de Giuliano era Rodrigo Borja, español.   Pero el primero a llegar al Papado fue Rodrigo, que se llamará Papa Alejandro VI  y   Giuliano no se resigna a este descalabro que le hizo el Espíritu Santo. Se apresura a denunciar a Papa Alejandro de haber sido nominado Papa no por la intervención de la Sagrada Palomita Blanca, sino por simonía y  una confabulación secreta.  Papa Alejandro VI  se pone furioso, obviamente. Giuliano le teme, se esconde, se escapa a Ostia y después a Paris donde trata de convencer al rey franco, Carlos VIII, el Afable, para conquistar Nápoles.
Sin embargo tampoco Alejandro VI era un niño de pecho y como contro mossa ofreció el Capelo Cardenalicio a un ministro poderoso y corruptible del Afable Rey de Francia;  y con eso  contrapuso sus maquinaciones a las maquinaciones del Della Rovere.

 En 1503 papa Alejandro VI Borja muere, quizás por malaria, quizás por veneno. Seguro que Giuliano no lo lloró. En este mismo año el Cardenal Giuliano della Rovere se transformará, por fin,   en  Papa Julio II.    Y  desde San Pedro,  con la espada en la mano más que con la  cruz gobernará al mundo cristiano imponiendo su propia voluntad.  Había asistido obligatoriamente  impasible como el Papa anterior, Alejandro Borja  y su hijo Cesar,  dilapidaban el Patrimonio de San Pedro en beneficio propio; así que recién nombrado y durante todo su reinado trató de recuperar los feudos perdidos y acrecentar el patrimonio  del Vaticano y, obviamente, el poder de su familia.

Peleó de persona contra Perugia y Bologna, que pretendían mantener cierta independencia. Julio II ,  como dicho, tenia la Cuz y la espada. Como con la Cruz, o sea con la  excomunión no había conseguido demasiada obediencia, recurrió a las gentilezas de la espada y recuperó Perugia y Bologna;   y  para su paladar refinado recuperó el sabor de los chocolates   Perusina y las  fiambres de Bolonia.

Después fue el turno de Venecia.  Claro, porque la Serenísima era  demasiado poderosa. Entonces este diablo de papa, soldado y maquiavélico, tanto hizo y confabuló y prometió que logró  unir Franceses,  Austriacos, Húngaros  y España y Saboya y Florencia y Mantua contra Venecia formando la Liga de Cambray. La pobre Venecia, aun que poderosa, no pudo contra toda esta gente y el anatema del Papa. La Serenísima  fue vencida en la batalla de Agnadello.

Venecia no fue destruida sino  debilitada; y eso era lo que querría Julio II.   Una Venecia  débil y  desmoronada  le devolvería   al Papa amplios territorios en el centro de Italia. Así fue. Conseguidos sus objetivos, Julio II sencillamente se salió de la Liga que dejó de existir al poco tiempo. Naturalmente quitó la Excomunión a los venecianos, que pudieron seguir  yendo a Misa con las almas purificadas e relativamente obedientes a Roma

Este Papa implacable puso entonces su implacable mirada sobre Génova y Milano, en poder de los franceses.  Que Luis XII Francia hubiese sido su fiel aliado hasta pocos meses antes en la pelea contra Venecia era un detalle de poca importancia: la diplomacia vaticana inventó la Liga Santa, integrada por Venecia, ya purificada  y los Estados Pontificios.  Y  otra vez al grito romántico y patriótico de “Fuera el Extranjero!”  a la Liga Santa se unieron  España, Enrique VIII de Inglaterra, Maximiliano de Austria y Suiza. El extranjero de turno para echar de la bota era ahora  Francia.  Y, mientras la Santa Liga se organizaba para intervenir, él sí intervino, directamente y  como capitán de sus tropas,  conquistado la pequeña ciudad de Mirándola, que se había atrevido a ser aliada de los franceses. A su vez Luis XII, en este ping pong de golpes y contragolpes, trató de convocar un Concilio en Pisa para debilitar la arrogancia del  Papa. Hubiera podido ser otro cisma. Pero el Concilio fracasó. Otra victoria del Espíritu Santo y de Julio II. “A la guerre! “, gritaron entonces los franceses. Sus ejércitos era muy bien equipados y entrenados seguramente habrían  ganado si el jefe militar francés, el habilísimo Gaston de Foix no se hubiere muerto como un tonto en el campo de batalla. Sin jefe valido, los franceses poco a poco retrocedieron y traspasaron los Alpes con la cabeza agachada.

 Siguiendo en su jueguito de endulzar a sus aliados y futuros enemigos, Julio II siguió usando con otra tanta  habilidad sea la espada que  los anatemas con contornos de  bulas apostólicas. Favoreció a Fernando el Católico por la ayuda que éste le había dado para expulsar de Italia a los franceses: y maquinó para que se instalara en el Reino de Navarra.  Pero también siguió maquinando  cuando vio que los españoles estaban convirtiéndose a su vez en nuevos amos de Italia. 

Al fin Papa  Julio II tuvo que morirse  como normalmente sucede a todos los mortales por más que sean representantes de Dios en la tierra  y cuando todavía  no se había desmarañado  la gran maraña de alianzas maquiavélicas  que había tejido con  todas las potencias europeas.

 ¿Fue un gran Papa?

 Sin duda fue un gran monarca, guerrero y mecenas de las artes. Como soldado recuperó tierras para su Monarquía Teocrática tratando una unificación de toda Italia. Y como Príncipe del Renacimiento su amistad y admiración para artistas de la talla de Miguel Angel y de Rafael,  y de tantos otros  pudieron dejar a los siglos venideros bellezas  de arquitectura, pintura y escultura. Porque ese Papa, entre otras cosas, inició la construcción de la Basílica de San Pedro en Roma. Y ¡ cuanto gritó y cuanto  blasfemó contra su amigo Miguel Angel para que le terminara antes de su muerte el fresco en la Capilla Sextina!

Miguel Angel se vengó, jocosamente,  de los acosos del Papa, representándolo con la figura del Diablo en una parte bien visible de lo que será el fresco más famoso del mundo: La Capilla Sistina.

Eran ambos dos gigantes. Y a los gigantes se les permite cualquier cosa.

 


16 oct 2013

L.- ^Personajes.- 46-47-48-49-/ 54 LEONARDO DA VINCI


                         LEOONARDO DA VINCI
                                 1452-1519


Se ha escrito tanto sobre  Leonardo di Ser Piero da Vinci  que reunidos los textos se llenaría una  grande biblioteca entera. Mencionaré, entonces, algo relativo a uno de los varios tantos aspectos de Leonardo,  uno quizás no tan conocido: el Leonardo da Vinci, alquimista de venenos, al servicio de Cesar Borja, el amoral Príncipe de Macchiavelli.

Habíase una vez una Italia del Renacimiento donde no solamente  existían obras de arte en pintura, escultura, arquitectura, sino también obras de arte en la manera de eliminar los enemigos. Las luchas abiertas en campos de batallas ya casi  no presentaban  ningún atractivos para los Príncipes italianos que  encomendaban esa forma vulgar de despanzurrarse a tropas extranjeras mercenarias;   y los siempre más refinados Príncipes  recurrían a los venenos,  donde el genio y la fantasía     se mezclaban para que el asesinato llegara a obra de arte.  Había una competencia, entre príncipes. Y el buen Duque  Valentino Cesare Borja,  hijo  predilecto del Papa Alejandro VI  Borja, contrató nada menos que a Leonardo da Vinci.
Leonardo, uomo di multiforme ingenio, amaba deleitarse con recetas de cocina inventando nuevos sabores y salsas misteriosas.
 El Príncipe, Cesare Borja, lo contrató. Sí, sin duda como Ingeniero Militar, porque Leonardo era excelente también en fortificaciones como había demostrado con su anterior patrón, el Duque Sforza de Milano.  Pero también como experto en comidas, festejos, maestro en todo, en fin, en todas las cosas más disparatadas.
Y el Príncipe de Macchiavelli le encargó  inventar un veneno que fuera absolutamente sin sabor para superar las dudas de los probadores de comidas  y que surtiese su efecto no de inmediato, sino al día siguiente, simulando un buen e inocente ataque cardíaco. Lo que los gentilhombres  usaban normalmente para esos casos  era la Cantarella, o Acquetta di Perugia, a base de sales de cobre, de fósforo y arsénico.  Pero  cualquier probador la hubiera individualizada.
 Lo de Probador de comida era una profesión, muy lucrativa pero de ciertos riesgos, en uso entre nobles, laicos o eclesiásticos. Antes que en invitado de honor comenzara a comer, el Probador probaba él mismo la comida del invitado. Si el tipo no se moría, el noble podía comer con tranquilidad en la mesa de su anfitrión. Recordaremos como anécdota, que los Reyes de España le hicieron “Salva la Comida” a Cristóbal Colon, de regreso de su primer heroico viaje, o sea le invitaron a su  Real Mesa. ¡ Al Gran Marinero le ofrecieron Probador como atención muy especial ! Esos eran los tiempos.
 Nuestro Leonardo recibe la orden perentoria de conseguir el veneno en el plazo de cinco días. Y el genio consigue a través de un amigo marinero de regreso del tercer viaje de Colon una hierba especial  de la Isla de Trinidad, que se llamaba Ichigua, o algo así.
Invitados a la mesa de Cesare Sforza estaba su papá, obviamente, o sea el Papa Alejando VI, estaba su  joven hermanita Lucrecia Borja jugando siempre con su gatito blanco, y estaban tres personajes importantísimos: el Cardenal Minetto, posible futuro candidato al Solio Pontificio con el preciso encargo de erradicar la corrupción  siempre  peor en la Curia Romana y en los alrededores del Papa;  estaba  el obispo de Santiago de Compostela y el Monseñor de Salamanca.  El severo cardenal Minetto sabia muy bien de los excesos de Alejandro VI, de sus amores incestuosos con su hijita Lucrecia, la casi niña que jugaba con su gatito, y sabia  también del “Baile de Las Castañas” que se celebraba cada año en los aposentos del Papa Alejandro en visera de Todos los Santos y que terminaba en una franca orgía pagana.  Mientras los comensales se preparaban para la cena, también nuestro Leonardo estaba  preparando su beberaje  con el cual  sazonar  unas bellísimas truchas. Al tener todo preparado él mismo probó una gota del plato envenenado y no percibió ninguno sabor. Pero había que probar de manera más abundante y el gatito de la bella Lucrecia con evidentes aspiraciones suicidas apareció de repente entre las piernas del Maestro. Leonardo era un tipo despierto,  agarró el gatito, le dio de comer un buen pedazo de trucha, obviamente envenenada. El gato agradeció con un maullido y se alejó. “A morir dentro de poco en algún rincón” pensó el Divino Maestro.
Y se sirvieron las suculentas truchas a  los comensales. Naturalmente después de la tradicional e indiscutida aprobación del gran probador  del Cardenal Mileto.
Cesare Sforza miró agradecido al gran Maestro. Todo procedía según los planes. Pero de repente el Cardenal se levanta de su asiento, lleva las manos a la garganta, se pone rojo, casi se le salen los ojos de las órbitas y cae muerto, a los pocos segundos. La mirada de Cesare Sforza, con ira reprimida, fulminó al Gran  Divino Maestro. 
Evidentemente el efecto del veneno se produjo de inmediato y no al día siguiente como ordenado a  Leonardo.
Pero…
Pero de repente, en cuestion de segundos, por allá en un rinconcito aparece  maullando  el gatito de Lucrecia.
Cesare y Leonardo se intercambian una mirada interrogativa. Se precipitan a ver el  cadáver del Cardenal: la  espina de una trucha se  había clavado en la garganta del Príncipe de la Iglesia, matándolo por asfixia.  ¡ No había sido ningún veneno!!! 

 Al día siguientes el  Papa Alejando IV, el Duque Cesare Sforza  y el Divino Maestro Leonardo di Ser Piero da Vinci  asistieron compungidos y aliviados a una Misa  de Miserere.


26 sept 2013

L.- Personajes,. 45/54 LUCREZIA BORGIA


LU                         LUCRECIA BORJA
                              ( 1480—1519)


Sobre Lucrecia Borgia, o Lucrecia Borja o Lucretiae Borgia se ha escrito muchísimo. Fue un personaje interesantísimo y misterioso: ¿santa o pecadora?  ¿Intrigante  o dulce virgencita? Nunca se sabrá a ciencia cierta  cómo fue en realidad esta mujer. O quizás fue un poco de todo eso.
Ella era hija del  valenciano-catalan Rodrigo Borja y de su amante principal, la condesa Vannozza Cattanei. El cual señor Borja, cardenal y hombre de robustos apetitos sexuales, llegado un cierto momento de su vida, consideró oportuno no seguir la relación pecaminosa con la bella condesa, madre de sus cuatro hijos de los cuales   solamente dos, Lucrecia y Cesar, pasaron a la fama inmortal, por sus defectos o por sus méritos.  Sí, el buen valenciano no siguió con la relación porque no lo consideró muy prudente cuando fue nombrado Papa: y dejó la amante. Pero como buen Papa y buen papá siguió manteniendo buenas relaciones sea con Lucrecia como con su hermano, el famosísimo  Cesare Borja, ejemplo de cómo debía de ser un Príncipe, según Macchiavelli. Que después el libidinoso Rodrigo Borja, ya  Papa Alejandro VI, haya aceptado  de parte del clérigo Alessandro Farnese la dulce tarea de quitarle la virginidad a su hermanita quinceañera Giulia Farnese en cambio de un “cappello” cardenalicio, esta es otra característica de esa pía familia de cristianos en esos santos  años en  la santa Roma.


A Lucrecia Borja no se le pueden atribuir las responsabilidades de  las acciones  “violentas, pecaminosas e inmorales” de su hermano y de su padre. Pero tampoco se puede afirmar a ciencia cierta todo lo  contrario. Lo    que se sabe de ella es que fue utilizada como mercadería de cambio. Fue entregada como esposa a personajes y príncipes italianos según las conveniencias políticas de su padre o de su hermano.

Pero al poco tiempo ya no hubo necesidad de la alianza con los Sforza. El buen Papa Alejandro tenía necesidad de alianzas más poderosas y parece que ordenó el asesinato de su yerno, para tener  a disposición  la todavía tierna Lucrecia como  mercancía de cambio. Pero parece, que el tan malvado  Cesar Borja, hermanito de Lucrecia, no fue tan malvado con su hermanita y la avisó de las conspiraciones de su padre; y la chica,  evidentemente enamorada del marido, le ayudó a escaparse  de Roma y de una  muerte segura.
El Papa Alejandro pidió entonces al cardenal Ascanio Sforza, tío de Giovanni, que persuadiese a éste ultimo  para que se anulara  el  matrimonio. Giovanni no solamente se negó, sino que además acusó a Lucrecia de incesto con su padre y con su hermano. Para enredar más las cosas, se dijo que el matrimonio no había sido consumado, y por lo tanto Alejandro afirmó  que era un matrimonio no válido e insistió con  a Giovanni para  que aceptara la anulación. Giovanni Sforza, al ser presionado también  por su familia firmó  una confesión donde admitía su impotentia coeundi, impotencia al coito, la cual cosa   permitió la anulación del matrimonio según el Rito de Santa Romana Iglesia:  ¿como se puede crecer y multiplicarse según el mandamiento divino  sin un poco del diabólico deseo carnal para con la pareja?
Como graciosa pincelada de costumbres, se dirá que muy poco antes de la boda con su  futuro y siguiente marido, Alfonso de Aragón, la diecisiete añera Lucrecia tuvo un lindo bebé, que pasó a la historia como El Bebé de Roma.

¿Bebé de Roma? ¿Cómo pasó esto? Aj aj. Aquí se descubre otra cosa linda. Parece que el buen Papá Alejandro obligó a su hijita Lucrecia a encerrarse en un Convento, en espera de nuevas designaciones matrimoniales. Nadie podría verla, con la excepción de su Santo papá, de su hermano Cesar y un empleado del mismo papa, un tal Perotto.  De los tres varones, ¿quién sería  el padre del niño?
Y continúa la novela a la  Boccaccio.  
El buen Papa Alejandro emitió dos bulas: en la primera reconoció el niño como hijo de su hijo Casare Borja, hermano de Lucrecia, el cual hermano mientras tanto había sido hecho Cardenal; y en la segunda bula, mantenida secreta por años,  reconoció al niño como hijo de él mismo y que lo habría temido por lo tanto con su propia hijita.  Para variar  el compás del incestuoso evento, apareció también la declaración del tal Perotto, quien aseguró que el niño era suyo  ya que Lucrecia abría sido su amante.
Como  fueron en realidad los eventos?
 Todo es posible.
 Posible que cada uno de los tres personajes, el papá Papa, el hermano Cardenal  Cesar Borja y el plebeyo Perotto fueran convencidos, y cada uno   en buena fe, de la propia paternidad. Lo cual a veces acontece a los ignaros varoncitos.
 Y también es posible que la  bonita y joven Lucrecia haya sido abusada por cada uno de los tres personajes.
 O que  su furor uterinus la haya llevada a provocar  los “pecaminosos deseos.”

La leyenda nació y nunca se sabrá la verdad.
Después fue impuesta la nueva boda de Lucrecia, esta vez con Alfonso de Aragón, nuevo aliado de los Borja. Pero al rato, al volverse ya superflua la nueva alianza, el nuevo aliado fue mandado a asesinar.  Lucrecia, así como trató de defender de la muerte a su primer esposo, trató  de defender a su segundo esposo, también  inútilmente. 
Otra versión, también posible, excluye motivos políticos y nos presenta a Cesare  Borja, libidinoso y pecador,  como celoso de  su cuñado, Alfonso de Aragón, que era un muy buen mozo, del cual la esposa Lucrecia se había enamorado y que por eso dejó de ”atender” a su concupiscente hermano. El cual hermano, además, se había puesto feo por un brote de sífilis que babia desfigurado su rostro.
 Pero la vida sigue para nuestra heroína. Al poco tiempo  de haber enviudado también de Alfonso de Aragón  ella será nombrada Administradora de la Iglesia y del Vaticano.  Al tener este cargo, muy criticado por su juventud e inexperiencia, le llegará por fin el tiempo de su siguiente  boda,  la tercera , esta vez con otro alfonso, con Alfonso d´Este,  Duque de Ferrara.

Nuestra Lucrecia irá a vivir a Ferrara. Y como  Duquesa  Lucrecia d`Este,  se le reconocerá como magnifica esposa, como dama refinada   amante de las artes,  como muy preocupada mamá para con sus hijos.  Ferrara la consideró, por lo tanto, como mujer bella, inteligente y culta aunque se admitió que en su primera juventud fue utilizada por las ambiciones de su hermano y de su padre.  Relativamente joven,  sin haber todavía cumplido los 40 años,  Lucrecia Borja morirá dignamente, en un ambiente y en tiempos donde la posición de la mujer era  todavía muchísimo  más difícil y criticada  que la de los hombres.
Al fin, la bella Lucrezia, ¿fue ángel o demonio?

Quizás un poco de los dos, como los machitos suelen decir que son ls damitas. 

                       




L.- Personajes.- 44/ 54 ALEJAMDRO VI BORJAS


                          ALEJANDRO VI
                              
                           Rodrigo Borjas
                    (Papa del    1492—1503) 


Nadie puede afirmar que el Papa Alejandro VI, o sea el valenciano-catalán   Rodrigo Borja, haya sido un Papa santo.
 Llegó al Pontificado con el apoyo  del Rey de España y no del Rey de los Cielos;  y no por oraciones sino  gracias a congruos  pagos en dineros a varios cardenales. Simonía, a todos los efectos.   También ha sido un pecador carnal, libidinoso, antes y después de ser nombrado al Solio.        Tuvo la belleza de ocho hijos y a todos favoreció con el así  dicho nepotismo que en el caso suyo  más bien hubiera  podido calificarse de paternalismo. Nombró Cardenal al noble Alessandro   Farnese, mas tarde Papa Paulo III,   otro ejemplo de caridad cristiana que le había ofrecido, para aplacar su sensualidad,   la hermanita Julia de quince años.
Pero la gran antipatía del pueblillo de Roma a su elección y la gran alegría a la noticia de que se había muerto ( posiblemente envenenado), no fue debido a eso pecados o por lo menos no solamente a esos: se debieron a que era un Papa Extranjero.
Y la Fama Negra de ese Papa español y de algunos familiares como Cesar Borja y Lucrecia Borja, impidió a los contemporáneos     notar los méritos de su Pontificado,  porque  sin dudas hubo algunos e importantes. Méritos mas como Jefe de Estado y no como jefe de la Iglesia. 

  En sus 10 años de pontificado supo organizar un gobierno ordenado, pudo evitar con el tratado de Tordecilla eventuales luchas entre España y Portugal para la repartición de las tierras nuevas descubiertas por Colon; fue un gran  mecenas de las artes y quizás sin él no existiría hoy en día la Piedad de Miguel Ángel. Además, espíritu practico, dictó leyes justas, tuvo buena administración, fomentó industria, comercio, restauró la paz, demostró buena dosis de tolerancia dando ayuda a colonias hebreas exiliadas por  las fanaticadas de España     y trató  formar  un estado italiano unitario, sin  extranjeros, ni franceses ni españoles.

 Esos fueron sin dudas méritos de ese Papa Español.
Pero los tres Borja, o sea el Papa Alejandro y sus dos hijos, Lucrecia y Cesar, seguían hablando catalán entre sí.  Quizás ese fue para los romanos su mayor defecto: para el pueblo, el Papa de la Iglesia de Roma, debía ser romano, o cuanto  menos un italiano

 Y alguien dijo que nunca le perdonaron a Alejandro  las blasfemias y groserías porque dichas en el incomprensible Catalán, y no en el  musical folclórico alegre  dialecto Romanesco del “Vaffannculo”.
                                 







16 sept 2013

L.- Personajes.- 43/54 CALVINO


JUAN CALVINO
                               1509-1564  



 “Ahora que Dios nos  dio  el Papado,  vamos a disfrutarlo”.
 Puede ser cierto o no cierto que el embajador veneciano presente a la coronación de Papa León X haya dicho que el recién nombrado al Solio le había confiado esta frase: así como puede ser cierta o no cierta  o parcialmente cierta la famosa TAXA CAMARAE, siempre del mismo Papa;  pero lo que sí es cierto es que el ambiente excesivamente mundano de la corte Papal máxime en aquellos tiempos tenía poco a que ver con las enseñanzas de Cristo y San Francisco.
Sin embargo  la del señor Jean Cauvin, latinizado Calvino, fue una reacción quizás mas  extremista todavía, aun que en sentido contrario. 
Debo confesar que escribir sobre ese Reformista, luterano en sus comienzos y obviamente calvinista después,   es tremendamente  difícil ya que es un personaje que cae mal, pero muy mal. Recuerda los fanatismos más  intolerantes por considerarse a si mismo él único depositario de la sola verdad. Cae mal también por su absoluta falta de ironía e incapacidad de sonreír; quizás toda su intransigencia y su cara siempre seria se debía a que tuviera  una pésima dentadura que no le permitía sonreír, pero que no le impedía reprimir algunas conductas que sí, seguramente eran pecaminosas o semi pecaminosas  pero que, al fin y al cabo, también forman parte de la naturaleza humana. Y algunas de ella son, admitámoslo, aún que pecaminosas, decididamente agradables. Cuando tuvo poder  persiguió  el adulterio, la fornicación, el juego, la bebida, el baile, las canciones obscenas; hizo obligatoria e impuso la asistencia regular a los servicios religiosos. Quiso  simplificar los rituales de la Religión Cristiana, pero también en estos casos la simplificación la llevó a los extremos: prohibió la música,  los bellos vitrales de colores con episodios religiosos; no quiso que se oyera más el sonido de las campanas; pretendió que el arte religioso en general se suprimiera, nada de cuadros, nada de esculturas, nada de arte. En algunos templos se llegó a suprimir hasta los altares. Todo se redujo a la pura oración y recitación de salmos, en ambientes extremadamente austeros... y grises.
Opinaba que a los herejes  había que ajusticiarlos, sin dudas, pero magnánimamente, y no  quería imitar a los  juegos pirotécnicos de la aborrecida Inquisición Católica. Cuando por   varias circunstancias regresó a Ginebra, impuso su “dictadura teocrática” por la belleza  de 25 años. Y obviamente durante 25 años no aceptó críticas.
Fue sonado el caso de Miguel Servet, científico y filósofo francés, él que había descubierto la circulación de la sangre del corazón  a los pulmones y viceversa: este señor,  escribió algo sobre la Santísima Trinidad discrepando de Calvino. Calvino lo mandó a prender  y por hereje fue quemado vivo en la hoguera. De esa manera el pobre Servet murió, sin la satisfacción de saber nada de su Record Guinnes:  fue el único condenado a ser quemado vivo  sea por los  luteranos-reformistas-calvinistas,  como quemado en efigie  por la Iglesia Católica Apostólica Romana.
 Y a propósito de Servet,  , otro reformador francés, Sebastián Châtellon, se permitió escribir que “ Matar a un hombre nunca es defender una doctrina, sino matar a un hombre”. Naturalmente él también incurrió en las iras de Calvino y tuvo que escaparse a Francia para salvar el pellejo.
Sus teorías sobre la religión, las había enunciado en Institutio religionis Christianae  y su influencia no se limitó como con el  Luteranismo al norte de Alemania y a los países escandinavos, sino que se expandió mucho más y se difundió   en Suiza, Holanda, en Francia con los Hugonotes, en Escocia con los Presbiterianos, en Inglaterra  y en Estados Unidos con los Puritanos y también tuvo  influencias  en Hungría, en Polonia y en Alemania. Pero Calvino nunca quiso  la unificación de las varias iglesias reformadas ya que  no quería renunciar o ni siquiera modificar  su teoría de la predestinación, inspirada, según él, en  San Pablo: Dios había decidido de antemano,  desde el inicio de los tiempos, quienes se salvarían y quienes no se salvarían,  por lo tanto el Paraíso lo  alcanzarían los elegidos por gracia divina y no por buenas obras; y todo  según un calculo  de cierto numero de almas que Dios necesitaría, y los demás, los sobrantes, sobraban: y podrían irse tranquilamente al Infierno.
Otra característica de sus ideas  era aceptar el préstamo a intereses, prohibido, teóricamente, por los católicos,  por lo cual se vio en las prácticas calvinistas  un propedéutico  al desarrollo de la moderna economía del capital. 
Sin embargo, hay que admitirlo, Calvino no era como la mayoría de los predicadores, que predicaban una cosa y se portaban de otra manera. El aceptó un sueldo muy modesto de 100 coronas durante toda su vida y a la hora de la muerte dejo a los herederos solamente 300 miserables coronas.   Nunca quiso cargos que le  significaran ingresos económicos adicionales, ni nunca buscó puesto honorífico para si mismo o para alguno de sus familiares. Nada de nepotismo, de favoritismo, nunca ningún desliz. Me lo imagino haciéndole el amor a su esposa Idelette de Burè, únicamente con fines de reproducción.  Y lo único que reprodujo fueron tres hijos que murieron a los pocos meses de nacidos.
 Y como fue que se “enamoró” y  se casó, Calvino?
Había recurrido a unos amigos para que le ayudaran a conseguir una mujer que fuera ”gentil, pura, modesta, económica, paciente y  cuya mayor preocupación fuera  ocuparse del marido” , y un amigo le recomendó a Idette diciéndole en confianza  a Calvino que ella cumplía con los requisitos.
Y, digámoslo como otra curiosidad: nunca tomó vacaciones!

Ahora, seamos francos, ¿puede ser simpático un tipo así?