5 jul. 2011

Mi primita Carla

(1935-1939)

Y un día mamá me dijo:
“Aldino, dentro de pocos días vamos a Roma. Papá ahora es más importante y vamos a vivir a Roma. Vamos a saludar a los compañeritos y a la señora maestra.”
Compañeritos no había tantos. Mamá no quería que estuviera mucho con ellos porque aprendía las groserías. Mamá siempre me venía a buscar a la escuela. Papá casi siempre me acompañaba por la mañana, pero no siempre porque a veces no podía porque trabajaba mucho. En el Banco y en la Confederación. En la casa yo jugaba con mi primita Carla. Carla era muy linda. Un poco más pequeña que yo. Claro, yo era varón y ella solamente niñita. Pero era muy linda. Claro, no como la tía Edwigis porque era niña y todavía no le había crecido mucho el cabello. También Carla era rubia, mi mamá decía que porque en la familia de papá eran de los Alpes, del norte, que eran austríacos. También la tía Irma era rubia, pero era fea pobrecita, y pequeñita. Yo no era rubio y mamá tampoco y me dijo que yo era más de la familia de mamá que eran del sur. Con el cabello bello negro y los ojos que brillan. Yo fui a verme al espejo pero no me brillaban tanto. Tampoco a Carla porque los tenía celestes. Pero era linda, Carla y tenía los bucles como esa chica que también me gustaba mucho a mí, pero la vi solamente en el cine, una vez que mamá me llevó. Se llamaba chirlitemple, pero no era italiana. Me dijo Carla que de grandes nos casaríamos. Pero un día se había ido a Roma, antes que yo. Y casi me había olvidado de ella. No tenía más con quien jugar. A veces jugaba un poco con la tía Irma, pero ella tenía sabañones. No sabía lo que eran porque nunca los vi. Pero la tía Irma me enseñó a cantar canciones que ella cantaba cuando estaba en el colegio de las monjas, en Friuli. Dindine Dindone. Ella decía que no era italiano. Pero tuvo que escaparse cuando llegaron los Krauti (los austríacos), porque los Krauti se comían a los niños. Pero a ella no se la comieron porque hablaban casi igual y era rubia como ellos. Pero cuando mamá me dijo que iríamos a Roma, estaba contento. Así podía jugar otra vez con Carla. En el tren se viajaba de noche, y cuando uno se despierta es que ha llegado a Roma. Mamá había nacido en Roma, pero antes. Y mamá hablaba como los romanos, pero también sabía hablar como los de Génova y también como los de papá. Yo no. Yo no los entendía. Yo los entendía solo cuando hablaban normal. Y los de papá se reían y me decían que yo era casi africano. A papá los de Roma no le gustaban tanto, y tampoco los de Nápoles. Por eso papá nunca comía espaguetis. Decía que eran cosas de napolitanos. El comía el risotto. Y la polenta. Pero papá tenía un poco razón. Una vez fuimos a Nápoles y vi los napolitanos que comían espaguetis con las manos. Pero cuando viajamos en el tren mamá me dijo que me acostara como si estuviera en la cama así nadie se metía en nuestro compartimiento. Pero yo quería ver a la gente. Las estaciones tenían un olor raro y todos silbaban. Así que se subió con nosotros un señor muy feo y gordo. Y fumaba pipa, y a mí me daba tos. Mamá se lo dijo. Pero el señor no dijo nada. Y fumaba siempre. Entonces mamá me dijo espera, y salió y regresó después con un soldado de esos con la camisa negra. Y le dijo al señor que fuera a otro compartimiento. Y el señor se fue de inmediato.
Me puse a dormir pero pensaba en la maestra. Cuando fui a saludarla porque partía, le di un beso. Ella lloró. Nunca había visto llorar a una maestra. Ellas lloran sin ruido. Me abrazó mucho, me dijo algo que no entendí bien pero después mamá me dijo que ella había dicho que nunca se olvidaría de mí. Que cuando estuviera en Roma, estaría con gente importante. Pero que aun cuando después yo fuera grande, “aunque fuera un gran jerarca, ella siempre recordaría mi cara de muchacho”. Yo no sabía qué era un Jerarca. Tampoco lo sabía bien mamá. Papá nos dijo que Jerarca es un jefe grande de las camisas negras.
¿Cómo Mussolini?, le pregunté a mamá.
Mamá se rió y me abrazó.
“No, como Mussolini no; imposible ser como Mussolini, pero serás importante... casi como Mussolini!”
Así me dijo mamá.
Bueno, pero después llegamos a Roma. Roma es como Génova con tanta gente y tantos tranvías. Pero no hay tantas escaleras. Casi no hay. Y en casi todas las calles hay fuentes de agua. Agua fresquísima aun en verano y las fuentes siempre tienen agua y nunca cierran el grifo. No hay grifo. Metes la mano y ya.
Pero Carla no estaba. Vivía cerca de nosotros con su mamá y su papá pero no estaba con nosotros en la misma casa. Yo la veía a ella desde la terraza. Nosotros teníamos dos terrazas grandes. Y la veía, a Carla a veces, me saludaba pero nada más. La gente grita mucho en Roma. En Génova no grita nadie. En Roma sí. Mamá me llevó una vez al mercado, y allí gritaban todos muchísimo. Creía que estaban peleándose, pero no. Gritaban tomate tomate tomate y eso.
La tía Irma decía que los romanos eran muy gritones y malcriados porque una vez se estaba subiendo a un tranvía y la tía Irma no podía subir muy rápido y un romano le gritó:
 “¡Dale! ¡Mueva ese culo gordo!”
 Y culo no se dice. Es una grosería. Pero el romano lo dijo, y le metió una mano detrás de la tía Irma para empujarla adentro en el tranvía. La tía Irma gritó. Y todo el mundo se rió. Y yo también. Y la tía me dio una bofetada. Me avergoncé mucho. No debía reír. Pero ese romano me hacía reír diciendo esas groserías. Pero el sábado en la tarde ibamos a  la escuela vestido de Baillla y  todo íbamos a marchar. A mí me gustaba marchar. Y hasta me dieron un tambor y yo tocaba adelante de todos con mi tambor. Yo y dos “balillas” más.
 Así que éramos tres delante de todos, pero estaba también el tipo con el mazo alto que lo llevaba en alto (StabFüherer), pero no era my bueno porque el bastón siempre se le caía. Pero entonces ya no era Hijo de la loba sino Balilla. ¡Y además me habían hecho cabo!  ¡Y tenía un Medallón del Duce en el pecho! En la calle, marchando, cantábamos las canciones contra los negros malos que ya los habíamos matado a todos. Pero faltaban todavía los ingleses, que eran todos feos y con los dientes largos y amarillos. Pero nos ayudaban los alemanes, que eran los camaradas. Eran bellos, los alemanes. Más altos que nosotros, y casi todos rubios. En las estaciones de ferrocarriles, cuando llegaba un tren con soldados alemanes, ellos salían del vagón y se desnudaban y se lavaban con el agua de las calderas de las locomotoras. Nuestros soldados, no. No podían lavarse. Mamá decía pobrecitos con ese calor ni una ducha. Pero una vez me dijo que los alemanes tenían que lavarse mucho porque eran muy sucios y olían mal y tenían mucha suciedad que quitarse. Aprendimos a cantar una linda canción, se llamaba Lili Marlin, de una muchacha alemana enamorada de un  soldado alemán. Las chicas siempre se enamoran porque nunca tienen otras cosas que hacer. Yo pensaba en Carla, pero Carla ya era grandecita, y ya no pensaba tanto en mí.


Pero otro día papá quiso ir a vivir a otra parte de Roma. Era un apartamento muy bello. Se decía ático, penthouse. De allá se veía toda Roma. Bueno, no toda pero casi. Y había un ascensor. Nunca me había montado en un ascensor. Llegaba desde abajo hasta la puerta de mi casa. En ese apartamento, a papá le gustaba estar cerca de las ventanas porque se veía el panorama. Y veíamos todo. También Piazza Venezia donde siempre trabajaba Mussolini. Hasta de noche porque estaba siempre con luz. Y papá era amigo del general Garibaldi, que vivía al piso de abajo. Era un señor un poco viejo, creo que nieto del que teníamos el retrato en la escuela en Génova. Pero estaba vestido normal. No con el poncho y la camisa roja. Pero tenía una esposa que no era una esposa. (Mamá decía “los Garibaldi no son religiosos”, no se casan ). Pero era muy bonita y perfumada. Y papá jugaba ajedrez con ese general y siempre le besaba la mano a la esposa que no era esposa. El General era muy importante pero papá le ganaba siempre. Pero a mamá la esposa que no era la esposa no le gustaba tanto, me di cuenta una vez. Y papá también jugaba bridge con el Almirante. El almirante sí, era un poco bastante viejo. El estaba dos pisos abajo de nosotros. Estaba siempre muy elegante pero tenía unos anteojos raros, porque era de un ojo solo, quizás se le había perdido la otra mitad con tantas tempestades en el mar. Pero jugaban dos o tres amigos. Pero no el hijo del almirante. El hijo del almirante era un señor feo, era Senior de la Milicia Fascista. Papa' decía que era cretino como todos los de la Milicia. Eso no lo entendí muy bien, como se hacía para ser cretino e importante. Pero mamá me dijo que no había que repetir eso, que papá bromeaba. Pero el hijo del Almirante de verdad era feo, casi como mi maestro.
Sí, maestro, porque en Roma yo no tenía maestra como en Génova sino un maestro, pero era muy feo y parecía una tortuga pero tenía un automóvil. Se llamaba Balilla, el automóvil. Y tenía una matrícula rara, no decía Roma, como los otros pocos automóviles que a veces pasaban. Su matrícula decía R.S.M. Que después supe que era República San Marino. Bueno. No era como nosotros que era Reino de Italia con un Rey y un Duce. Lo suyo era solamente República. Y siempre me invitaba a mí y a mamá a dar un paseo. Pero mamá siempre decía que no. Una vez casi lloré, porque el maestro nos había invitado a ir los tres a la playa, a Fregene, donde él tenía una casita bella de verano. Y yo estaba feliz. Pero mamá dijo que no. Que era demasiado feo.
En eso era verdad, tenía razón, era muy feo.
Y así es y ahora me cansé de contar.



4 comentarios:

Alfa Segovia de Stanley dijo...

¡Yo también me acuerdo de la rubita "Chirlitemple"!
Otro relato encantador niño Aldino

Aldo Macor dijo...

Querida Alfa, te agradezco muchisimo esos comentarios tuyos. En la situacion emotiva incierta en la cual me encuentro, son de enorme ayuda para mi. Deberia pagarte honorarios de medico psicologo o algo similar ! Bueno, Hay dos posts mas en programacion para dentro de 7 y 13 dias. Sobre un muy probable antepsaddo mio, del cual soy enormemente orgulloso. Perdio' literalmente la cabeza al enamolrarse de una mujer bellisima. El marido cornudo, al enterarse por el inefable jesuita confesor, los agarro' in flagranti. Era nada menos que un Grande de España, y le mando'a cortar....jajajaja leas el proximo post !!! Ciao,,Alfa,

Alfa Segovia de Stanley dijo...

¡Ah, esos confesores "HAZ LO QUE YO DIGO PERO NO LO QUE YO HAGO!
¡También los conozco!
¡Vendrán notas tipo PAOLO Y FRANCESCA! ¡Qué bueno! ¡Las esperaré ansiosamente!
Ciao, Aldino

Anónimo dijo...

¡Delicioso relato, capo squadra!
Angel.