27 dic. 2010

Frustraciones de paracaidista

ITALIA. Octubre-Noviembre, 1943

En mi mentalidad del 1943, de mis 15 años, con la gran confusión creada por los eventos políticos y de guerra, la noticia de la constitución de la República Social Italiana de Mussolini fue para mí motivo de alivio y casi recuperada fe. Entonces no todos los italianos éramos payasos, polichinelas, que cambian de bandera según cambia el viento. Y poco de fiar. Me había quemado el orgullo la famosa frase de Napoleón sobre los italianos, y que ahora los alemanes estaban usando con fines bien definidos de reproche y desprecio:

“No se puede confiar en los italianos. Italia nunca termina una guerra del mismo lado en que la empieza.”

Y Napoleone Buonaparte era legalmente francés por un incidente de pocos meses, pero de sangre italiana 100%, padre italiano, madre italiana, hermanos italianos, hablaba italiano, decía groserías en italiano; para el débil y asustado Rey Luis XVI, cuando cobardemente se puso él mismo el Birrete de Revolucionario Francés, comentó: “Che coglione!” (¡Qué huevón!). Y lo dijo en puro italiano folklórico que le salió del corazón.

Yo estaba muy picado en el orgullo; no quería seguir el ejemplo de las marionetas cambia-estandarte, de aquel rey enano de cuerpo y de espíritu que para salvar su pellejo y el de su ya degenerada familia fue a mendigar ayuda a la orgullosa Corona de Inglaterra. Esos ejemplos yo no lo seguiría. Aunque la guerra estuviera ya medio perdida, preferiría la bandera del honor y la lealtad. Mejor morir con dignidad que vivir como chacales.
Y esa era, en buena fe, la mentalidad mía “heroica “de la época. De casi todos los jóvenes fanatizados de la época. Justa o errada que fuera, eso era lo que sentía. Y no era, lo juro, no era por simpatía especial para los alemanes o antipatía especial para los americanos. Si acaso era todo lo contrario: era duro soportar la arrogancia germánica. Pero se trataba de un principio moral. De mantener el honor de la palabra. Y una vez regresado a Roma, fui a inscribirme al Partido Fascista Republicano. En la plaza Bainsizza, cerca de mi casa. Me aceptaron. Pero cuando pedí que me aceptaran también como voluntario en las tropas de paracaidistas (quería ir en la Folgore) para ir a pelear a Sicilia invadida por el enemigo, me mandaron a hablar con el Teniente Anciano. Se dice “anciano” cuando el oficial está a punto de ser promovido “por ancianidad” al grado superior. Este teniente anciano lo recuerdo todavía muy bien. De anciano no tenía mucho. Era un joven de 25 años, quizás. Pero, claro, para chicos de 15, era un anciano.

“¿Para qué quieres ir con los paracaidistas a combatir contra los americanos?"

“Porque no quiero que el sagrado suelo de la patria sea contaminado por comerciantes, hebreos y negros y además por lealtad al aliado germánico.”

(No debería ser necesario aclarar que cada evento, frase u opinión, como ésta, debe ser considerada en su contexto y no ser vista con “il senno di poi”, o sea con los ojos de hoy en día. Claro que estaba fanatizado. ¿Y no lo estábamos todos? ¿Cuándo escuchábamos las clases de religión? ¿O los cuentos bellísimos y falsos de las abuelas? ¿O las seductoras fantasías marxistas, fascistas, nazistas y racistas? ¿Cuándo nos enseñaron que al que te golpea hay que ofrecerle la otra mejilla?)

“Ah”, el teniente me miró. Y siguió mirándome un buen rato más, quizás evaluándome. Claro, repito, una frase así como la dicha por mí es tremendamente cursi, hoy Cursi a decir poco. Pero en esos tiempos yo creía en eso con el entusiasmo del muchacho enamorado de una idea; el teniente me miraba y siguió: “¿Tú sabes, camarada, que cuando habrás terminado tu entrenamiento, ya Sicilia habrá caído completamente en manos del enemigo? Y ¿sabes por qué lo harán tan rápido? No solamente porque tienen industrias que nosotros ni soñamos, sino porque, además, liberaron a todos los mafiosos que Mussolini había encarcelado y les mandan a pagar indemnizaciones por considerarlos Victimas del Fascismo. ¡Los compran! Les pagan. Así que los mafiosos se han transformado de delincuentes en héroes, y han aumentado su poder en Sicilia.”

Se quedó pensativo y luego continuó más o menos en esos términos: “Tú eres estudiante, inteligente, serás de los que deberán levantar nuestra Italia. Ciertas cosas debes saberlas. La C.I.A. norteamericana hizo un pacto de “honor” con Lucky Luciano, el mafioso siciliano más importante encarcelado en U.S.A. Le suspendieron ya la pena del ergástulo,  y le darían su libertad completa si logra en Sicilia que sus colegas mafiosos ayuden a las tropas aliadas en la invasión de la isla. Y eso es lo que está sucediendo. Nadie se opone a la entrada de los aliados en Sicilia.”

Claro, el teniente decía lo que sabía, pero no decía toda la verdad. Y no podía porque no sabía todavía que, con mafia o sin mafia, las industrias de Estados Unidos conquistarían en poco tiempo a toda Sicilia, a toda Italia, a toda Francia, a toda Alemania, a toda Europa.

El teniente me siguió mirando. Me preguntó: 

“¿Cuántos años tienes tú?”

“Quince, señor Teniente… pero dentro de poco voy a tener 16”

El teniente siguió mirándome, esbozando una leve sonrisa:

“Claro, después de los 15 vienen los 16… Y ¿no crees tú que a los 15 años la Patria tú la sirves mejor en los bancos de la escuela? ¿Qué haces tú ahora?”

“El año que viene entraré al primer año de Liceo Clásico al Mamiani, señor teniente”

“Entrarás… si es que no vas a Sicilia. Mejor que vayas al primer año de Liceo. No puedo aceptarte. Eres demasiado joven todavía.”

Y no me aceptó. Regresé a casa, humillado. Mi mamá me abrazó, creo que llorando. 

“Menos mal, que Dios bendiga a aquel teniente.”

Y mi papá, mirándome con una expresión indescifrable:

“Todas excusas para no estudiar”.



























3 comentarios:

Anónimo dijo...

¡Que lindo leer la frase :“¡Mejor un día como leones que cien años como ovejas!”!
¡¡Que gran falta le hace al Uruguay!!
En el país del "no te metas" y "callate la boca que ellos tienen la sartén por el mango", vaya efecto revolucionario que tendría !!!

Aldo Macor dijo...

Si, amigo anonimo, la frase es bellisima, y la comparto plenamente. Pero la gran mayoria de las gentes son ovejas,piensan como ovejas,ni nunca han visto a un leon porque cuando oyen su rugido, huyen despavoridas.

Anónimo dijo...

Creo que la gran frase es:
"Todas excusas para no estudiar"
Frase que nos conduce a un enigma paterno ante un peligro inminente.
¿Qué crees que quiso decir, tú que lo conociste?
Angel