26 ago. 2013

L.- Personajes.- 41/ 54 MARTIN LUTERO


MARTIN  LUTERO
                                1483-1546


Martin Luder o Martin Luther o Martín Lutero había nacido en Alemania, como  todos los alemanes suelen hacer. Y como casi todos los alemanes era una persona seria. Creía en lo que hacia, creía en sus jefes, creía en la autoridad, creía en lo que creía. Venia de un ambiente  semi-campesino y basta observar algunos de sus retratos, para entender su carácter: mandíbula cuadrada, tipo buldog que no deja la presa, facciones fuertes de campesino teutón pero con ojos de soñador, de hombre que cree.
Y creyó y se fue a Roma Santa, en peregrinación.
Y allí dejó de creer.
Era monje agustino.
Su papá quiso que tuviera una buena educación y el Joven Martín comenzó a frecuentar la universidad a los 17 años: ¿qué aprendió? : a tocar el laúd y comenzó a estudiar derecho. Pero un buen día fue “casi fulminado” por una visión de su futuro. Regresando a su casa, un rayo, literalmente un rayo, cayó muy cerca de él. A pesar de ser alemán y perteneciente a la supuesta raza superior,  tuvo miedo e imploró, no se sabe bien porqué, a la abuela de Jesús y decidió hacerse monje. Vendió todos  sus libros, menos los de Virgilio e ingresó al Convento Agustino en 1505, a los 22 años.
Y siendo, como dijimos, una persona seria, el joven quiso practicar seriamente las doctrinas del cristianismo: se dedicó intensamente al ayuno, a las flagelaciones, a peregrinajes y tuvo muchas horas de oración y reflexión; pero sobretodo  se dedicaba a cumplir obras buenas a favor del prójimo.
Fue ordenado sacerdote, era  muy inteligente y le pidieron que enseñara teología en la Universidad de Wittemberg…y en algún momento se fue a Roma, en peregrinación, como ya hemos dicho.
 Y allí  tuvo la  gran decepción:  no fue tanto  y solamente por las ventas de las indulgencias,  de las cuales se hablará tanto y que fueron después uno de los vistosos caballos de batallas de los protestantes, sino por algo mucho más profundo que lo escandalizó y lo entristeció: se desilusionó por el espíritu nada cristiano de la  Roma papal del Renacimiento.
Al fin era  un  campesino y  no podía  justificar ni entender el lujo, el deseo de cultura, el amor a las artes y mucho menos la costumbre a las conspiraciones políticas con contornos de venenos y asesinatos ni los nepotismos de la Corte de Roma.
  No podía entender ni aceptar que la Curia Romana se pareciera más a las cortes fastuosas  y a menudo pecaminosas de cualquiera de los Príncipes “Iluminados” de la Italia del Renacimiento.
Regresó asqueado a su  pueblito  alemán y de ahí en adelante, todos sus esfuerzos fueron para que la Iglesia, a la cual se sentía profundamente arraigado,  pudiera regresar a las enseñanzas de la Biblia, de los Evangelios y al verdadero espíritu cristiano de su Fundador y de los primeros años de cristianismo.
Dos eventos importantísimos tuvieron consecuencias por el gran impacto de su persona en la sociedad civil  alemana y europea en general:
1) que al traducir la Biblia del latín y griego al alemán para hacerla comprensible a la mayoría de los fieles, nuestro Martín tuvo que estandardizar  los varios dialectos de la región alemana o sea en la práctica “fundó” el idioma alemán, así como el Dante había hecho con su Comedia para el italiano.
2) que al casarse con una linda e inteligente monjita promocionó el matrimonio entre los sacerdotes cristianos.
Hubo dos puntos que comenzaron el gran incendio:
a) la Venta de las Indulgencias;
b) y el nacionalismo alemán versus el  predominio latino  de Roma.
 La venta de las Indulgencias fue una de las maneras de financiar la construcción del gran templo de la Basílica de San Pedro en Roma: el Papa “concedía” la remisión de los pecados a toda persona que ofreciera dinero para la Basílica de San Pedro.   Pero el consiguiente desvío de fondos alemanes hacia la Ciudad Eterna, casi siempre  administrada por Papas italianos, irritó a la mayoría de los alemanes, orgullosos de su raza y cuidadosos de sus bolsillos. Lutero, como religioso, consideró que ese tráfico de Indulgencias   podía confundir a su gente haciéndoles creer en la mayor eficacia de las compras del perdón  comparada con la confesión y el verdadero arrepentimiento.  Y clavó, literalmente, en la puerta de su iglesia en Wittemberg la famosísimas e históricas 95 tesis condenando la avaricia y el paganismo en la Iglesia Católica Apostólica Romana.
Se armó el gran “putiferio”, el gran alboroto. En quince días toda Alemania sabía de eso y en dos meses toda Europa tenía copias traducidas de las 95 tesis. La imprenta, recién inventada, tuvo su primera demostración de poder.
El Papa  León X, hijo del gran humanista y príncipe Lorenzo de Médicis, restó importancia a la reclamación del curita y, como ya dicho, muy superficialmente lo definió “borracho alemán que se retractaría cuando estuviera más sobrio", y siguió conversando de arte.
Aparte el gran problema de las indulgencias y de la corrupción, comenzó a circular un documento que, aun que sea controvertida su autenticidad,  o que sea exagerado. vale la pena reportar: se trata de parte de la TAXA CAMARAE, o sea algunas de las “tarifas” aparentemente autorizadas por ese Papa y que había que cobrarles a los fieles por el perdón de los pecados detallados  según el tipo:

1.    El eclesiástico que incurriere en pecado carnal, ya sea con monjas, ya con primas, sobrinas o ahijadas suyas, ya, en fin, con otra mujer cualquiera, será absuelto, mediante el pago de 67 libras, 12 sueldos.
2.    Si el eclesiástico, además del pecado de fornicación, pidiese ser absuelto del pecado contra natura o de bestialidad, debe pagar 219 libras, 15 sueldos. Más si sólo hubiese cometido pecado contra natura con niños o con bestias y no con mujer, solamente pagará 131 libras, 15 sueldos.
3.    El sacerdote que desflorase a una virgen, pagará 2 libras, 8 sueldos.
5.    Los sacerdotes que quisieran vivir en concubinato con sus parientes, pagarán 76 libras, 1 sueldo.
6.    Para todo pecado de lujuria cometido por un laico, la absolución costará 27 libras, 1 sueldo; para los incestos se añadirán en conciencia 4 libras.
7.    La mujer adúltera que pida absolución para estar libre de todo proceso y tener amplias dispensas para proseguir sus relaciones ilícitas, pagará al Papa 87 libras, 3 sueldos. En caso igual, el marido pagará igual suma; si hubiesen cometido incestos con sus hijos añadirán en conciencia 6 libras.
10.   Si el asesino hubiese dado muerte a dos o más hombres en un mismo día, pagará como si hubiese asesinado a uno solo.
11.   El marido que diese malos tratos a su mujer, pagará en las cajas de la cancillería 3 libras, 4 sueldos; si la matase, pagará 17 libras, 15 sueldos, y si la hubiese muerto para casarse con otra, pagará, además, 32 libras, 9 sueldos. Los que hubieren auxiliado al marido a cometer el crimen serán absueltos mediante el pago de 2 libras por cabeza..
13.   La mujer que destruyese a su propio hijo llevándole en sus entrañas y el padre que hubiese contribuido a la perpetración del crimen, pagarán 17 libras, 15 sueldos cada uno. El que facilitare el aborto de una criatura que no fuere su hijo, pagará 1 libra menos.
14.   Por el asesinato de un hermano, una hermana, una madre o un padre, se pagarán 17 libras, 5 sueldos.
15.   El que matase a un obispo o prelado de jerarquía superior, pagará 131 libras, 14 sueldos, 6 dineros.
16.   Si el matador hubiese dado muerte a muchos sacerdotes en varias ocasiones, pagará 137 libras, 6 sueldos, por el primer asesinato, y la mitad por los siguientes..
25.   El fraile que por su mejor conveniencia o gusto quisiere pasar la vida en una ermita con una mujer, entregará al tesoro pontificio 45 libras, 19 sueldos.
28.   El hijo bastardo de un cura que quiera ser preferido para desempeñar el curato de su padre, pagará 27 libras, 1 sueldo.
29.   El bastardo que quisiere recibir órdenes sagradas y gozar beneficios, pagará 15 libras, 18 sueldos, 6 dineros.
30.   El hijo de padres desconocidos que quiera entrar en las órdenes, pagará al tesoro pontificio 27 libras, 1 sueldo.
33.   Los eunucos que quisieran entrar en las órdenes, pagarán la cantidad de 310 libras, 15 sueldos.
34.   El que por simonía quisiera adquirir uno o muchos beneficios, se dirigirá a los tesoreros del Papa, que le venderán ese derecho a un precio moderado.

Ningún comentario. 

Aunque ya había habido conatos de rebelión a la Iglesia , como con los episodios de los Lolardos de John Wickliff en Inglaterra y de Huss en Bohemia, decapitado el uno y quemado vivo el otro, fue con los roces entre papa Leone X y Martín Lutero  que estalló la gran protesta contra la Iglesia Católica Apostólica Romana.
Lutero actuaba siempre seriamente y sus  95 famosísimas tesis contra Roma,  que cambiaron el curso a la Iglesia Católica Apostólica Romana, fueron  expuestas en la puerta de la Iglesia de Wittemberg, en 1517,como dicho antes.
En 1518  el papa  se dio cuenta que no eran fantasías de un alemancito cualquiera de periferia  y ordena al culto dominico Silvestre Mazzolini  ir a Alemania e investigar.
 Mazzolini investiga y el Papa descomulga al cura Alemán.
 Y, siempre en 1520,  con gesto dramático pero eficaz, el buen alemán recurrió a la coreografía teatral “estilo italiano”  dando   públicamente a las  llamas la Bula Papal de Excomunión. 
El Emperador del Sacro Romano Imperio Romano Germánico, Carlos V de los Habsburgo, todavía muy joven y con una corona que aún le quedaba ancha y una controversia religiosa superior a sus fuerzas, convoca la Dieta de Worms e invita-ordena a Lutero que se presente para discutir sus tesis: o las retracta o las confirma. Lutero duda si presentarse; los amigos le recuerdan Wickliff y Huss. Por fin  “aun que hubiesen tantos demonios cuantas son las tejas en la ciudad…” nuestro Martín decide presentarse. Discusiones, acusaciones pero Lutero no se retracta.
Carlos V lo declara hereje  y Lutero abandona rápidamente Worms con sus tejas y sus demonios,  y en una rocambolesca actuación de hombres enmascarados digna de Robin Hood, deja que lo  escondan en el Castillo de Wartburg, en Eisenach, Turingia donde lo hospeda el Príncipe Federico el Sabio. Y en este maravilloso castillo de ensueño, el serio, austero, germánico y buen Lutero se dejó crecer la barba y,  disfrazado de Caballero y haciéndose  llamar Junker  Jörg, quedó oculto pero siguió trabajando  en la traducción al alemán del nuevo testamento.
Al año se fue de su escondite regresando a Wittemberg. Y por allí, en el año 1523 fue participe activo de otra rocambolesca acción. Entre sus aspiraciones a modificar reglas de la Iglesia no estaban solamente cuestiones de doctrina sino también propuestas  de carácter práctico como: eliminar ciertos   abusos eclesiásticos; disminuir el número de cardenales;  abolir  los ingresos del Papa; reconocer los gobiernos  laicos; y pedía la renuncia del papado al poder temporal; la abolición del peregrinaje dañino; la eliminación del excesivo número de días santos; la supresión de los conventos de monjas; la eliminaciòn del celibato del clero; reforma de  universidades; y en general una reforma seria y a fondo de la moral pública.
Sin embargo no vamos a creer que  nuestro héroe reformador fuera un grande modernista en todos los campos. Era hijo de su época,  y mucho de los perjuicios de entonces se mantuvieron también en un hombre del temple de Lutero. Por ejemplo, no hay que olvidar que en 1543, en su Von den Juden und ihren Lügen (Sobre los judíos y sus mentiras), escribirá que debían realizarse contra los judíos acciones como quemar las sinagogas, destruir sus libros de oración, prohibir predicar a los rabinos, «aplastar y destruir» sus casas, incautarse  sus propiedades, confiscar su dinero y obligar a esos «gusanos venenosos» a realizar trabajos forzados o expulsarlos «para siempre».Quizás no pensó a las cámaras de gas. El feroz antisemitismo no fue invención de Hitler.

Y Lutero también compartía la creencia medieval de que la brujería existía y era antagónica al cristianismo. Por este motivo  las brujas  y los hechiceros fueron perseguidos sea en  territorios protestantes como en los católicos. Lutero aseguraba  que las brujas, con la ayuda del demonio, podían robar leche simplemente al pensar en una vaca y en su Catecismo Menor afirmaba que la brujería era un pecado contra el segundo mandamiento.

 Sea como fuere, las reformas que proponía eran novedades absolutas impensables para la mayoría de las ovejitas de la grey  así que se pueden imaginar que cuchicheos, emociones y confusiones se produjeron, entre otros, máxime en  los conventos de monjas a propósito de la supresión de los conventos. Lutero últimamente había además enseñado  a propósito del matrimonio  “que  el mayor don de Dios sobre la tierra es una esposa piadosa, alegre, temerosa de Dios y hogareña, con la que puedes vivir en paz, a la que puedes confiar tus bienes, tu cuerpo y tu vida.”
 Por eso se dio el evento divertidísimo, que tuvo como protagonista el serio reformador alemán y doce monjitas que, de acuerdo a los nuevos tiempos de reforma, querían escabullirse del convento. Pero renunciar a la vida religiosa, por lo menos para una monja,  equivalía entonces a someterse a castigos que podían llevar hasta a pena de muerte ! Y entonces el buen Lutero para salvar a las monjitas inocentes contrata a un vendedor de pescado, que con su caballito y su tarantín  lleva barriles de pescado ahumado.  Las monjitas, temerosas de Dios pero quizás más  temerosas de perder la oportunidad de un marido, deciden  escaparse de noche del convento. El  comerciante de pescado las  encuentra temblando en la puerta secreta del Monasterio, las manda subir el carruaje, las esconde entre los pescaditos salados y malolientes donde ellas todas emocionadas sueñan ya con su príncipe azul perfumado.  Y van camino a la libertad. Tres de ellas se marcharán con sus parientes y las otras seis se presentarán en Wittemberg. Lutero, perplejo y previa raspadita de cabeza,  se organiza, como buen alemán que es. Y las acomoda consiguiéndoles  algún empleo o hasta maridos. Todas, menos una cierta Catalina von Bora, de familia noble venida a menos, que se encaprichó con Lutero y quería casarse con él. Al principio Lutero se resistía, pero, se sabe, también una ex monja puede tener sus artes de seducción y al fin el Gran Reformador quedó enamorado y reformado por la monjita  que logró el tan ansiado matrimonio.
 Y vivieron felices y contentos y su unión fue bendecida con seis hijos.

 ¿Qué pasó después con Lutero? Eso lo podrán leer en cualquier libro de historia del luteranismo.


2 comentarios:

Anónimo dijo...

Hay unos personajes en tu Blog que han sacudido la sociedad de su tiempo como Wilkliffe, Jan Hus y Thomas Muntzer, y tienen en común haber pagado un definitivo y cruel precio. Otros zarandearon con más suerte y escaparon milagrosamente como Martin Lutero. Algunos como Carl Marx nos hicieron pagar a nosotros.
Más adelante podremos comentar acerca de los personajes que nos hicieron pagar a todos.
Un saludo, Angel.

Anónimo dijo...

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