2 mar. 2012

Para los Amigos del Blog 1/6


LAS  CONFESIONES DESPUES DE UN VIAJE a
través del tiempo



Primera parte :  1/6   Para los amigios del Blog.


Estimados amigos,
Hace meses que no escribo en este blog.  Aun que  supongo a muchos les haya agradado un poco de descanso de mis peroratas verborróicas, también he notado, en  algunos emails  recibidos, cierta  cariñosa preocupación por  mi silencio. A estas personas debo una explicación.
Escucha lo que te voy a decir… el tema es…(  se diría en Montevideo, este delicioso rinconcito que me abriga por ahora en Uruguay )  que desde meses había planeado salir de paseo por América del  sur como variante a cierta monotonía a la cual no estoy todavía acostumbrado.    Y por primera vez desde años también decidí atreverme “solo” a  este viajecito-aventura.
Sea claro: los tiempos han ya cambiado para mí, de cuando turisteaba en solitario con el entusiasmo exuberante de la primera juventud; o un poco más tarde, en la todavía curiosa y aurea  mediana edad, la mayoría de las veces en compañía de mi esposa y dando  vueltas por los cinco continentes. Han cambiado los tiempos y sobre todo me he cambiado yo. Y ni sé ni quiero saber si mi viaje “a solo” fue por mi voluntad o por falta de  acompañante.  Programé re-visitar muy brevemente Chile pero dedicar algo más de tiempo a Venezuela.
Venezuela: esa  fabulosa Tierra de Gracia, como la llamó Cristoforo Colombo, el venturoso y seductor marino da familia judía nacido en Génova, cuando por primera vez puso pie en tierra firme, en Macuro, amparado por el poder de Fernando de Aragón y las graciosas simpatías de Isabel de Castilla. Todas esas tierras deberían haberse llamado Colombia, en su honor, pero Venezia, logró la victoria toponomástica.
 Así que ahora, con el ya necesario Licet pero también con la ayuda, el cariño y las recomendaciones de  mi esposa e hijos , cargando más de 83 primaveras de errabundear, crucé en mi otoño y con pié casi firme el Rubicón de la pasarela del avión que me llevaría a Venezuela. 
En Venezuela he vivido la mayor parte de mi vida, mis años rugientes. A pesar de las anteriores  inolvidables experiencias de guerra en mi Italia natal y la goliardesca nonschalance por mi título universitario, llegué a Caracas en mis 26 años, todavía  inocente, hijo de papá, sin ninguna experiencia de vida. Me  enamoré de esas tierras, del Caribe, de los Llanos, del  mar, del sol, de los Andes, de las orquídeas, del clima paradisiaco de Caracas, del joropo y las alegrías desbordantes del venezolano que coincidían con mis alegrías de vida.
Al poco tiempo, todavía soltero, tuve y supe adaptarme a la nueva realidad de  vida y moverme en un mundo completamente nuevo para mí. Y debo admitir que viví bien, que viví intensamente mis cincuenta años de Venezuela en una vida folklórica y variopinta como mas tarde seria  definida por un editor.  Tuve casi siempre mucha suerte en todo. En muchos casos inmerecida. A comenzar por lo más importante, la familia, cuyo fulcro real ha sido siempre una estupenda  esposa, para abarcar después también a mis tres hijos y cuatro nietos, ahora esparcidos por el mundo.
Y en este viaje, durante largas horas de reconsideraciones, meditaciones y en  cierta forma confesiones a mí mismo, paseando por esas zonas  de Caracas que un tiempo dominaba pero ahora me domina, pude ver con más nitidez los dos, enormes, principales y graves errores en mi vida.
El segundo, el de estos últimos tiempos, fue el no querer ni saber asimilar el paso de los años. Nada es más falso de la frasecita ridícula: La edad que  cuenta no es la anagráfica, sino la que se  siente.
¡No es verdad! La edad es la que impietosamente refleja el espejo y la que ven los demás. Podrá tener exuberancias casi juveniles, que pueden ser  ciertas y hasta excepcionales,  pero la persona joven  que te mirará, si es que te mira, verá solamente poco más que a un viejo baboso que dice necedades. Y probablemente eso es la verdad actual. y no saber adaptarse  serenamente el paso de los años tienes consecuencias perniciosas hasta para uno mismo. 
Pero el primero de los defectos, quizás más grave aún y que tuve  desde mi adolescencia, o sea  desde casi siempre, fue no haber sabido dominar ciertas  nefastas facetas  de mi carácter  que se han ido agudizando más con el transcurrir del tiempo:   una exasperación  del instinto de conservación que ha producido demasiado egocentrismo con contornos de narcisismo y deseos casi  maniáticos de protagonismos dejando inconscientemente menos  espacio inclusive a las poquísimas personas que de verdad he amado en mi vida. 
La primera persona que me habló de eso fue mi hermana: “A veces es difícil quererte Aldo. Tú hablas y hablas de ti mismo. De tus méritos y hasta de tus fracasos  pero porque consideras un mérito haberlos superados. Pero si yo comienzo a hablarte de mí misma, al rato tu mirada se pierde y la atención desvanece…y los problemas de los demás deslizan de tus hombros… y se te olvidan…nos hieres sin ni darte cuenta…Pero por lo contrario, a veces tienes atenciones y actos de ternura…  y uno no sabe si quererte o mandarte para el carajo…”
En esas cosas pensaba yo paseando en la Plaza Altamira, ya llegado a Caracas, en éste viaje, febrero del 2.012, mirando de reojos el recuerdo de la figura gallarda  que  las mismas vitrinas de las mismas tiendas reflejaban hace cuarenta años. Pero  que ahora reflejan el andar inseguro y rígido de la personas de mi edad.
Mucha gente pulula  ahora en esta zona, un tiempo exclusiva. El Metro lleva allá desde los barios periféricos  el variopinto mestizaje gritón del venezolano. Y ¿las chicas? Yo sinceramente no recuerdo con  que ojos las miraba… antes. Quizás ni las miraba, quizás me miraban ellas, entonces. Ese caminar sinuoso se me había olvidado, ese ondular  acentuado aún más, ahora,  por tacones altísimos, en chicas se clase casi humilde que hace poco usaban  solamente alpargatas campesinas. Y unos escotes… pensé en el gran florecimiento de cirugía estética ya que no recordaba tanta opulencia ni así expuesta. La venezolana, en general, se cuida muchísimo y una modesta empleada es capaz de feroces  ahorros por siglos para  pagarse la plástica al seno. Quizás involuntariamente distraído por observar ese efecto o quizás por no ver bien la acera por mi maculopatìa, tropecé en el paso peatonal. Me falló la rodilla derecha que logré apoyar  casi delicadamente al piso, acompañada de inmediato por la rodilla izquierda.
... quizás involuntariamente distraído,
 me falló  en un escaloncito la rodilla derecha...
“¿Esta Ud. rezando, compay?
Me apostrofó así un muchacho  de por allí.  Y siguió tranquilamente su camino. Que se quede en la casa. Eso debe haber pensado; y no en ayudar al viejo de rodillas. Me levanté, quité un polvo invisible al pantalón beige y al minuto llegó el amigo cubano con el cual me había citado y que no veía desde años.
“¿No te has muerto  todavía?” me dijo sonriendo en un caluroso abrazo. 


                                                                                                                                 --- sigue---

7 comentarios:

Alfa Segovia de Stanley dijo...

Qué bueno saber que te fuiste de paseo solito por esos mundos de Dios. En cuanto a tus defectos: 1)EGO DESMEDIDO 2) NO ACEPTACIÓN DE LA VEJEZ.
1) Es el defecto de los artistas y tú lo eres, así que los que te quieran , te tienen que querer así como sos y si no "a llorar al cuartito".

2) La aceptes o no la vejez se viene con todo. Cada uno la lleva como puede. Tú no lo haces mal. No te tires tanta tierra encima. Yo tengo una veintena de años menos que vos y dos por tres me reviento contra el piso por tarada. ¿Que los jóvenes nos desprecian? !No importa! ! Ya les tocará a ellos lo mismo!
Me alegra saberte vivito y coleando y escribiendo de nuevo en tu precioso blog.
Besotes

Aldo Macor dijo...

Alfa!!!!! no sabes que alegría me dio leer lo que me escribiste! En fin, lo que me dijiste sobre el defecto Nº 1..jajaj es, dicho en venezolano, seria : " que los demás se jodan !" Pero, de todas maneras, debo tratar de corregirme porque a esos demás también los quiero.
Ciao, bella.

Anónimo dijo...

Si Europa está tan vieja y arruinada con lo inteligentes que
somos,¿por qué nosotros vamos a tener remilgos por envejecer y decir pistoladas?
Bien venido al blog.
Angel

Alfa Segovia de Stanley dijo...

Agrego algo que decía mi padre:
"!Uno no es moneda de oro para que todos los quieran!"

Pero si es tu propósito corregirte -porque también te son queridas las personas que te tratan de rompecocos egocéntrico te lo digo con otro dicho: "sarna con gusto no pica".
Ciao, caro.

Aldo Macor dijo...

Mi gran amigo Ettore D.M. escribió eso:

"EXCELENTE ALDO ,MUY BUENO, CHAO ETTORE.

Anónimo dijo...

Maestro Aldo Macor:
Felicidades por su viaje a través del tiempo, "Recordar es Vivir", espero lo haya disfrutado reencontrándose con sus amistades y pasando momentos agradables y de añoranzas.
Un fuerte abrazo,

Nayeli

Aldo Macor dijo...

Ay...NAYELI!
***

De verdad te agradezco el Fuerte Abrazo!
Por lo de " encontrarme con viejas amistades", te diré sinceramente que si las " viejas amistades" me vieron a mi como yo a ellas...pobres de nosotros !!!