28 feb. 2011

Mussolini el Malo, Mussolini el Bueno





 
******************************
Hay dos cosas contra las que uno no puede luchar: 
contra la Iglesia y contra las modas de las mujeres".  
En Bordighera, dirigiéndose a F. Franco (1941)

"No presumo de que Adolf Hitler  haya hecho una revolución según 
el modelo de la mía.  Los alemanes acabarán por estropear nuestra idea"

"No es que los italianos sean ingobernables, es que es inútil el tratar de hacerlo".

"¡Dispárame en el pecho!"
1945, antes de ser fusilado con Claretta Petacci


Desde la primaria, desde 1934, he crecido como casi todos los italianos de mi edad: con la idea inicial, dicha, redicha y repetida, del trato injusto hacia Italia de parte de los aliados al terminarse la primera guerra mundial (Francia e Inglaterra). Oí hablar constantemente de las abominaciones soviético-comunistas; de la tragedia de la España con su millón de muertos y del despanzurramiento de santos sacerdotes a mano de hordas de ateos anárquicos; un poco mas tarde viví en parte las tremendas experiencias y de varios tipos, de la segunda guerra mundial, del Pacto de Acero Roma-Berlín con el auge y caída del Tercer Reich, del auge   y ( aun que bastante mas tarde)   caída de la Unión Soviética; y he vivido la propaganda antisemita antes y la filosemita después; he asistido a la caída del Imperio Británico, a la emancipación de la colonias, al desmoronamiento de las religiones tradicionales. Esas experiencias las hemos vivido más o menos todos los europeos de mi generación y a todos nos ha enormemente afectado.

 De mi generación ya quedamos poquitos para recordar esos eventos. Y ese periodo ha sido  importantísimo de preparación  al actual. Recordar,¿ para qué?
Pero hace un par de años, aca en Montevideo, en ocasion de una fiesta familiar,   tuve  una invitacion donde habia muchos jóvenes.  Los jóvenes son como he sido yo. Vemos el momento, somos entusiastas y superficiales.  Somos extremistas y con deseos  muy  intensos de renovación que en la gran mayoría de los casos se extinguirán  miserablemente con el pasar de pocos años. Cantamos unas canciones de protesta de autores que se han hecho millonarios protestando,   agarramos unas tijeras y nos hacemos huecos en los blue jeans y nos creemos revolucionarios por eso.
En esa simpática reunión con jóvenes de Uruguay, decía,  de parte de alguien se había utilizado el término “fascista” como sinónimo de delincuente, corrupto, autoritario, violento,  según se acostumbre  utilizar el término hoy en día. Y allí yo, que hasta el momento me había limitado a cantar para esos jóvenes algunas canciones de la Resistencia Italiana (que también forman parte de mi experiencia), quise intervenir con algunas consideraciones.  Remarcar que “hoy en día“ el término fascista tiene indudablemente este significado peyorativo. Pero que no siempre había sido así. Porque hace años, en los de mi lejana juventud, esos mismos calificativos cariñosos se referían a los soviéticos-comunistas. Y para los fascistas, todo lo contrario: aceptados por un montón de gente respetable. eran los Enviados de Dios, según el papa Pío XI.

Sin entrar en el mérito de la cuestión de si dios, en su infinita sabiduría, tenía de verdad esos tipos de enviados, quise comentar  eso con la idea de hacer notar cómo con el tiempo  también  el significado de las palabras cambia.
 ¡Se armó la de Caín! Los jóvenes, en su mayoría de izquierda, no querían aceptar la idea que en otros tiempos los valores fueran diferentes. Fue inútil cada tentativa de disuasión. No logré hacer notar que normalmente el juicio de observadores superficiales considera solamente a los últimos años de un personaje de cierta importancia. O sea que, mutatis mutandis, como si para mostrar a los nietos quién era Sofía Loren, les presentaras solamente una foto de ella a sus 77 años, en su decadencia, con arrugas y lifting, y no cuando tenía el esplendor físico de sus años de auge. O como cuando de Nerón, por facilismo hollywoodiano, se recuerdan solamente las extravagancias de la quema de Roma y sus manías de músico y no los enormes trabajos hechos y códigos de leyes promulgadas; y nadie se pone a pensar cómo fue posible que el Imperio Romano durara tantos siglos si era gobernado por locos, chiflados y delincuentes. O como cuando de Napoleón la gente recuerda, máxime los ingleses, solamente los delirios del Imperio, la Corona, la sangre en tantas batallas, sin saber ni querer saber nada de sus grandes méritos administrativos y legales con su Código, que por cierto se llamará Código Napoleónico y que sirvió de paradigma para muchos países.  De Stalin recordamos los últimos años de terror, olvidando que, a pesar de los muchísimos excesos, fue el forjador de su patria. Rusia era un país muy marginal, lo  era desde siempre, a parte el Ermitage, pero con él llego a ser una potencia de primerísimo plano, al punto de ser considerado el único valido antagonista de los Estados Unidos de América. Lo mismo dígase para Mao Tse Tung. Así como no queremos recordar los  méritos económicos de Hitler en sus primeros años de Gobierno en una Alemania con una inflación galáctica. Y así, seguía sosteniendo yo, como ahora se recuerdan los 10 últimos trágicos años de gobierno de Mussolini, pero ni se habla de los  primeros 10, que lo llevaron a la fama y casi total aprobación internacional.

¡Me tacharon de fascista con el significado actual del término!
“El fascismo ha sido siempre una organización de delincuentes”
Esa fue su afirmación, su Verdad Bíblica. Es un herético: a la hoguera. 
Y con eso se terminó la reunión.

Bueno, me quedé mal. Claro, yo pensaba que las opiniones de una persona que no solamente había leído sobre esos años sino que los había vivido, fueran aceptadas con cierto respeto y consideración, o por lo menos escuchadas aunque fuera por pura curiosidad. Pero no. Prevaleció el fanatismo. No querían oír razones.
Así que ahora, a mis 80 años pasados, cuando ya no me importa un carajo de si me tildan de pro Napoleón, o pro Stalin, o pro Mao Tse Tung o pro Mussolini, quiero reportar, antes de que me vaya para el Hades profundo, las impresiones que tuve en aquellos primeros diez años y de los cuales parece que esté prohibido hablar.

Bueno, todos los muchachitos de Italia, en 1935 y 1936 (yo soy del 1928, así que eso sucedía a mis 7, 8 años de edad), todos los que íbamos a la escuela teníamos en el salón, en el fondo, en la pared de fondo, donde estaba la maestra, tres cuadros-fotos sagradas: una del Rey, una del Duce Mussolini y la otra el Crucifijo. Todos, al iniciar las clases, hacíamos un Rezo a María Virgen pidiéndole, además de que la Señora Maestra no nos interrogara, que ayudara a nuestro Duce Benito Mussolini. Era lo normal. Al lado del escritorio de la maestra, estaba un mapa de Etiopía, y allí se marcaban con una banderita italiana las ciudades conquistadas. Era el año 1935, el de la Guerra Colonial Contra Etiopía. Pero no se decía ciudades “conquistadas”, sino “liberadas”. Liberadas de la esclavitud y del paganismo tribal. O sea, nos enseñaban que los italianos llegábamos allí a darles libertad y civilización a los pobres negritos de África. Y los etíopes nos estaban agradecidos. Ese era el ambiente y recuerdo muy bien el patriotismo que nos empujaba a todos los ciudadanos a exponer banderas de Italia en las ventanas, a la noticia de cada victoria en África Oriental. En esos años el entusiasmo para Mussolini estaba alcanzando su apogeo. Quizás el evento mas indicativo de ese clima de adhesión a Mussolini y al fascismo, y lo recuerdo personalmente muy bien todavía por haberlo vivido, fue el grandísimo entusiasmo que nos empujó a casi todos los italianos a dar ORO A LA PATRIA. En el 1935, si no recuerdo mal (pero un año más o menos es lo mismo, para mí que no soy historiador serio), el día 18 de noviembre, la Sociedad de las Naciones (la antigua ONU) condenó con sanciones económicas la acción de Guerra de Italia contra Abisinia, o sea contra Etiopía y el Emperador de Abisinia, el Negus Neghesti, Aile Selassie. Inmediatamente, al enterarnos de que el 18 de noviembre la belleza de 52 naciones nos habían aplicado sanciones económicas, un sagrado furor de Patria nos entusiasmó alrededor de Mussolini y seguimos felices sus órdenes de ofrecer Oro a la Patria, para compensar las restricciones de las sanciones, que naturalmente eran injustas e impuestas por las naciones ricas. Recuerdo muy bien el dije, con el número 18 bien a la vista, que casi todas las mujeres italianas, incluyendo mi mamá y mis tías, ostentaban en sus vestidos, para recordar el día de la infamia y que encendió nuestro entusiasmo patriótico. Todo, obviamente, bien orquestado con la publicidad y propaganda que siempre ha existido y existirá para lavar cerebros. Se estableció el día de la “Alianza”, o sea el día en que los italianos de verdad donaron su alianza de matrimonio a la Patria. La ceremonia  oficial más importante se dio en el Altar de la Patria, o sea muy cerca del antiguo y verdadero Capitolio Romano, en un entusiasmo que contaba sin duda con el apoyo de las estatuas de los Antiguos Emperadores en el Foro Romano,quizs recordando el ORO A LA PATRIA en los tiempos de Brenno, el Gallo. Todo eso en la Plaza Venecia, donde Mussolini tenía sus Oficinas de Gobierno y el famoso Balcón de los Discursos. Muchísimas personalidades hicieron esa misma oferta del Oro para la Patria. La más espectacular fue quizás la de la Reina Helena de Saboya, quien se quitó el anillo de boda y lo colocó en los cascos de guerra donde se recogían todos los demás anillos. Y también el Rey, con menos simbolismos y más sustancia, donó lingotes de oro, así como el Príncipe Heredero Humberto, demostrando la gran adhesión de la Casa Real a la Causa del Fascismo. Y otros personajes importantísimos de la época, como Guillermo Marconi, el gran físico; y Luigi Pirandello, el gran taumaturgo; y Gabriele D`Annunzio, el gran Poeta-Héroe, fueron envueltos en el entusiasmo de la adhesión. Se recogieron casi 40 toneladas de oro y casi el doble de plata que ingresaron en el Banco de Italia. Fue un entusiasmo general. Y hasta donaron algunos personajes extranjeros. Sí, el consentimiento para con Mussolini, en aquella época, era de muy amplia mayoría. Sea en Italia como en el extranjero.
¿Que había conseguido, en realidad? ¿A qué se debía esta aceptación que llegó hasta a declararlo el más grande estadista del siglo?
Al inicio, en los años ´20, desde su aparecer en la escena política italiana, había logrado que se superara, sea en Italia como en el resto del Mundo, el miedo a la infiltración ateo-soviético-comunista, y fue considerado mundialmente como paladín contra las nefastas teorías de Lenin.
Con el Vaticano, logró terminar oficialmente las hostilidades que habían comenzado con los celebérrimos Bersaglieri, desde 1861 cuando   el tricolor  de Italia flameó en Roma consiguiendo por fin la tan ansiada unificación de Italia después de 1.500 años de divisiones y dominios extranjeros. Con Mussolini se llegó al Concordato, Acuerdo Italia-Vaticano, para tranquilidad de la gran mayoría de los Católicos Apostólicos Romanos de Italia.
Mussolini tuvo también varias iniciativas de carácter social. Recordemos aquí que provenía de una familia de socialistas. Su nombre Benito fue un homenaje a Benito Juárez, el héroe presidente de México, él  que  tuvo que fusilar como cabro expiatorioa aquel gentilhombre  que fue Maximiliano de Habsburgo. Y sus iniciativas de carácter social eran en su época una absoluta novedad. Institucionalizó la Maternidad e Infancia: en ningún otro país de la época había forma de asistencia a la mamá y al hijo. La chica que se quedaba en estado, prácticamente era echada de la sociedad y tenía que arreglárselas ella sola y muy a menudo terminaba en un prostíbulo. Él quiso que se le diera asistencia, fuera o no fuera casada, fuera o no fuera católica.
Y siempre a favor de los jóvenes, fundó Colonias Marinas. El quería que todos los niños de Italia, máxime los más pobres, pudiesen tener por lo menos un mes de vacaciones al mar en verano. Y lo consiguió. Claro, en las Colonias, que yo conocí porque en una de ella estaba mi primita Carla, mi primer amor de los cinco años, había la inevitable propagada: por la mañana había la ceremonia de Izar Bandera y se recordaban los destinos nuevos de la Patria Fascista. ¿Qué pretenden mis amigos jóvenes de Montevideo? ¿Que se cantaran himnos de agradecimiento a Lenin?
A las grandes empresas les pidió que dedicaran un amplio espacio como Club para los Obreros, donde pudieran concurrir después de las horas de trabajo o en los días de fiesta. Creó el Dopo Lavoro ( El Después del Trabajo). Hasta la Unión Soviética, el gran paradigma a seguir, copió la iniciativa italiana.
Creó Cinecittà, la ciudad del Cinema, en los alrededores de Roma.
Hizo la campaña para recuperar grandes terrenos palúdicos y de malaria que desde siempre infestaban la zona al sur de Roma, y los transformó en aéreas agrícolas; y su sistema fue  copiado en varios países del mundo, máxime suramericanos, entre los cuales Venezuela que mandó sus “técnicos” para estudiarlo y aplicarlo  a  América.
Eliminó los sindicatos, sea los patronales como los de obreros.  Su teoría era que el nuevo estado no debía ser económicamente ni socialista ni capitalista, sino tener lo bueno de ambos sistemas, y creó el sistema Corporativo, que me parece fue imitado hasta por la Argentina de Perón y emocionó a Roosevelt. Y, casi casi, diría que  el Socialismo de Mercado de la nueva China tiene algo o mucho de ese “Corporativismo”. El Partido Fascista tenía un rol de juez y control, para dirimir las eventuales y casi inevitables asperezas entre las empresas y sus obreros. Mi papá, además de alto Directivo de Banco, fue también alto funcionario de ese sistema de las Corporaciones.
Se fundaron Partidos Fascistas en casi todo el mundo: en Canadá, en USA, en Inglaterra, en Francia, en España, en Hungría, en Austria, en Alemania y no sé si también otros estados menos importantes. No sé lo que pasó en Uruguay, pero sé a ciencia cierta que Uruguay recibió con entusiasmo las muestras acrobáticas de la Escuela de Aviación Fascista, en su época, en esa época inicial; tengo yo un video de eso. Y pude constatar que ninguno de los amigos uruguayos presentes en la reunión, nunca había oído hablar del argumento. Se habían puesto de moda las Camisas Negras de los Fascistas de Mussolini, las Pardas de los alemanes, las Azules de los falangistas en España, las Grises de Sudáfrica, las Plateadas de USA y así cada nación que tenía su variante de partido fascista, usaba camisas de colores según la nacionalidad. Recuerdo que en aquella oportunidad en México, considerada entonces tierra de las eternas revoluciones, los fascistas locales tenían camisas doradas, muy llamativas. Hubo una cantidad de personajes políticos que aceptaron a Mussolini. A partir del Papa que lo llamó el hombre de la Providencia Divina, hasta Roosevelt que trató de imitarlo en algo de política social, como ya dicho. Con Churchill tuvo una amistad que duró años, basada en profunda estima recíproca: se parecían mucho en varios aspectos de sus actuaciones políticas y Churchill llegó a declarar públicamente que si él fuera italiano, sería fascista. Y el mismo Gandhi, el pacifico y exótico Mahatma Gandhi, lo estimaba mucho y aceptó la invitación de comer muy privadamente en la casa de Benito Mussolini, en Roma, a la mesa con sus hijos, donde Donna Raquele servía los platos. Y en esta ocasión recordaré que Mussolini regañó a sus hijos, entonces muchachos, porque le tomaban el pelo a ese personaje que ellos veían solamente como un extravagante: “Este señor, semidesnudo y con sandalias, está haciendo temblar al Imperio Británico, ¡así que respétenlo mucho!”.
Pero hay otro aspecto de Mussolini, del cual quiero hablar, y que abarca sea el primer periodo como el segundo: o sea el periodo del Mussolini “bueno” como el del Mussolini “malo”. Y no tiene nada a que ver con el hombre de estado: fue su actitud con las mujeres.
Mussolini era hombre de otros tiempos y en aquellas épocas la mujer era considerada poco más que objeto de lujo; o amante, fija, semifija u ocasional, o la santa madre que sigue los tres deberes: Iglesia, Hijos y Casa. Cuando queremos justificar actitudes “caídas en desuso”, decimos que el personaje en cuestión era hombre de su tiempo. Indudablemente Mussolini lo era y podríamos decir lo mismo de él. Pero….

Pero… Mussolini exageró, tenía carácter impetuoso y hasta violento a veces. E indudablemente no tenía muchos escrúpulos con el fin de conseguir sus metas en todos los campos y en eso fue muy similar a todos los políticos de todos los tiempos. Stalin, Hitler, Mao, el Papa: prepotencia, vanidad, egocentrismo.  El histrionismo  perfecto.  Pero a mí personalmente nunca me gustaron sus acrobacias más sexuales que amorosas. Se sabía que Mussolini era machista. Sumamente machista. Todo el fascismo era machista. El Nazismo también. Y las Valkirias, aunque se llamaban guerreras, en realidad no peleaban: eran mujeres y se limitaban a retirar los cuerpos y las almas de los héroes caídos en batalla y los llevaban al Walhalla. El héroe ha sido casi siempre  el varón, el macho.
Se le han atribuido a Mussolini la belleza de 500 amantes. Más que Giacomo Casanova. Puede ser cierto o puede que no. La verdad es que era de notables apetitos sexuales. Pero las mujeres que él consideró algo más que objeto, no fueron muchas: quizás la primera fue  la Babanoff ( Balavanova),de origen hebreo y ucraniana. Después vino otra, Ida Dalser, me parece recordar que  casi austriaca, y que fue madre de su hijo, Benito Albino, y que a pesar del marido tanto ayudó inclusive  económicamente al joven Mussolini. Pero Mussolini se portó en manera vergonzosa con esta pobre mujer y con el hijo. Para no complicarse, llegó al cinismo de mandarlos a recluir en un manicomio. Y se casó con Raquel, que fue su esposa y víctima durante toda su vida. Y después vino el amor, en la medida que Mussolini sabia amar y con la hebrea italiana Margarita Scarfatti, mujer inteligentísima, bellísima, riquísima, elegante, culta, conocidísima en el ambiente internacional, amiga de los Roosevelt. Fueron amantes varios años;  Mussolini la estimaba mucho y tuvo la cara de bronce de deshacerse de ella cuando promulgó las leyes raciales en 1938, regalándole a ella, hebrea, el pasaporte para refugiarse fuera de la zona de persecución. Esa mujer, que probablemente nunca dejó de amar a su Benito, pasó los últimos años de su vida olvidada entre Uruguay y Argentina. Y de último apareció la joven aristocrática romana Claretta Petacci, enamoradísima de su Ben, que podía ser casi su abuelo. Lo amó tanto, que ofreció su cuerpo como inútil defensa contra la metralla del comunista  (¿o del inglés?) que la aniquiló a ella y su Benito. Fue un gesto de amor sublime que seguramente Mussolini no merecía.
Después de la gran aprobación que tuvo entre 1935 y 1936, la parábola de Mussolini comenzó a bajar vertiginosamente. Y eso es lo que más o menos sabe todo el mundo y no quiero entretenerme mucho con eso. Ese fue el periodo del Mussolini “malo”, como me dijo una vez, hace años, el historiador venezolano Guillermo Morón.
Fue un desastre. Un completo desastre. No supo liberarse de los aduladores, se formó la Estatua Benito Mussolini, se creó el Mito. El culto a la personalidad. El mismo que denuncio Krushchev referido a otro corderito de dios. Y Mussolini creyó  en su mito. La muerte de su hermano Arnaldo le quitó a Benito  la presencia y el consejo de una persona muy inteligente, sabia, culta, que sabía frenar las imprudencias del hermano y el único a quien Benito escuchaba.
Y además apareció Hitler. Y con la ayuda que dio la Alemania nazi a la Italia de la guerra de Etiopía, comenzó la trágica dependencia de Mussolini para con Hitler. Al principio, cuando el Duce era todavía el hombre del Destino, Mussolini no lo soportaba;  y quizás no lo soportó nunca. Se había negado a dedicarle una foto con su autógrafo al Hitler que todavía era poco conocido y al que calificaba de “monaco chiacchierone”, monje hablador de tonterías. Pero Mussolini logró frenar a Hitler. Pocos recuerdan eso. Pero eso fue ocasionalmente y al principio, con Austria en juego. Mandó dos divisiones Italianas al confín, para disuadir Hitler de ocupar con la fuerza a Austria. Y Hitler se retiró. Pero la maquinaria alemana estaba ya preparada para la guerra.
Estaban retumbando los tambores. La antigua sangre de las fuertes y belicosas tribus germánicas quiso vengarse de la humillación de Versalles. Y animadas y catequizadas por la magnífica propaganda de Goebbels, con la Teoría de la Raza Ariana, el odio al extranjero y al judío, deificado el Führer, los alemanes en su grande mayoría apoyaron a Hitler. En dos semanas las Panzer Divisionen acabaron con la “invencible” Línea Maginot, con Francia, con Bélgica, Holanda, Luxemburgo y arrinconaron a los ingleses en Dunquerque.
Mussolini no quería entrar en guerra, porque a pesar de las adulaciones, él sabía que su Ejército, el Ejército italiano, no estaba preparado. Ni la Marina, siempre algo antifascista, ni la Aviación.
Pero el avance alemán fue tan contundente al punto que nadie, en aquel momento, creía en una derrota de Alemania. Solamente aquel león de Winston Churchill supo animar a los ingleses. Y supo cortejar a los americanos.  Y tejer  su astuta policía. En el momento mas desesperante  para Inglaterra, declaró que llamaría a todo el mundo, a todos los continentes a participar y que aplastaría la esvástica alemana. Y así fue.
Imagínate, joven amigo de Uruguay de la reunión de aquella noche: ¿Qué hubieras hecho tú como estadista al ver que la mancha de aceite de Alemania se extendía tan velozmente por Europa?
Alemania se daba por vencedora 9,5 a 1.
Si Italia se mantiene neutral, ¿quién puede impedir a las divisiones alemanas que hagan un lindo paseo por el Bel Paese? ¿La sola y pura admiración de Hitler para con Mussolini cuánto tiempo puede durar? ¿Y el interés de Patria? Los alemanes también tienen intereses de patria. Y seguro más que cualquiera. Y el Mediterráneo es un lindo sitio para veranear. Así que Mussolini decidió entrar en la guerra, aun con su armada Brancaleone. Era mejor que quedarse neutral.
Se declaró la guerra; lo recuerdo perfectamente,  yo era muchacho, pero no se ha ido de mi cabeza la voz metálica y decidida de Mussolini, en esa fatal tarde de verano en Roma, diciendo que se había entregado a los Embajadores de Francia e Inglaterra la Declaración de Guerra.
Recuerdo muy bien la cara muy preocupada de mi papá. Y el entusiasmo que teníamos los muchachos, idiotas como siempre.
Y el ejército de Brancaleone demostró ser ejército de Brancaleone: desorganización en todos los frentes. Actos de sublimes heroísmos individuales, pero absoluta incapacidad organizativa. Y cuando el Dios de la Guerra volvió la espalda a Alemania, se desmoronó el sueño de Mussolini.  Y todos los italianos se volcaron en contra de él. Y siguió la decadencia de Mussolini, su vil arresto, su liberación rocambolesca por parte de las SS, la formación patético-patriótica de la Nueva República Sociale Italiana, fascista  y dependiente de la Alemania Nazi. Todas tragedias que Mussolini ya no podía evitar. Así como no podía no fusilar al Conde Ciano, marido de su amadísima hija Edda y padre de sus nietos. Fue irrevocable decisión de Hitler.
Fue un trágico error haber entrado en guerra y hubiera sido quizás más trágico aun si no hubiera entrado y hubiera sometido a Italia a los caprichos del Teutón vencedor.
Quizás todo eso fue resumido amargamente por Mussolini en pocas palabras:
“Yo soy un estadista de primera en un pueblo de segunda. Y Hitler es un estadista de segunda en un pueblo de primera.”
* * *
No debería hacer comparaciones que seguramente me serían muy criticadas y absolutamente incomprendidas. Pero faltaría a mi realidad: a la realidad de mis memorias, si no refiriera lo que me vino a la mente al ver la imagen nauseabunda del cuerpo ultrajado y sanguinolento de Mussolini, desfigurado hasta en la cara, colgado como un ternero. Me sobrevino la imagen de César,  el grande  Cayo Julio Cesar, cuando casi dos mil años antes fue asesinado con 45 puñaladas y quedó moribundo en un baño de sangre a los pies de la estatua de Pompeyo, en el Senado Romano.  El también era un dictador. Y la tremenda decepción en aquella última trágica frase: TU QVOQVE, BRVTE, FILI MI?


































































































18 comentarios:

María Luisa de Francesco dijo...

Es que no es lo mismo el recuerdo vívido de una acción, qué acción, que recordar por lo que libros e información en general te llega. Yo he catalogado de facistas a muchos y con un dejo de desdén...lo acepto, eso que en mi familia historias similares a la suya me llegaron. También me han dicho a mí que fui bolche y me la tuve que bancar...De todos modos, lo que quería resaltar es la importancia del relato, a mí se me ocurre que cuando los chicos jóvenes tienen que dar un capítulo de la Segunda Guerra su relato puede dejar abierta una puerta para la investigación. Eso es más que bueno. Me gustó su recuerdo.

sagos dijo...

Yo lo leí sin parar y rogando para que el último parrafo no fuera el último...

Aldo Macor dijo...

Querida Maria Luisa,
Como ya dije, tuve muchas dudas si escribir sobre ese personaje y algunos amigos me desaconsejaron hacerlo presagiendo superficiales insultos al “fascista” porque podría ser mal interpretado. Hasta ahora, aparentemente nadie me insultó, por lo menos en el Blog.
Observémonos: lo que nos enseñó nuestra mamá cuando éramos niños, para bien o para mal, se quedó adentro. Son las primeras impresiones, el primer ser que está siempre al lado de nosotros. Como podemos olvidar lo que nos decía?
Claro que ya desde añísimos no soy más religioso: pero estoy seguro que si quisiera ahora mismo recordar el Ave María que rezaba de rodillas al lado de ella, de mamá, estoy seguro que la recordaría. Ave Maria gratia plena, Dominus tecum… etcétera etcetera Y el recuerdo trae a la mente algo dulcísimo que es el recuerdo de nuestra mamá. No se trata de ser religioso o no, no tiene nada a que ver. Pero en el fondo de nosotros, por ser algo tan ligado a nuestra mamá, a esta época de feliz dependencia de ella, cuando nos resolvía todos nuestros problemitas, hay todavía casi una aureola de sacralidad en las cosas que nos decía con infinito amor. “Me lo dijo mi mamá”. Cuantas veces habremos dicho esa frase!
Yo entro hoy en día en una Iglesia con fines turísticos o de estudio o para ver algo de arte de la cual nuestras Iglesias están llenas ( Ves? Freud: dije nuestras Iglesias !), o sea entro a la Iglesia como si entrara en un Museo, con respeto a la belleza, a la cultura, al arte, a las tradiciones, pero absolutamente nada de sacralidad religiosa. No hay duda que es así. Y sin embargo hay algo en el fondo, dentro de mí, que me hace percibir algo indefinible. Y tengo una actitud diferente en esfumaturas. Por ejemplo, al visitar el Hermitage, hace unos pocos años, ni se me ocurrió pensar en quitarme el sombrerito turístico. Y sin embargo, al entrar en la Iglesia, allá cerca, aun que fuera Ortodoxa, instintivamente la mano sintió el impulso de descubrir mi cabeza. Eso me lo hizo notar mi esposa. Y de donde viene ese antiguo impulso de respeto especial, instintivo e arraigado? Viene de donde están arrinconados pero no olvidados Alicia, el Príncipe azul, la manzana roja, esos dulcitos que solo ella sabía hacer, el Hombre negro y el Ave María.
Y así, en cierta, manera, es para mí la figura de Mussolini. Oía siempre hablar tan bien de él, en toda mi niñez y adolescencia, como de una persona casi sagrada, que el personaje quedó adentro, él también; así, como Alicia y el Ave María. O el Hombre negro, podría ironizar.
Me enseñaron a admirarlo. Después con el tiempo la admiración se vertió en otros contextos, hasta decepcionar en muchos aspectos. Ya me costaba creer que “tuviera siempre razón” como pregonaban los fanáticos. Pero que haces si descubre que tu hijo con el tiempo se ha transformado en drogado o traficante o delincuente? Te sentirás agobiado, furioso, hasta podrás odiarlo por la decepción que te ha dado, pero tratarás de disculparlo culpando parcialmente al ambiente y los malos amigos pero, en el fondo, seguirás amándolo, porque recuerdas de él solamente su sonrisa de bebé. Y así con Mussolini: recuerdos y sensaciones de infancia.
Qué extraña es la psique humana: ahora casi deseo descubrir más cosas buenas en él, como para reconocer la valididad de ciertas actitudes de aprobación que casi nadie ahora quiere reconocerle. Así como se reclama a Nerón que destruyó una Roma de madera, pero no se quiere ni recordar que la reconstruyó de mármol. Y en el fondo trato de convencer y convencerme de que ha sido un gran trágico destino lo que quiso darle gloria e infamia a ese hombre fuera de lo común,a Mussolini, puès, del cual se habla todavía desde más de un siglo, amado hasta la veneración y odiado hasta profanar y orinar sobre su cadáver. Sí, fue el trágico destino, como al antiguo Fato al cual ningún hombre podía substraerse.

Anónimo dijo...

¡EXCELENTE CRÓNICA! No hace falta convencer a nadie, no es posible detener el péndulo de la historia. La dictadura es intolerable, la democracia es alcahueta, y la masa decepcionante. ¿Quién dijo que el pueblo no se equivoca? ¿Quién dijo "vox populi voz dei"? Para toda consecuencia recuerda:
CREDERE OBBEDIRE e COMBATTERE.

Anónimo dijo...

Que jodidas son las simplificaciones y que fácil es juzgar el pasado desde el presente. La osadía juvenil es un empuje físico, no de la razón. Las hormonas suelen estar reñidas con las neuronas.
Felicidades por la crónica,señor Macor, es pura humanidad.

Aldo Macor dijo...

Estimado anónimo, no sé quién eres tú y en realidad no tiene importancia. Pero por la manera impulsiva que escribes sí, tengo la impresión que deberías ser joven, y quizás muy joven. Lo cual tampoco tiene importancia. Lo que tiene importancia es tu referencia al CREDERE OBBEDIRE COMBATTERE, una de las más conocidas frases “lapidarias” de Mussolini. No sé porque en tu escrito me invitas recordarla: claro que la recuerdo! Esa frase como algunas otras de carácter “heroico”, fue la que comenzaron a sembrar en mi mente juvenil ciertas dudas.
Ves. En esa época, más o menos en aquellos años, yo fui monaguillo en mi escuela, que era de sacerdotes católicos y se usaba cantar los domingos en la misa una cantidad de himnos religioso. En latín, naturalmente. Y había uno, de cuyo título no me acuerdo, que decía: “Veneramos cernui. Genitori genitoque… etc etc “. Lo cual traducido significa que nosotros “veneramos, adoramos ciegamente a…. etc etc. Y eso del ciegamente era algo que no lograba entender. O sea no lograba digerir y aceptar. Si, era católico apostólico romano y toda la parafernalia formaba parte de mi ambiente y de mis 13,14 años. Pero el creer ciegamente no me convencía…ciegamente.
No estudiabamos en la escuela la bellísima fabula del hombre Prometeo que roba el fuego a los dioses? Y también la más indicativa aventura de Ulises que, curioso como todo hombre inteligente, quería conocer y conoció el canto de las sirenas aun que prohibido a los mortales? Y también ese bellísimo evento de comer la manzana, no fue un acto de curiosidad intelectual? Esos eran nuestros héroes, Prometeo Ulises y Adán, que no creían ciegamente y querían ver y saber. Así que el CREDERE de la frase Mussoliniana estaba en fuerte entredicho. El OBEDECER, obedecer ciegamente, sin razonar, tampoco me convencía mucho. Quedaba el COMBATIR, que si me entusiasmaba, lo admito, porque era una afirmación de nuestro ser, de nuestra civilización, de nuestra cultura, hasta de nuestra religión que, naturalmente, era la verdadera: y queríamos el combatir como paladinos de verdades absolutas. Y te dIré: que relativamente muy temprano yo y otros muy pocos amiguitos de la escuela, comenzamos a hacer comparaciones entre el fanatismo del CREDERE di Mussolini, y el venerar CERNUI.
Y allí comenzaron las primeras fisuras. Y fueron tristes, porque siempre es triste dejar de creer, como era triste cuando empezamos a darnos cuenta y cada año más, que a pesar del cariño, nuestros padres no eran los héroes que creíamos.- Y tampoco Mussolini y así tampoco, quizás, hasta Jesus Cristo.
Pero quedó el fantasma de ellos.
Es bueno? Es malo? Que importa? Es así el ser humano. Y si no fuera así, no sería humano.
Verdad, Anónimo?

Anónimo dijo...

Hola Sr.Macor,
hay dos películas sobre el periodo prebélico italiano que adoro. Son "Una giornata particolare" y "Amarcord". ¿Podría usted recomendarme alguna otra?
Muchas gracias

Aldo Macor dijo...

Mí querido anónimo del 24 de marzo: in primis pienso que Ud. sea una gentil Damita. A un hombre nunca se le ocurriría decir que ADORA a un determinado tipo de película. Un hombre diría, mintiendo, que ADORA a una mujer, pero a ninguna otra cosa. In segundis deberíamos precisar si se trata de películas del período prebélico sobre el mismo periodo prebélico, o si se trata de películas del periodo postbelico, sobre el periodo prebélico. Puede que a Ud. no le interese esta diferenciación que le parecerá bizantinismo, sino que le interesará solamente la calidad de una película que ronde por aquellos años, sin mayores definiciones. Para personas de hoy en día, una película del año 41-42 es lo mismo que una película del año 43-44.No es lo mismo. Las primeras eran apoteósicas del Fascismo. Las segundas eran apoteósicas del antifascismo.

Aldo Macor dijo...

Premiso eso, como fastidiosa diferenciación de los hombres siempre pesados y complicados, les diré:
1)Periodo prebélico:
a)La corona di ferro ( la corona de hierro) Blasetti, 1940. Apoteosis de los primeros supuestos Reyes de Italia que se coronaban en Pavia con la Corona de Hierro hecha con un clavo de la Cruz de Cristo. Muy buena película en su época, que nos llenaba de amor patrio que entonces estaba de moda.
b)4 passi tra le nuvole (4 pasos entre las nubes). Siempre de Blasetti, No recuerdo exactamente la fecha, pero seguramente antes del conflicto.
2)Periodo post belico.
Varias películas y con mayor fuerza expresiva:
a)Ossessione ( Obsesion) de Visconti, 1943.
b)Roma città aperta ( Roma ciudad abierta), 1945 de Rossellini y la mayor actriz de la época Anna Magnani.
c) La vita è bella ( La vida es bella) actual, sobre últimos episodios belicos, de Benigni.
Besos y abrazos.

Anónimo dijo...

Las legiones de tus lectores claman, clamamos por tus memorias. ¿Es que tienes una crisis existencial? Hay dos cosas que no nos da a nosotros; la crisis existencial y la viruela.
Abrazos, Angel.

Aldo Macor dijo...

RESPUESTA UNO
Querido Anónimo con nombre: Contesto a tus ansias del escrito del 10 de abril.
Por razone “tipográficas” que no logro modificar, mi respuesta deberá ser DOSIFICADA, pero aquí va:
E quindi uscimmo a riveder le stelle…
Expresión usada por Dante Alighieri al salir del
Infierno para proseguir su Fantástico Viaje…

Si, querido amigo sin nombre, estuve varios días sin escribir en este Blog. Tampoco hice carboncillos–retratos, de los que acostumbro para mantener ágil la mano y proporcionarme ciertos placeres estéticos si la persona-modelo es de mi agrado. Ni pude divertirme con el plan de charlas semanales en compañía de la bella psicóloga encargada de aparentar controlarme a posteriori por ciertas exuberancias narrativas que tampoco serian realmente comprendidas por el “publico” asistentes.
¿Por qué esos cambios? ¿A qué se debe ese cambio de rutina, Amigo ANONIMO con nombre?

Aldo Macor dijo...

RESPUESTA DOS:
Se debe a que por fin salí del Residencial; lindo, bonito y bello y donde todo iba bien… menos los Residentes. Hay que probar a vivir dos años con los Residentes de una Casa de Ancianos, en la hora por hora, en el día a día, para entender. Casi dos años de mí vida pasados allá, el 2,5 por cientos de mi “tiempo”. Desde cierto ángulo visual ha sido el costo para una magnifica experiencia; una más que se agrega a mi curriculum de acontecimientos. Y, de paso, con esa experiencia he podido confirmar a mi mismo que en el momento oportuno hay que saber tomar las propias decisiones y no dejarlas al albedrio de Átropos, la más inexorable de las Móiras.

Aldo Macor dijo...

RESPUESTA TRES:
Pero, Amigo ANONIMO con nombre, a veces uno se cansa de acumular experiencias, así que me fui… a riveder le stelle, llevado de la mano no del buen Virgilio, sino en este caso de la mano generosa de mi hija.
Y cambié mi residencia en un Residencial por una residencia mas apartada en un apartamento, para tratar, casi reincidente, la aventura de volver a vivir solo. Pero no fui al apartamentito comprado en Montevideo hace poco con ese vago, impreciso y eventual propósito, sino al que mi hijita me concedió en uso; el de ella, que queda “libre” por su nueva destinación profesional de periodista que la quiere entre los angelitos de Los Ángeles de California.

Aldo Macor dijo...

RESPUESTA NºCUATRO
Bueno, casi se cierra el círculo. Así comencé mi vida en América Latina, en Caracas, en el lejano 1955, en un apartamento de soltero, donde todo giraba alrededor o brincaba encima de una cama inmensa y acogedora ; uno de esos apartamentos que aquí, en el sur, le dicen bulín y en Venezuela llamábamos tiradero, matadero y los franceses con su charme llaman piede a terre, garçonnier. Obviamente el cierre del círculo cuadra como puede cuadrar a mi edad, en la apacible tranquilidad tan auspiciada por el gran Marco Tulio Cicerone en su De Senectude: hombre inteligentísimo, el Cicerón ese, porque logró que permaneciese el recuerdo de su nombre a través de los siglos a pesar de las grandes idioteces que escribió en ese libro de hipocresías; aun que, confieso, casi presumo que lo haya escrito posiblemente para eludir las celosas persecuciones de su mujer, la que Juno, diosa protectora de la Sagrada Familia y cornudísima esposa de Júpiter, puso a su lado.

Aldo Macor dijo...

RESPUESTA nº CINCO Asi que notifico a ti, amice mi et coram populi, mi cambio de Residencia, para eventuales visitas que mis amigos y amigas quieran proporcionarme en mi guarida. Los hombres pueden traer una botella de vino para celebrar el evento; ¿las damitas? nada. Solamente sí mismas. En mi nueva residencia seguiré dedicándome a los dibujos-retratos al carboncillo y a mis manías logorrografológicas; y el estar cerca de un exuberante Shopping me permitirá más fácilmente dilapidar los últimos centavos de la fortuna familiar en esos test de buena salud que son los Hot Dog et similia. La inscripción a un Club de deporte me permitirá reanudar mis casi olimpiónicas habilidades natatorias, recuperar la costumbre del magnífico juego-deporte del ajedrez y, noblesse oblige, algún que otro partido de bridge con los socios del Club que se dediquen a ese juego aristocrático y demodé.
La cercanía con la bellísima Rambla me permitirá paseos deportivos en bicicleta, sin riesgo de atropellos para mí. Y si los hubiera para algún que otro incauto paseante pedestre, seamos francos, ¿a quien les importan los otros?
Que se haga la voluntad de Dios. Amén

Alfa Segovia de Stanley dijo...

Se extrañan las "entradas" en su blog. Después de leer los comentarios veo que -felizmente- se ha mudado al bulín de Leilita-como le dice usted a su hija-
¡Enhorabuena!. Espero que la cercanía del Shopping le proporcione felicidad. No es así para mí porque me mata el ruidaje. Cuando era una cárcel-dicen los vecinos memoriosos- que no volaba una mosca (aunque sí se escaparon los tupamaros). Espero que dentro de poco, cuando se habitúe a su nueva morada prestada, escriba en su blog. ¡Lo esperamos!
Good luck!

Unknown dijo...

Señor, usted es valiente, no calle lo que vivió -por mas que le traiga problemas- los cuales al fina y al cabo son un juego de niños comparado a lo que sufrieron otros en otros tiempos.

Soy un joven de 30 años y ultimamente he caído en la cuenta de que en mi Argentina, como en otros lados, siempre la mayoría ha estado del lado cómodo, del lado del poderoso, en los 90s todos eran menemistas, hoy son todos kirchneristas, en los 70s todos con los militares, hoy todos antimilitares. En los 50 todos peronistas.

Es más, Peron simpatizó con los alemanes y admiraba a Mussolini, pero hoy está prohibido decirlo, por que Perón hoy es un Dios junto a Maradona y al gobernante de turno.

Eduardo González dijo...

Fantástico relato cargado de cuidadas descripciones, elegantes metáforas y finas ironías. Entré buscando algo más que Wikipedia y, desde luego, lo he encontrado. Por cierto, con 25 años yo tampoco creo que Benito fuera de lo más malo que haya habido en la tierra, aunque bien y mal siempre son conceptos excesivamente ambiguos y difícilmente justificables. Lo que, en ningún caso, me parece digno ni humano fue su terrible final. En fin, muchas gracias por la crónica caballero. ¡un saludo desde España!