23 feb. 2011

Contestando a algunos comentarios cariñosos y preocupados de personas muy gentiles conmigo:



 




 
Quizás mi situación  en el Residencial  sea  un poco particular.

 Había llegado yo a los 81 años. Italianos mi esposa y yo, desde tres años ambos en Montevideo después de 50 en Venezuela, con un hijo en Inglaterra, el otro entre Italia, Venezuela y Chile; y la hija en Montevideo viviendo por su cuenta. Y una buena mañana me agarró casi de sorpresa, aun que previsible, la decisión de mi esposa de separarse de mí.
Tenía razón.

 Absolutamente y completamente razón.
No voy a hablar de eso porque son cosas mías y de ella y no considero muy elegante hablar de desavenencias y decisiones personales en un escrito público. Con ella muy civilmente se convino que yo no sabría vivir completamente solo por no estar acostumbrado a eso. Que había tenido siempre personas que se habían hecho cargo de algunas de mis necesidades; las  menudas, que yo, con facilismo machista heredado, definía tonterías de la casa:
los hombres no se ocupan de eso. Pero la frase-sentencia “Los hombres solos en casa y a cierta edad son un desastre”, podría resumir la opinión de mi esposa, coincidiendo con la mía y la de mi hija. Entre algunas pocas opciones se escogió probar un Residence para la tercera edad, frecuentado por personas todavía mentalmente válidas. Habíamos visto años anteriores algo de eso en Italia y en Usa; y la película CACOON, de hace un tiempo, daría exactamente la idea del tipo de residencial que estábamos imaginando y buscando. Pero Uruguay no es Europa ni mucho menos Estados Unidos; sin embargo mi hija consiguió en Montevideo algo que nos pareció bastante adecuado. Construcción nueva, operante desde pocos meses, aire abierto, jardines, luz y alegre disposiciones de los ambientes sociales. Muy pocos residentes todavía, iniciativas encomiables y los entusiasmos iníciales casi idílicos de los jóvenes propietarios que aspiraban a algo especial. De casualidad en mi primera visita vi a un solo residente, un señor distinguido, bien vestido, quizás un poco solitario y las poquísimas palabras de saludos fueron entre personas “normales”.
No vi nada del aspecto deprimente del demente o semidemente con las consecuencias del deterioro. De todas maneras era tan fuerte en mí el shock emocional por la decisión de la separación, que acepté prácticamente de inmediato lo que me pareció una casi óptima solución, dadas las circunstancias.

Pero con el tiempo todo cambia. Y al año yo había logrado superar casi totalmente la semidepresión que al principio trató de alargar sus tentáculos hacia mí;
 y lo logré sin necesidad de ningún psicólogo. Hay personas que, cayendo, no se levantan más, a pesar de grúas y eventual ayuda pseudo-psicologica. Y otras que saben recuperar fuerzas, y solas, sin recurrir a nadie, sino al propio raciocinio y voluntad.  Me dediqué mucho más al diseño: siempre me ha gustado diseñar desde los tiempos de la escuela y también ahora,  retratar la sonrisa de una bella mujer es siempre una magnifica medicina y el personal de la Residencia y familiares de residentes me han obsequiado decenas de modelos. Aun que  haya sido pagado nada más que con un beso en la mejilla, esos besos han tranquilizado mi alma. Además de dedicarme al retrato, terminé de escribir mi librito “Personajes”, donde en forma jocosa, irónica e irreverente me divertí a hablar de los fanatismos de los “grandes héroes” de la historia, tomando el pelo indistintamente a hebreos, cristianos y musulmanes. De muchísima ayuda para mi han sido también las refrescantes conversaciones con una doctora y una psicóloga del Residence. Y gracias al propietario del Residence pero máxime a mi hijita Leila descubrí el mundo del BLOG, donde me  estoy divirtiendo al volcar los recuerdos de más de ochenta años de experiencias de vida “ folklórica y variopinta” , hablando de todo, prácticamente sin reservas pudorosas y de ambientes muy diferentes según las épocas y lo que me viene en mente.
Forzosamente y casi inevitablemente esa recuperada energía anímica me llevó a morder siempre más los frenos y soportar siempre menos la necesaria disciplina de una institución colectiva.

Esto por un lado.

Y por otro lado, constaté y percibí que por obvias necesidades económicas el Residencial tenía y tuvo que ser menos selectivo en las exigencias a los nuevos aspirantes residentes. La consecuencia fue que en el lapso de poco más de un año el residencial logró funcionar casi al 100%, pero la calidad “psicosomática” de los Residentes empeoró. Aparecieron muchas sillas de ruedas y, máximamente, muchos ancianos que si no son dementes poco les falta, dicho con franqueza y sin
  rodeos.
Claro que se visitan
 familiares  que vivan en esas condiciones, con amor, como deber y con cierta  resignación: todo mesclado.
 Los empleados trabajan sus horas. ¡Pero nunca es por todo el día! Las visitas se terminan y con comprensible alivio, casi diría,  de ambas partes.  Pero yo tenía que quedarme, claro, como todos los demás residentes.
¿Qué hacer con el montón de tiempo disponible?  
 A parte el dibujar que es innato en mi y el escribir sobre personajes que es una forma de conversación  muy parecida al monologo,   tuve varias iniciativas, animados y ayudado por el joven  simpático e inteligente propietario.
 Ninguna funcionó  muy muy bien, bien.  A partir de una mesa de poing pong que llevé  al residencial y  casi nunca se usó porque los residentes son demasiados viejito para un juego tan dinámico;  los empleados tienen sus obligaciones de trabajo  y cuando toca el pito de  salida  se transforman en cohetes  y ni  mínimamente  pensar en jugar con el residente aun que haya sido campeón.  Hubo una  simpática  iniciativa de una representación teatral sencillísima, que contó con el entusiasmo inicial de casi todos y  no concluyó en nada. Y  otra  iniciativa, una serie de conferencias-charlas semanales semi jocosas sobre eventos y  personajes como   Garibaldi, las Hadas, los Cruzados, los Gitanos, Casanova,  las amantes de Mussolini etc.  Pero el interés fue decreciendo y eran más los residentes que dormían en sus butacas de los que me escuchaban. Para mí, personalmente, fue divertida experiencia y se había trasformado en una especie de dueto de conocimiento con la joven psicóloga que “dirigía” las charlas.   La única iniciativa que de verdad yo vi  funcionar    fue  una donde yo no participé en absoluto, y era  la que  eufemísticamente se llamaba plástica, arte plástica  y eran juguitos de cortar papeles o colorear algo; lo que me recordaba, en las expresiones atentas  de los residentes y en  la sonrisas tiernas de la Profesora ,  a los entusiasmos de mis hijitos en sus  kindergarten.

Pero no hay nada que entristezca o  irrite tanto como desayunar, almorzar. merendar, cenar en la misma mesa con personas mentalmente deterioradas que se han vuelto niños en muchos casos. Y uno se siente con culpa y se avergüenza del rechazo que instintivamente tiene.

Así que decidí irme del Residencial. Y probar a vivir solo, o sea sin pareja (muy patética seria una pareja a los 80 años pasados) pero recurriendo a la ayuda de algunas personas para determinados tipo de servicio. Limpieza, lavar, planchar, preparar comidas, ocuparse del pago de eventuales facturas de servicios como luz teléfono impuestos etc.;  compra y suministro de los millones de medicamentos que indicará un médico o darse cuenta si un día yo pudiese despertarme muerto.  En eso la organización de mi hija y la “
longa manus” de mi esposa han sido y serán de enorme ayuda y todo es el producto del cariño de ambas:  sea de mi hija como de mi esposa que, a pesar de todo, sigue ayudándome y, espero, queriéndome un poco. Probar a vivir solo, he dicho, pero no encerrado como un anacoreta en su celda, sino en un apartamento  de donde salga cuando quiera para frecuentar  un interesante club social  con piscinas de verdad, con salas de ejercicio físicos de verdad , donde pueda renovar mis  antiguos intereses por el ajedrez y el bridge  y conversar de algo que  no sea solamente el futbol.
Esta  estadía  mía de más de un año en un residencial, viviéndolo dia a dia desde adentro, me ha sido muy útil,  y me ha dado otra experiencia formidable de vida. Y me ha confirmado lo que más o menos teóricamente yo supuse hace años:
Debemos salvar nuestra dignidad, superando barreras de tradiciones, costumbres y religiones. Debemos salvar nuestra dignidad y saber poner heroicamente fin a esta bella aventura que es nuestra “
brevis lux”, como le decía  Catullo cuando comencemos a sentir la progresiva degeneración del espíritu, de la mente y del cuerpo, sin esperar que se debilite nuestra voluntad y nos transforme en zombi.

Así haremos un gran favor a nuestros familiares. Y eso sí, será demostración de gran amor para con ello y sabiduría para nosotros.
Y la Parca Átropos nos comprenderá.
18 de febrero de 2011 19:16















5 comentarios:

Equinox Fin de Semana dijo...

Donde vas Aldo? pasame tus datos por mail, abrazo Felix y mucha suerte!!

Equinox Fin de Semana dijo...

Donde vas Aldo? Te felicito, pasame u mail con tus datos y mucha suerte, te voy a ir a ver abrazo Felix

Aldo Macor dijo...

Amigo Felix. te paso mis datos, la nueva direccion, por email. Pero por aqui quiero aprovechar de ti, en cierto sentido, para pedir a ti a a los demás amigos blogueros, millones de toneladas de disculpas! Como sabes soy nuevo en el Blog y a mi edad no es facil aprender cosas nuevas. Asi que estuve dos dias provando y provando, escriba y corriga, suba y cancela, quita y reponga, hasta que por fin he semi entendido los misterios Babilonicos del Blog. Pero lo que no sabia, amigo, era que cada corrección venia AUTOMATICAMENTE notificada URBI EN ORBI! Hasta que comencè a recibir emails cariñosos de parte de amigos del tipo: ALDO!!!! DEJATE DE INCHARNOS CON TUS VAINAS !!
Fuè involuntario.
Perdon, perdon, perdon.
CULPA MEA CULPA MEA MAXIMA CULPA.
Y para que las disculpas en palabras seas acompañadas por algo mas tangible o leible, tengo en la mente el proximo spot,que espero los harà reir, al notificarle una de mis últimas aventuras "senil-gentilhombrescas" !

Alfa Segovia de Stanley dijo...

¡Me parece una sabia decisión la suya! ( La de irse a vivir "independiente"; no la del cianuro...)
Espero que pueda habituarse a su nuevo apartamento, que siga escribiendo sus interesantes artículos en el blog, que haga de su vida una fiesta. Yo también soy "nueva" en las lides blogueras; colaboro en un par de blogs que usted ya conoce; no siempre logro que lo que escribo, selecciono o "cuelgo" salga como yo quiero. Tampoco sé lo que es "sindicalizar" un blog ni nada por el estilo. Tengo sí una gran voluntad para aprender que-por el momento- me está sacando a flote.
Hasta pronto y ¡Felicitaciones!

Criseida dijo...

Aldo, aunque te hayas ido de Magna, se te va a recordar y querer siempre como yo lo hice desde el primer día que entré. Las conversaciones en la noche y en la tarde dieron sus frutos y lo que más me enorgulleció fue que supieras la historia de mi nombre y poder analizar todo contigo, el libro, los cantos, etc.
Se te recuerda y se te quiere mucho