25 sept. 2011

l a s h a d a s

   L  A  S     
 H  A  D  A  S 









Las MOIRAS de Goya
                       
                                     
¿Quiénes son las Hadas?
En mis recuerdos de infancia las Hadas eran bellísimas mujeres, jóvenes, rubias y de ojos claros casi siempre celestes, largos trajes azules, un lindo sombrero en forma de cono con tantas estrellas, un velo blanco longuísimo, una varita mágica en la mano y siempre nos miraban sonrientes y nosotros les pedíamos lo que siempre piden los niños de todo el mundo para sus deseos infantiles. Era el Hada Madrina o el Hada Azul. Y en muestra fantasía de niños la imagen se mezclaba con la de nuestra mamá y con la de la Virgen María: mismos trajes largos, azules, misma dulzura.
Bueno; ¿de dónde vienes las Hadas?
Comenzamos aclarando que nunca hay límites bien definidos en casi todos los eventos antiguos - e inclusive no tan antiguos - referentes a tradiciones, supersticiones, religiones, leyendas. Las imágenes se sobreponen. Los personajes cambian de nombre y de funciones en el curso del tiempo, según los varios países, según antiquísimas tradiciones heredadas, mezcla de influencias romanas, cristianas, musulmanas, germánicas, escandinavas, celtas y referidas según los humores y capacidades intelectuales y de crítica de poetas, escritores, filósofos, trovadores, santos, históricos, cuenta historias, saltimbanqui y demás personajes que contaban los “ hechos “ como ellos los veían o como a ellos les convenía verlos. Nuestra Edad Media es un inmenso, enorme borrador donde convergen tradiciones y fantasías griegas, latinas, orientales, irlandesas, nórdicas. Imaginarse lo difícil que es definir las Hadas. Uno debería preguntarse: ¿hadas? ¿En qué país? ¿En qué época? Porque las hadas aparecieron en tiempos muy remotos, en países y en épocas muy diferentes, han llegado hasta nosotros, los niños todavía creen en ellas y no solamente los niños.
Entre las Hadas (y uso la expresión en su justo significado etimológico de HADAS, o sea FATAS, o sea FATA, Destino, en Latín) las más lejanas son las Moiras griegas. Para citar un caso solamente de la indefinibilidad de la cual hablaba antes, diré que según Homero la Moira era solamente una mientras que según Hesíodo eran tres. Debido a que Homero, gran poeta y todo, era ciego completo, puede que no haya “visto” bien y por lo tanto estimo prudente  creer más a Hesíodo. Esas tres Móiras  eran hilanderas e hilaban el hilo de la vida de los pobres mortales. Todavía hoy en día en muchos países se usa la expresión: “...se quedó con un hilo de vida…”; casi nadie sabe que la expresión viene nada menos que de los tiempos de Homero. Bueno, la tercera Moira, la única de la cual recuerdo el nombre, Átropos, era la que, llegado el momento, cortaba el hilo de la vida y comenzaba el viaje en el Mas Allá.
Después de la Moiras griegas aparecieron los Romanos. Aquel segundo Rey de Roma, astuto rey y sacerdote, tenía su hada personal, la Ninfa Egeria, que siempre lo esperaba en un lindo bosquecillo. Y, es licito preguntarse, ¿qué hacia el Numa Pompilio ese en un lindo bosquecillo en compañía de la bella Ninfa Egeria? Vamos a dejarlo a la imaginación de cada uno de los lectores.
Y esto me trae a la mente la famosa sentencia de un juez de Italia, de la Alta Edad media, "Solus cum sola in loco solitario non cogitabuntur orare Pater Noster", quien condenó por adulterio a una pareja por suposición de pecado.
Y la dulce Ninfa Egeria, agradecida como todas las mujeres de buen corazón cuando un hombre les demuestra ternura, le daba a su amante, Rey y Sacerdote, también sabios consejos sobre como administrar la recién fundada ciudad de Roma. ¡Pobres Romanos si se les ocurría discutir las ordenes del rey! Numa Pompilio, en perfecto acento de Toscana porque, como Benigni, era Etrusco, les gritaba: “No saben Uds. que esas órdenes me las dieron los dioses, a través de  Egeria, la Ninfa del Bosque?” Todos los dioses que se respetan se presentan a los mortales bajo formas de mensajeros, como Mercurio, el Arcángel Gabriel, y otros.
Así que los Romanos desde los tiempos de la Monarquía tenían una sola Hada, la Ninfa Egeria, aun que en comodato únicamente para el Rey. Pero cuando al conquistar a Grecia se dieron cuenta que los Griegos tenias tres Hadas,
“¡Per Hércules!” blasfemaron los Romanos. “Si los griegos, vencidos, tienen tres hadas, porque nosotros, los vencedores, deberíamos conformarnos con una solamente?” y nacieron las tres Parcas, o TRIA FATA.
En el norte de Europa estaban los Suecos, Noruegos, Daneses, los de Gothland, en fin. Pero no habían todavía comprado el boleto para el tour hacia Roma y estaban ocupados a defenderse del frío en sus misteriosos bosques pobladas de gnomos y goboldos. Con el tiempo decidieron unirse con otros grupos de germánicos y, en búsqueda de tierras más templadas, se abrieron paso a través de los Alpes.

    
Desde el cuarto siglo comenzaron las invasiones de esos turistas. Altos, rubios, bigotes asquerosamente sucios, con cuernos en la cabeza, algunos en la frente, llevaron consigo sus Nornas que eran casi parientas de las Parcas–Hadas Latinas. Pero eran malas, feas y vírgenes. Quizás la virginidad es a veces  consecuencia de la escasa demanda del producto. Eran buenas trabajadoras, las Nornas, como nuestras montañesas, robustas pero sin gracia. En fin, función de ama de casa, ángel de la guarda, hada madrina, valkiria, la domestica de la casa: todo junto.
 Después, con los años, la gente comienza a socializar. A las romanas les gustaban esos gigantes rubios del norte y previos baños en aguas perfumadas y arreglo de los bigotes, los recibían en sus pecaminosos triclinios. A las nórdicas les encantaban lo refinados romanos quienes, aun que ya no expertos en el arte de la guerra, tenían fama de expertos en el "Ars Amatoria".
Ese proceso de simbiosis incluye también a las Noiras- Hadas - Parcas - Moiras. Así que las Hadas de la Alta Edad Media pierden la inicial rigidez semiferoz  de los nórdicos y se van transformando poco a poco en la Hada, bellísima, joven, amorosa, elegante, bien vestida, a menudo bien desvestida: una hada amante, en fin. Un hada que trae amor, felicidad riqueza, a veces matrimonio y hasta hijos al hombre que ama. Al Héroe que ama, debería especificar, porque el hada es un ser misterioso, que viene del Mas Allá, pero muy exigente y no se va a enamorar de un pobre diablo cualquiera, un insípido Monsieur Travet, del hombre con traje gris. Debe ser un Noble, un Caballero, un  Héroe, un Personaje.
La literatura medieval es riquísima de aventuras amorosas entre Hadas y Héroes: el Héroe va en un bosque, para cazar, pierde el camino (es el hada que hace que lo pierda), galopa que te galopa, llega casi siempre a un lindo y romántico manantial donde, ay, casualidad, encuentra una joven bellísima que se baña desnuda, casi siempre acompañada por sus doncellas. Es el Hada, obviamente. El Héroe la ve, se enamora en el acto, quiere casarse ya, ella dice que no es necesario casarse, que no es necesario ningún sacerdote, pero que el Héroe debe prometer y jurar que respetará un determinado tabú: como, por ejemplo, no ir nunca a su recámara el día sábado, o no mirarla nunca mientras se baña, o no mirarle nunca los pies desnudos, u otras tonteríasimilares.
¿Que hace el Héroe? Promete y jura como prometen y juran todos los hombres cuando están explotando de amor y deseos y la mujer, insinuante, les insiste que, antes, le jure algo. El pobre hombre, en ese estado de alta necesidad en que se encuentra y ya en absoluta incapacidad de entender, promete y jura cualquier cosa. Cualquier juez dictaminaría que una promesa hecha en estado de necesidad no es vinculante.
Con el tiempo, después de haber vivido felizmente por años, y lo mejor haber hasta formando una familia, un buen día el hombre rompe el tabú. A veces por motivos fútiles o sencillamente porque se olvida le lo prometido, habiéndolo siempre considerado de poca importancia y una tontería de mujer. Rompe el tabú y pierde todo. El Hada esposa amante lo abandona, él se desespera. Y el Hada a veces regresa y a veces no regresa
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Existen también otras grandes variedades de casos.
Hay Hadas que exigen matrimonio previo a cualquier intimidad, como las hadas Melusinas. Hay hadas mas “liberadas“ como las Morganas. Hay otras que quieren tener hijos. Otras que van a Misa, pero que deben salir de la Iglesia al momento de la Consagración de la Ostia: y en estos últimos casos las hadas demuestran su indudable origen demoníaco (pero esto comienza a suceder alrededor del año 1.000).
¿Porque se acusó a la mujer de naturaleza demoníaca?
Porque con el tiempo a la Iglesia gustaban siempre menos esas historias de hadas que venían de un indefinido Más Allá fuera de su jurisdicción, que se bañaban desnudas en fuentes y bosquecillos de reminiscencias paganas, concupiendo  a Héroes cristianos. Además hay que recordar que en la Alta Edad Media la Iglesia era fuertemente misógina. La mujer, especialmente si bonita, era instrumento de perdición, era la serpiente, el demonio. No por nada las brujas eran mujeres. Y por lo tanto comenzó la “demonización “del Hada. Para alejar a la gleba de una divinidad, quizás buena, pero que no era  oficialmente prevista en el Santoral Oficial y que, de paso, era bellísima mujer (argumento que convence siempre fácilmente a nosotros los hombres pobres pecadores), la Iglesia decidió “demonizar“ al hada. La mujer, cuanto más bella tanto más era peligrosa.
El Hada viene declarada Ser Demoníaco. Así como declararon demonios los antiguos dioses paganos, sobretodo los del campo, que continuaban a sobrevivir, por siglos, con los camaradas nuevos, los santos cristianos. Y todo esto es cierto, por lo menos lo es según San Isidoro de Sevilla, que se declaró experto en materia.
Pero tampoco hay que asombrarse mucho por esa mezcla entre dioses paganos y santos de varias creencias durante la Edad Media. Hoy en día no tenemos ningún grupo étnico o nación, donde no se hayan mezclados y subsistan ritos “religioso” norteños, africanos, cristianos, indígenas, indianos, demoníacos o no. Especialmente en el Caribe y en toda América, Latina o Sajona que sea.
Cuando surgen nuevas religiones, al ignaro creyente llega en ayuda la sabiduría del ignorante y nace un sabroso  folklórico cocktail con todas ellas. Más digerible.
Bueno. Así que después del año mil, superado ya el miedo supersticioso del fin del mundo (“1.000 y no mas mil...” pregonaban los visionarios) el Hada ya no es el ser bueno bello, cariñoso, fascinante de antes, sino un ser demoníaco y del tipo ”succubus”, que corrompe al hombre para robarle el alma. Sí, porque, si no lo saben, los Demonios se dividen en dos categorías; los Íncubus,  in-cubus, los que en el acto sexual, siempre pecaminoso, tienen la posición de “arriba”, como los hombres; y los Súccubus, sub-cubus, los que tienen la posición de “abajo” como las mujeres. No conociéndose todavía el Kamasutra, los clérigos europeos ignoraban otras posiciones.

He aquí, ahora, otra versión de las Hadas.
La hadas son seres ultramundanos, inmortales pero sin alma. A veces se hacen sinceramente cristianas, viven y se portan como magnificas esposas y magnificas madres porque aspiran a que por fin puedan recibir la tanto deseada alma. Cuando por fin como premio de sus virtudes reciban el alma, perderán “su” inmortalidad pagana, con los años se harán viejas y feas y desdentadas como todos los comunes mortales, pero ganarán la inmortalidad cristiana y los gozos espirituales del Paraíso cristiano. Pero si el hombre-esposo-héroe romperá el tabú, la pobre hada deberá huir, para siempre y nunca más tendrá la oportunidad de tener un alma.
 Pero hay también otras versiones de las hadas.
Existen las hadas Melusinicas (del Hada Melusina ) y las Hadas Morganaticas  ( del Hada Morgana) que forman parte del mitológico y “maravilloso “ bretón, celta, irlandés y tantas otra versiones que seria demasiado largo enumerar. Para tener una idea de la variedad de versiones, valga la bretón e irlandesa, donde el Hada  Morgana es la hermana del Rey Arturo, el de la Mesa Redonda. Y se diferencia del Hada Melusina, que según ciertas versiones es pariente o hermana de la Morgana. La Melusina quiere vivir en nuestro mundo, con el hombre que ama, a él le brinda riqueza y felicidad, siempre bella, seductora y fiel, lava los pañales de los niños, obedece al marido.

La Morgana es muy diferente: agarra al hombre que le gusta, se lo lleva a su castillo misterioso, en el Más Allá, una especie de Avalòn o Palacio de Hielo donde el tiempo tiene otra dimensión. Si por algún motivo el marido-amante-héroe querrá regresar a su mundo y si el hada se lo permite, el pobre hombre se dará cuenta de que han pasado doscientos años y que todos sus amigos y parientes han muerto. Pero a menudo a la Morgana no le agrada la idea de perder a su héroe y entonces lo ciñe con la Cinta del Olvido, como en la leyenda de Ogier, el Dinamarqués y el hombre se quedará siempre con ella, medio zombi, medio atontado, medio drogado, pero todo con ella.
En fin, fábulas y cuentos en abundancia, sobre las Hadas. Y no se termina acqui.
Según otros reporteros de la época, algunas hadas son fundadoras de familias nobles., Como lo fue, por ejemplo según un ”reportaje” de  Giraldus Cambrensis (siglo XIII, circa) la bella, culta, frívola, sabia, inteligente  Leonora de Aquitana, la dama de la poesía romanza, de la segunda cruzada con el marido  un poco cornudo pero rey de Francia, llevando consigo poetas y trovadores; la que obtuvo anulación de matrimonio y se casó en segundas nupcias con el rey de Inglaterra y tuvo hijos también con él. Esta señora, esta gran dama, sumamente irrequieta, era Hada del tipo melusinico, según el Giraldus Cambrensis. Y como esposa del rey de Inglaterra, Enrique II Plantagenet, tuvo cinco hijos entre los cuales Ricardo Corazón de León y Juan sin Tierras (los de Robin Hood ). Pero cierto día el rey Enrique II rompió el tabú y ella tuvo que huir, volando, llevando consigo únicamente los niños Ricardo y Juan (el futuro Corazón de León y el futuro  Juan Sin Tierras). Pero debido a que tenia años sin practicar el vuelo, el niño Juan se le deslizó de las manos, se cayó y se quedó cojo por toda la vida.
Pero, a pesar del tabú violado por su marido, la bella Leonora regresó. No recuerdo como fueron las circunstancias del regreso. Pero  regresó porque  años más tarde ayudó a su valiente hijo Ricardo Corazón de León quien, en camino de regreso de la Tercera Cruzada, cargado de gloria y de deudas, había caído prisionero como un tonto por alguien de la Casa de Austria, sus enemigos, y por culpa de un pollo. El pollo era manjar preferidos de reyes, en aquel entonces y así, exigiendo comer un pollo entero para sí solo,  el gran Ricardo III revelo su identidad a los esbirros del enemigo que lo sabían transeúnte  y lo buscaban  por tierras de Austria. Entonces su mamá, que ya no era una lindísima mujer - quizás había conseguido por fin el alma ansiada - salió de Inglaterra para ir a liberar a su hijo. Pero no le bastó su sonrisa seductora de antaño porque de la antigua seducción quedaba solamente la fama y no se habían todavía inventado los implantes de dientes. Tuvo que pagar un enorme rescate con oro contante y sonante, con gran estrépito de judíos, obligados prestamistas,  y clérigos codiciosos que se vieron desposeídos del oro de “sus” iglesias.

Y, colorín colorado,
                   éstos cuentos de Hadas
                                   se han terminado...




                                                               ***

3 comentarios:

Alfa Segovia de Stanley dijo...

Las mujeres de todos los tiempos se las han ingeniado-en leyendas, fábulas y cuentos de todos los lugares y tiempos, para- ser hadas, ninfas, y...hechiceras. La imagen de "ser impuro y demoníaco" también anda por la biblia. La que pecó fue Eva- que tentó a Adán que andaba despreocupadamente por el paraíso hasta que ella le dio a probar el fruto del árbol del bien y del mal. ¡Y cayó!
¡Y sí, los hombres caen siempre! ¡Pobrecillos! ¡Seres tan inocentemente fieles e ingenuos!

Carmen Palmieri dijo...

Me regalaste un largo rato de solaz y esparcimiento.
Los cuentos de hadas me fascinan..., y tu post me dio linda información para tratar de comprender la manera de "razonar" y pensar de esos tiempos, ya idos.
Gracias, Aldo!

Anónimo dijo...

A mí siémpre me han gustado las hadas. Tienen una dulzura confiable y conceden lo que se les pida con una varita que mueven-ahora es la nariz- dejando una estela de estrellas en el ambiente.Me gustaría ser alto como Paul Gasol y tener un pelo como Robert Redford, no lo solicito porque puede tocarme un hada de las de antes (de las malas) y dejarme como Alan Ladd y el pelo a lo Yul Brynner. Angel