5 jun. 2011

HOMO DELUDENS (fregatum est)





 
Estimados amigos y estimadas amigas : lo que ahora va, es la continuación de algo escrito la semana pasada. ESCRITO la semana pasada, he dicho, pero no PUBLICADO la semana pasada. Porque lo que había escrito lo había enviado en borrador y ante-prima a un querido amigo mío cuya opinión a veces solicito. En un escueto email, personal, aquí reproduzco lo que me contestó, exactamente esto:
“Querido maestro, si sigues escribiendo así, vamos a tener que comprarnos unas Burkas para poder salir a la calle. Saludos, xxxxxx” 
¡Dios mío! ¿Que habré dicho?

Dije varias cosas, por supuesto, en casi diez páginas se pueden escribir verdades absolutas y tonterías sublimes. Escribí no sé si verdades o tonterías, y algunas son estas:
"… la mujer es normalmente fiel, se siente de un solo hombre. No es promiscua. Quizás para defender mejor al núcleo familiar a los efectos de la procreación, que es su primigenia función... y si no es fiel, y lo digo en serio, casi siempre la culpa es del hombre, que no le deja otra alternativa y la descuida… Sin embargo en el caso del hombre la fidelidad o infidelidad es algo que ni siquiera está previsto... El macho, el rey del grupo, el dominante, se aparea con la hembra que está a su alcance o que lo invita con sus olores. Y dependiendo de sus energías residuales, se apareja con las otras que les vienen a manos , como lo más natural y obvio...Eso proceso duró siglos, posiblemente milenios.
 Pero ahora amamos. Sí, hemos aprendido a amar. El animal homo no amaba. Lo movía solamente el sexo. Pero con el tiempo, ese mismo homo ha inventado la poesía y la música para embellecer y gentilizar el puro sexo inicial y transformar el sencillo apareamiento del cavernícola en amor.”
Y mandé el mismo escrito a otra persona, la señora …xxxxxx… que estimo muchísimo y que, después de mi esposa, está en el segundo lugar en mis preferencias afectivas. A ver lo que opinaba ella. Esperaba un juicio más benévolo. Sin embargo todavía retumban en mis delicados e inocentes oídos los insultos de cavernícola, racista, machista y retrógrado que me cayeron encima de parte de esa señora, quien al final me gritó: “Así que si una mujer siente deseo sexual es una enferma ninfómana, y ¿el hombre es normal?" Y allí siguió otro definitivo conclusivo insulto a la Anna Magnani. Esta señora estaba furibunda y con un colorido insulto en dialecto romanesco, conocidísimo, pero que ni me atrevo a repetir, me aniquiló, me plantó y se fue.
Yo soy, creo, que soy un viejo caballero demodé, y para mí los gritos e insultos de una mujer tienen siempre cierta gracia femenina. Pero retumbar, sí que retumban! Y me han llevado a preguntarme: ¿cuánto de lo afirmado por mí en ese escrito del otro día es cierto y cuánto no? Mejor dicho: ¿cuánto es “objetivamente” cierto y cuánto no? Que es lo que debo cambiar en el escrito y en mi manera de pensar para evitar el ostracismo, el anatema, la excomunión? ¿Qué puedo decir desde esta situación de casi imputado?
No se puede olvidar que tengo la belleza de 80 añitos y pasados. Y que además soy hombre; varoncito; ex varoncito, mejor dicho. Y a mi edad y en mi situación de género ya casi olvidado, aparte de si existe o no existe la validez objetiva de lo válidamente cierto, la mayoría de las personas han dejado de fastidiar al prójimo con sus presuntas sabias consideraciones. Quizás debería yo hacer lo mismo. Y sin embargo instintivamente soy llevado a seguir teniendo mis opiniones, sin considerar que hay tantos cambios de mentalidades y comportamientos en esos últimos 100 años que el punto de vista objetivo no se sabe cuál sería… ya que cada década, cada lustro, cada año y cada país en el mundo, y en cada época, en fin, el bendito punto de vista forzosamente cambia; y lo más probable será que todos sean igualmente válidos. Y, como detalle adjunto, el punto de vista diferente no puede ser tampoco referido al género, porque hoy ya no existe solamente el género masculino y el femenino, como en los tiempos cuando tocaban las campanas de las iglesias, sino que hay una tal variante de géneros, que se pone en duda todo el concepto.
Quizás estoy farfullando yo, ahora. Una de las tantas cosas que me irritaban sobremanera en mis años mozos era la arrogancia de la persona mayor; o sea, de cualquier viejo casi-demente y todo-ignorante que, mascullando las palabras por falta de dientes, con insoportable ternura mixta con compasión me decía, que yo, por ser joven, no podía entender los acontecimientos de la vida. Que se necesitan años, decenios de experiencias para saber ver las cosas en sus justos aspectos. Sí, pensaba yo, cuando la mente se te habrá vuelto ya un mierdero indescifrable.

Y me molestaba mucho esa pretendida sabiduría que, teóricamente, podía ser debida a una innegable mayor experiencia de vida; pero que no se sabía bien si esa mayor experiencia de vida había sido aprovechada para ampliar conocimientos como los viejos pretendían o si había sido sencillamente derrochada en eventos de poca monta a lo largo de una vida de poca monta. Me irritaba, claro, la arrogancia de la barba blanca “per se”. Sabía que era más sabio Confucio a los 20 años y sin barba, que las miles de barbas blancas estigmatizando por allá.
Me surge una duda y me pregunto: ¿Tendré yo ahora la misma arrogancia que tanto he reprochado a los viejos sabios en otras épocas? Es muy difícil juzgarse a sí mismos.
Lo que he escrito hasta ahora en esas páginas, ese volcar de experiencias en aras de conocimiento, ¿será válido?
¿O se trata de perogrulladas? Quizás válidas en algunos momentos y si acaso solamente en alguna zona circunscrita, cuando todavía no existía el efecto batidora en esta globalización que desde años ya está amalgamando siempre más a las nuevas generaciones y por lo tanto a la humanidad.
He sostenido que ha habido cambios de comportamiento pero no cambios de esencia en la mentalidad de la mujer: porque afirmé que el “dije” en el ombligo, los perfumes, los escotes provocativos y otros medios de atracción sexual, siguen persistiendo, en la mujer, desde hace cinco mil años. Pero, ¿será cierto? En el chat, invento de los últimos años, el joven que orgulloso muestra en la web-cámara su pene vigoroso, ¿no recurre hoy en día al atractivo sexual como Cleopatra con su bellísimo seno descubierto para solaz de Antonio? ¿ y de los demás? ¿Quizás el coqueteo antes era más que todo prerrogativa femenina. El hombre no coqueteaba. El hombre raptaba-tomaba-violaba. Así como Aquiles violó a Briseida; Agamenón violó a Criseida. Los Romanos raptaron a las Sabinas. Pero Afroditas-Venus coqueteó-sedujo a Anquises. Y ahora el hombre coquetea: muestra los bíceps y muestra el pene: no muestra el cerebro porque seguramente se ha reducido. Ahora ya no existen prerrogativas. Quizás la fémina se masculinizó y el hombre se afeminó. La forma ¿puede modificar la sustancia? La liberación de angustias por el descubrimiento de la píldora anticonceptiva es algo que existe ahora y no existía antes. Y ¿eso puede cambiar, me pregunto, la esencia misma de la mujer? Es que en realidad intervienen tantos factores a la vez. El mundo siempre ha ido cambiando; el famoso baño en el famoso río.
Cambios de mentalidades siempre las ha habido. Pero no hay dudas que ahora se está cambiando más rápidamente que antes. La diferencia entre una generación y otra, en nuestro mundo occidental, es muy fuerte, hoy día. Claro que en otras zonas del planeta, los cambios son más lentos. Obvio que para un occidental la sociedad afgana o del Yemen o de ciertas zonas de África, Asia, América latina tienen cientos de años de atraso. Atraso, según el punto del occidental. Pero, atraso o no, los cambios son muchos más lentos. Pero los hay. Y los que empiezan a haberse, están agarrando siempre más velocidad. Ya no tienen el arranque lento y con dignidad  de un camello sino el pique de un Ferrari. Las ansias de cambio embisten desde ayer en Asia y ahora en los países árabe-musulmanes.
Y también las mujeres cambian. Desde tiempo están usando los pantalones. Y si es cierto que los blue jeans marcan deliciosamente sensualidades no ocultas, es también cierto que muchas veces ahora demuestran más determinación que los hombres. Así que mis tan categóricas afirmaciones, ¿que tendrán de valedero? ¿No será que solamente son proyecciones de los superados antiguos sentimientos, costumbres, tradiciones que existieron pero que ya ahora no existen más? ¿Seremos troglodíticos? Y hacen que la persona joven nos mire con conmiseración. Si es que se dignan mirarnos.
 

Una especie de revivir el pasado. Y si no ha habido cambios sustanciales en la esencia de la mujer como he sostenido ¿será cierto que todavía hoy en día la chica enamorada ponga a su hombre en el pedestal?
¿Existen todavía los mantos azules para príncipes?
¡Cuántas dudas surgen en la mente de un pobre hombre cuyos varios años de experiencia, más que ayudarle a entender la vida, lo confunden siempre más con el vertiginoso cambiar de las costumbres! ¿Marido? ¿Esposa?
Y si yo, ingenuamente, como argumento de conversación, le preguntase a un coetáneo mío cómo le va a su hija o su nieta, que si se casó, etcétera, muy a menudo la mirada del coetáneo se pondrá esfíngea y dirá que le va bien, que gana bien, que vive con un compañero. Y su cara ni se atreve a dar aprobación o desaprobación. No dice nada. Tengo la impresión que ya el marido no exista: solamente compañeros y ocasionales.
Si nuestra memoria puede escudriñar cosas y eventos y costumbres de hace 50 o 60 o 70 y hasta 80 años atrás y desgraciadamente con mente lúcida, entramos en un laberinto de donde es imposible salirse. Porque las verdades que encontrábamos eran nuestras verdades;  y ya no existen. ¡Pedestales? ¿Príncipes azules?
Pero el otro día me conmovió una mujer: una bella mujer que estimo mucho. Una profesional. Como era su cumpleaños, le había regalado una rosa. Vi la sonrisa aflorar a sus labios; y el gesto, quizás instintivo de acercarla a su nariz, me conmovió. Después miró su reloj, recordó un compromiso y el segundo de magia desapareció.
Pero existió.





































5 comentarios:

Alfa Segovia de Stanley dijo...

Leí el comentario que mandó por mail: "Defensa del chat" y más bien me pareció que quiso hacer una comparación entre el chat actual y prácticas eróticas en época de guerra,-que usted vivió- cuando las jóvenes mandaban mechones de "cabellos"-llamémosle así para no herir susceptibilidades- a sus enamorados en el campo de batalla.
Cuando yo era adolescente, los varones en el liceo hacían circular unas revistas con fotos de penes o de parejas en diferentes situaciones de coito ( o similar) obviamente desnudas y mostrando abiertamente de qué se trataba lo que estaban haciendo.
Ciertamente, cada época tiene su estilo y su modalidad para la sexualidad más o menos encubierta.la abuela postiza que me enseñó el pintoresco dicho de "sano di culo sano di corpo chi no tromba sono morto", también me contaba que jamás su esposo la había visto desnuda, lo que hacían lo hacían a través de una especie de "camisón con agujero".....
Los tiempos actuales no parecen ser muy pudorosos- tampoco parecen haberlo sido, por lo que usted cuenta los que usted vivió en su juventud-. Yo pregunto: ¿Y qué? ¡El ser humano se las ingenió siempre para hacer travesuras! ¡Y...Digamos la verdad.... sin distinción de sexo!

Anónimo dijo...

En primer lugar te felicito por tu coraje al pasar tus experiencias vitales del e-mail al público blog.
No dejo de recordar que las bofetadas más sonoras recibidas cuando era niño fueron por repetir en público lo que había oido en privado. Y eso fue hace mucho tiempo! ahora pienso que me hubiera gustado que me las dieran por internet.
Saludos, bravo amigo.

Anónimo dijo...

Se me olvidó firmarlo, soy Angel, anónimo ma non troppo.

Aldo Macor dijo...

C A R M E N P A L M I E R I Sarg.-

Carmen P. Me escribio:

Re: Defiendo al chat


Buenas noches, Aldo! Estuve de viaje y recién vuelvo, ahora es que he leído tu texto del chat y me gustó muchísimo. Cuánta razón!


Pero me gustaron también tus "confesiones", valientes y sentidas. Cada vez más me gusta la madurez de la vida.


Gracias por compartir tus pensamientos y sentimientos. Lo agradezco de verdad.


Beso.

Lissette González dijo...

Me pregunto, Aldo, qué tanto ha cambiado eso que crees que ya no son verdades en estos tiempos. Ningún sociólogo podría negar que efectivamente existen instintos, impulsos biológicos que mueven en alguna medida la conducta humana. También es verdad que los tiempos que vivimos por muchas razones han permitido que cada quien sea libre de elegir la identidad que le parezca: no sólo el hijo del zapatero ya no está obligado a hacer zapatos, ya ni siquiera estamos obligados a ser del género con el que hemos nacido.
En el caso de la mujer, no sólo se libró de su papel exclusivamente reproductivo por la píldora, también por los antibióticos y las vacunas: ya los niños no mueren como moscas, así que no hace falta que cada una tenga 8 para mantener la población! Menudo cambio. Ahora cada una puede elegir qué hacer con su sexualidad, pero la mayoría no ha dejado por eso de buscar a su príncipe azul. Eso sí, el príncipe tiene que fajarse, porque si no, la búsqueda continúa.