30 jun. 2010

El viejo octogenario

Un cierto abogadillo Marcus Tullius Cicero (Marco Tulio Cicerón) en un “libérculo” que llamó DE SENECTUTE ("Sobre la vejez") escribió de las ventajas de ser viejo. Y se refería a sí mismo, rondando ya los sesenta. Entre los florilegios de ventajas, la que me impresionó, como lector veinteañero, fue la afirmación, más o menos: "Ah, qué bello ser viejo… así no tienes más el deseo sexual que te hace perder tanto tiempo y puedes dedicarte completamente a tus estudios. Y no te distraerán ni  muchachos ni muchachas…”

He llegado yo a los 84 y pasados.  

Y efectivamente:

1) En cualquier jardincito o playa de ese lindísimo país con hueco en el cielo, puedo quedarme a tomar todo el sol del mundo para cuidar mi bronceado, ya que el cáncer de la piel se desarrollará, eventualmente, después de muerto.

2) Lo  mismo dígase del SIDA. ¿En cuánto tiempo se manifiesta? Así que las más que diarias experiencias sexuales del ultraoctagenario no están afligidas por preocupaciones de contagio.

3) Cualquier error que cometa , tendrás la compasión de los demás: "Es un pobre viejito. ¿Que le vas a hacer?"

4) Si  matas a alguien, lo máximo que pueden hacerte es ponerte bajo arresto domiciliario. ¿Y no lo estás ya? O en tu casa (de la cual se apropiaron tus hijos) o de un Geriátrico, donde esos mismos hijos te pusieron en espera de tiempos mejores?

1 comentario:

A-nah! dijo...

Muy bueno el blog Aldo, me encantan los dibujos... este post me recuerda lo que dice mi madre (de cincuenta y pico) que a su edad para lo único que todavía es joven es para morirse...

Llegué acá gracias a Leila, compatriota y ahora vecina (yo vivo en BsAs) :)

Un abrazo y espero seguir leyéndote,

A+